Poemas de Ángel Petisme

El Rincon del Poeta: Angel Petisme
Ángel Petisme (Calatayud, Zaragoza,1961) Poeta, cantante y compositor. Licenciado en Filología Italiana por la Universidad Complutense de Madrid. Autor de poemarios como Cosmética y terror, El océano de las escrituras, Amor y cartografía, Constelaciones al abrir la nevera, Buenos días colesterol, Insomnio de Ramalah, Demolición del Arco Iris, Cinta transportadora, Poemails. Nuestra venganza es ser felices, La noche 351, El lujo de la tristeza o de dietarios como El cielo de Bagdad. Su obra poética se reúne en Teoría del color (2006) y El Sur del Tiempo (2016). Incluido en antologías de poesía española, entre ellas Postnovísimos. Ha sido traducido a idiomas como el inglés, árabe, italiano, francés, rumano, alemán y ruso. De su discografía destacan La habitación salvaje, Turistas en el Paraíso, Cierzo, Buñuel del desierto, Metaphora, Amor entre las cuerdas, Éxitos secretos, Río Ebrio o El ministerio de la felicidad. Ha realizado recitales y conciertos en ciudades de Europa, África, Oriente, Estados Unidos y Latinoamérica. Canciones. Del corazón a los labios (Hiperión) reúne toda su poesía cantada. Acaba de editarse El dinero es un perro que no pide caricias (Premio Miguel Labordeta).

EL NIÑO DE LA MALETA

Anochece en Fuerteventura,

isla de los destierros, miro hacia el horizonte

y a todas las lunas lanzo la pregunta:

¿Cuándo vendrá el gorrión a mis brazos,

mi pájaro sin bandada de Costa de Marfil?

¿En la próxima estación de las flores?

Tu padre cada día rellena formularios,

pide para ti permiso de residencia.

La distancia, amor mío, es otra enfermedad,

un búho ciego, un dolor incurable

del sol, un frío de vivir.

Cuelga de un hilo entre cuatro paredes

la esperanza que alimenta los sueños.

Enciendo una vela y miro al firmamento.

Bajo el cinturón de Andrómeda

y su gran nebulosa le pregunto

a las Siete Cabrillas de las Pléyades:

¿Quién me devolverá al ángel del escáner,

mi niño sin papeles?

¿Quizás venga en sus sombras rojizas

la noche del eclipse de luna?

En la Fiesta de las Máscaras

cuando de todas partes llegan las bailarinas

invoco su nombre, Adou, a los espíritus del bosque.

Preparo aloko para mi platanito

en aceite de palma, sin cebolla ni especias,

como le gusta a él.

Y attiéké, la yuca gratinada, como le gusta a él.

Cuando los niños lloran la muerte se adormece.

Ay, mi vodún ¿Tendrá una grieta para respirar,

le habrán dado agua para este viaje los traficantes?

***

Adou Outtara, de 8 años, llegó escondido en el interior de una maleta a Ceuta, donde lo recogería poco después su padre para reunirse la familia en Fuerteventura. Pero la Guardia Civil lo descubrió y el sueño se truncó.

Página de Sucesos. 12.05.2015


EN EL SAHEL

Si usas la vida, tu vida, para amar
y alimentar el corazón de otros,

tú, y sólo tú, escoges la madera,

la manera de arder y alimentar el fuego.

La vida te mide fuera de cobertura,

según a quién amas y según a quién dañas.

La vida se mide por la felicidad

de cuando éramos dos,

por la música, por los diminutivos,

por las camisas blancas tendidas

bajo el sol de la muralla verde

o la tristeza que no proporcionas.

Por lo que susurras y por lo que bailas

bajo la luna del Sahel,

en los secretos

del placer y su espera.

Se mide por las palabras,

por lo lejos que transportas su humo,
por los compromisos y las confianzas.

La vida te mide

por lo que cumples y lo que traicionas.

Oh, amor, abre los ventanales,

cada noche se cierra un hibiscus

y otro ocupa su lugar

en el corazón de las tinieblas.

Soy un fan de la vida.


MAÑANA ESTARÁN MUERTAS

Para Luis Eduardo Aute

Se llevaron a mi bebé. Kigali. Abril, 1994.

Me penetraron una, dos, tres veces.

Más tarde, no recuerdo, nos arrojaron

a otro cuarto sobre las uñas de la oscuridad

y violaron a todas las niñas.

Resonaban las voces de los locutores

de La Radio de las Mil Colinas.

Volvieron más ojos sobre mí, cinco, diez, doce.

-Cucaracha, no queda un lugar para ti,

el cielo y el gobierno te han abandonado.

Me humillaron con puños y pinzas,

mazas con clavos, botellas de cerveza,

¿que fuese madre les importaba?

El dolor, el dolor y morderse los labios.

Oía a las chicas gritar pero no las veía.

De nuevo me violaron. Me quería morir.

Pensé, Dios de la Selva, ¿quiénes son estos diablos?

Al día siguiente nos hicieron volver.

Me arrastraron como a un muerto

y estaba muerta como una piedra fría, en verdad.

Nadie hizo nada. Nadie nos protegió.

Como el entrenador alienta a sus jugadores

uno de ellos, director de asesinos, les decía a los otros:

 -¿No me preguntas siempre cómo sabe una Tutsi?

Mañana estarán muertas.

Al día siguiente una anciana arrugada

me contó que a las chicas las habían matado.

Me dijo cómo vivir. Huye, lucha por el amor.

No podía con mi bebé en los brazos.

Pero me fui y escondí en la ciénaga.

Ruanda, el genocidio más aterrador de África.

Oigo a los perros arriba, en la carretera,

comiéndose los cuerpos. Pasa un coche.

Sigo escondida en el pantano con mi hijo.

***

(del libro inédito El faro de Dakar que edita Renacimiento en mayo de 2017)

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