Los refugiados

Emigración

Estamos volviendo a los más dramáticos recuerdos de una Historia que a todo bien nacido sobrecogía. Millones de personas con su atillo al hombro, los hijos sobre sus espaldas, ropas raídas, hambre sin límites. Los más afortunados con una maleta de cartón atada con soga en la que únicamente cabían los recuerdos de aquellos tiempos pasados que, sin tópico alguno, siempre fueron mejores. Al calvario y oprobio de esos inmigrantes que mueren día a día sin que apenas nos conmovamos (sí, ya sabemos que los gobiernos son así, que su obligación únicamente radica en mantener a sus “nacionales” con un mínimo de decencia)  se unen ahora  “los refugiados”, cientos y cientos de miles de ciudadanos que huyen de la guerra recreando las imágenes de un éxodo sin fin. Y lo hacen nunca por gusto, sino impelidos por la sinrazón de las grandes potencias, de esas guerras que alimentan tanto para obtener pingües beneficios con la rapiña perpetrada sobre las materias primas como con los boyantes rendimientos de sus industrias militares. Aun teniendo solo un mínimos de decencia, debemos luchar para que las víctimas de esos políticos (y alguna culpa tenemos quienes les votamos y cerramos los ojos) puedan ser aceptados en las diferentes naciones. Ya solo nos falta que desaparezca el derecho de asilo y que los refugiados mueran sin que los buenos corazones derramen una sola lágrima. El estatuto del refugiado está en peligro y nosotros tan panchos, hasta que un día, acaso tengamos que hacer uso del mismo.

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