La democracia a dedo, Blesa aprieta el gatillo

La voz de la ciudadanía: Artículo de José Ignacio Martín, Presidente de la Asociación de Clientes Financieros

Blesa del año 2017, es una persona muy diferente del dirigente de Caja Madrid que vimos en los años 2009, 2008, 2007, 2006, 2005 o años anteriores.

Blesa era un dirigente retirado de la vida pública desde el año 2010. Pero su retirada fue en realidad un cese político provocado por la Presidenta de Madrid, y Presidenta del Partido Popular, Esperanza Aguirre.

El cese contó a su vez con el apoyo de una parte del PP (Mariano Rajoy), con una parte del PSOE (Gobierno de Zapatero), con una parte de Izquierda Unida, con una parte de Comisiones Obreras, y con una parte de UGT.

A su vez el cese fue combatido con fiereza por una parte del PP de Madrid (Ruíz Gallardón), PSOE de Madrid (Tomás Gómez), IU de Madrid, CCOO federación de Banca, una parte de UGT y el apoyo incondicional de CEOE (Díaz Ferrán), los empresarios de Madrid (Arturo Fernández), así como el Sindicato de Cuadros de Caja Madrid (sindicato de directores de agencia).

Pivotando la Entidad Fundadora que es la Casa Real, ¿al “lado de quién”?, de la mayoría de turno.

En 2007 y 2008 la crisis económica internacional, originada por la crisis de las subprime en Estados Unidos llevan a Caja Madrid, a una lenta pero “inexorable” agonía hacia una quiebra segura.

Entre 2008 y 2009, Blesa y Caja Madrid emprenden un viaje a ninguna parte, viaje en el que lo acompañaron una gran parte de la mayoría que se formó en ese largo ciclo que abarca su gestión desde 1996-2009 (13 años).

El llamado Pacto de Estabilidad, permitió que PP, PSOE, IU, CEOE, CCOO, UGT, y el Sindicato de Cuadros, más las simpatías de la Casa Real, permitieron 13 años de Gobierno Corporativo y Autorregulación de la Entidad, donde todos tenían “algo” que decir, “algo” que ganar, y “algo” por lo que pactar.

Fueron los clientes como siempre, los ausentes de éste modelo, sencillamente  nadie les reconocía poder de organización, ni capacidad representativa. Visto en perspectiva, podemos asegurar que los escandalosos acuerdos del Pacto de Estabilidad, que como hemos visto son una pequeña puntita del iceberg, con los emolumentos y reparto de tarjetas black, suponían una estabilidad para fines privados, han sido acuerdos institucionales, de reparto de poder, dinero y tráfico de influencias, perfectamente equiparables a los acuerdos del resto de Cajas de Ahorros.

El mismo método funcionó en las 17 Comunidades Autónomas y en las 45 Cajas de Ahorros, recordemos el modus operandi:

El Consejero de Economía de la Comunidad de turno proponía candidato a la Presidencia de la Caja, el Ayuntamiento de la capital de la Comunidad (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, Zaragoza, Alicante, La Coruña… etc), dispone la mayoría política del Consejo y nombra al Vicepresidente o Secretario del Consejo, y el resto ya simplemente es “rellenar” los huecos.

Primero se llama a la Entidad Fundadora, o en quien delegue (la Iglesia, la Casa Real, la Diputación Provincial, el Gobierno Autónomo etc), se “garantizan” determinadas financiaciones y después se adjudican cargos y pactos transversales entre partidos, sindicatos y empresarios, es un acuerdo tripartito.

Este modelo, que debe ser supervisado desde Madrid por los partidos nacionales y, por el Palacio de la Moncloa, distribuye cargos y “avales”, es decir son “acuerdos secretos”, entre dirigentes y autoridades institucionales. Este es un proceso dirigido desde 1987 en que empezó la “democratización a dedo” de las Cajas, hasta 2010 en que se puso fin a las elecciones “ficticias” en las Cajas de Ahorros ¿por qué ficticias?, porque los cargos en realidad estaban adjudicados de antemano.

Las elecciones en las Cajas eran una pantomima, estaban amañadas de antemano, éste método es idéntico al que los partidos políticos han utilizado para nombrar diputados, senadores, alcaldes, concejales, diputados autonómicos en las elecciones políticas, las listas a dedo confirmadas por mayorías en las comisiones de listas internas, adjudicaban a “determinadas mayorías” puestos, así es como ha llegado el suicidio de la democracia española, que se ha basado en éste modelo de representatividades corruptas.

El suicidio de Blesa es síntoma y símbolo, del suicido de una determinada forma de hacer política, eso que algunos llaman la vieja política, descanse en paz el Sr. Blesa, ¿descansarán también con él los secretos que conocía?, el tiempo nos lo dirá.

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