Poemas de Ángel Guinda Casales

El Rincon del Poeta: Ángel Guinda Casales
Nació en Zaragoza el 26 de agosto de 1948. A finales de los sesenta comenzó a dar recitales, e inició estudios de Medicina que pronto abandonó por la Enseñanza. Compaginó con la escritura su trabajo de profesor de Lengua y Literatura Española: primero en el Prepirineo aragonés y posteriormente en Zaragoza, hasta que desencantado a raíz del juicio contra La Guinda del Espermento se exilió a Madrid en 1987. Su etapa madrileña dio paso a una poesía existencialista, más preocupada por la soledad y el paso del tiempo. De esta época son las publicaciones Conocimiento del medio, La llegada del mal tiempo y Biografía de la muerte. Es coautor de la letra del Himno de Aragón junto a Ildefonso-Manuel Gil, Rosendo Tello y Manuel Vilas. Premio de las Letras Aragonesas.

Ángel Guinda. Dicen que nací en Zaragoza, pero hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo.

Escribo para no morir, sin embargo me dejo la vida en lo que escribo. Aquí tenéis tres poemas inéditos (hasta ahora, mayo de 2017).

 


LOS ABANDONADOS

Un árbol asoma la cabeza

por una ventana.

(Busca al gorrión que se coló en el piso.)

De pared a pared, de suelo a techo,

da tumbos el gorrión exasperadamente.

Un perro atado al aire mira a un gato.

(Desconfían los dos entre las tarascadas

de la velocidad, del ruido, del absurdo.)

El árbol, el gorrión, el perro, el gato

somos nosotros, abandonados,

perdidos en la tierra y tan lejos del cielo.

 


 

TRANQUILIDAD

No te abandones dejándote llevar.

¡Todos corren!

En cualquier situación, a todas horas.

Dentro y fuera de su cabeza.

¡Corren!

Tú vas tranquilo y a veces te detienes.

¡Ellos corren!

¿Qué buscarán perdiéndose?

No te importe quedar atrás.

¡Tanto correr para pararnos!

Tanto trepar para hacernos subterráneos.


EL VIEJO

El viejo pasea remiso.

Se detiene bajo el mustio sol.

La mirada perdida en lo más íntimo.

Parece un ciprés que habla con el mar.

Algo le reconcome.

Su pasado es un río caudaloso.

Su presente un nubarrón.

Su futuro una gota casi seca.

¡Nada espera de nada ni de nadie!

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