Tensiones en el Sanchismo aragonés

PSOE de Aragón

Hace ya muchos años desde que la viperina lengua de Alfonso Guerra al referirse a los problemas del PSOE aragonés  nos comparaba con Beirut – una suma de encuentros y crueles desencuentros por quítame allí un cargo o unos intereses, siempre las navajas y los kalasnikovs prestos- paces mediante, vuelven a andar  a la gresca estos aragoneses que se reputan émulos de Pablo Iglesias, el honrado tipógrafo. ¿Diferencias con el pasado? Pues simplemente que ahora van a aporrearse goyescamente quienes, con Susana Sumelzo como cabeza visible, fueron capaces de ilusionar, ganar y ofrecer un proyecto socialista para el futuro. En ocasiones anteriores se dirimían corruscos, canonjías, oposiciones amañadas, quítate tú para ponerme yo… Pero ¿hoy?

Pues simplemente, lo mismo de otra manera.  Una militancia cansada de doblar la cabeza, decir amén y no comulgar con ruedas de molino optó por otras formas, nuevas maneras de gobernar lo común y muchas ganas de que la voz común, los gritos de la militancia, fuera importante para generar ilusiones de futuro y cambio.  Pero Aragón es Beirut, con una provincia esquiva, Miguelito Gracia, y otra ajena, el Teruel de los cuatro apaños, y Zaragoza la hija del viento dividida entre el agro y el ladrillo. Cojonuda situación que los poderes fácticos nunca dejarán de auspiciar. ¿Zaragoza contra Aragón o Aragón contra Zaragoza? Los números cantan y también los intereses. En estos juegos socialistas siempre aparece la larga mano que impide mirar hacia el futuro y el progreso: la provincia zaragozana contra la capital, Teruel a lo suyo y Huesca a sacar provecho.

Muchos socialistas, la militancia de raza y sueños igualitarios, votó el proyecto de cambio liderado por Pedro Sánchez, con Susana Sumelzo como portaestandarte, una ejeana llegada a la política de la mano de Javier Lambán. Otra zaragozana,  Carmen Dueso, contribuyó en parte a despertar esas ilusiones. Estas dos mujeres, que tenían la obligación de abrir las ventanas del socialismo aragonés hacia los nuevos tiempos, han tirado por escapatorias harto divergentes, auspiciando la irrupción de un caballo de Troya con acento fato, feliz del conque lo mío vaya bien y Zaragoza se estozole, todo en orden. De paso, Javier Lambán también frotándose las manos. Carmen Dueso es un instrumento de Miguel Gracia, y cuenta con amistades que difícilmente se entiende que puedan pasar los arcos de seguridad de Ferraz (piensen en José Antonio Cid, o en Manuel Rollo, el turolense). Pero también la marca blanca de Lambán, como en su día dijimos en estas páginas.

El PSOE aragonés sigue estancado en esas viejas maneras que nada positivo le auguran. Y es una pena que la voluntad de cambio expresada en su día ahora parezca mera utopía. Susana Sumelzo tiene parte importante de culpa. Carmen Dueso también. En ningún caso esos militantes y simpatizantes del sanchismo que, de nuevo, se aprestan a recoger firmas (ya lo están haciendo)  para enviar a la sede madrileña del PSOE un contundente mensaje: no es esto, no es esto. Porque fueron sanchistas porque deseaban el cambio real, no lo que representan los Gracia, los Lambanes, los Pérez, los Cides y tantos y tantos ciudadanos que de la política únicamenese saben decir ¿cómo va lo mio?

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