Todos somos el pueblo catalán. Por Javier Jiménez Olmos

Firmas de opinión

Javier Jimenez Olmos
Javier Jimenez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED. Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

La voz del pueblo de Cataluña, ¿qué voz? ¿quién se puede atribuir la voz del pueblo de Cataluña? Parece que esa voz se la auto atribuyen las fuerzas independentistas, que enardecidas por las movilizaciones populares y la respuesta del Estado español se autoproclaman únicos representantes de la voluntad de los catalanes.

A la hora de una posible negociación (todavía nadie sabe sobre qué y con quién) habrá que tener en cuenta los errores cometidos por todos y, por supuesto, las vulneraciones de la legalidad vigente. Si no se parte ese reconocimiento no se podrá hablar de nada.

Los acontecimientos de violencia que se produjeron como consecuencia de la convocatoria y ejecución de un referéndum ilegal, han marcado el debate y han inclinado la tesis de la desproporción de la fuerza de las instituciones estatales a favor de los independentistas. Estos grupos también se han apropiado de las palabras democracia, libertad y derecho a decidir. Y han traspasado todas las acepciones negativas como represión, violencia y vulneración de derechos humanos al Estado.

Para poder resolver un conflicto es necesario que las partes implicadas reconozcan las vulneraciones a la legalidad vigente, como primer paso para su resolución, para después rectificar esos comportamientos ilícitos. El reconocimiento de los errores, pasados y presentes, es fundamental  (principalmente para no volver a cometerlos) pero en resolución de conflictos, es de manual no comenzar demonizando a una parte y exculpando a la otra.

Conviene recordar que la historia de este conflicto no comienza con la foto de un policía con “la porra alzada”. Esa foto es la consecuencia de una escalada independentista perfectamente diseñada.

Han pasado del derecho a decidir a la defensa de la democracia contra la represión para buscar aliados y simpatizantes a su causa, que no es otra que la de la independencia. La izquierda también ha caído en la trampa, sin tener en cuenta que no hay nada más insolidario que  el nacionalismo excluyente.

Todo el mundo tiene derecho a decidir, incluidos los millares, tal vez millones de catalanes que no quieren decidir nada porque ya están felices con lo que tienen, y que se han visto involucrados en una problema que ellos no han creado. Y los millones de españoles, que temerosos vemos como unos pocos tratan de acabar con un sistema de convivencia en el que todos hemos participado, vivamos o no en Cataluña.

No se puede decir que España es un estado represivo, cuando es reconocido internacionalmente por ser un país donde se pueden disfrutar de las leyes sociales más avanzadas del mundo, un país comprometido con la defensa de los derechos humanos y las leyes internacionales. Una puntual actuación policial (muy discutible y que habrá que analizar sin prejuicios) un día determinado y bajo unas circunstancias muy especiales, no pueden anular una historia democrática, internacionalmente reconocida desde la aprobación de la Constitución de 1978

No se puede alegar que el Estado reprime porque se aplica la ley, se puede discutir la oportunidad de algunas actuaciones policiales, pero no por eso argumentar que el Estado tiene comportamientos autoritarios y represores. La policía en los Estados democráticos siempre actúa por mandamiento de las autoridades legítimas. En el caso de lo sucedido el día 1 de octubre en Barcelona, la policía del Estado actúo por mandamiento judicial, dada la dejación de funciones que habían hecho los responsables designados de la policía autonómica.

Cada uno es libre de analizar esta actuación desde el punto de vista que quiera, pero desde la óptica de la izquierda también se debería pensar en los trabajadores del orden público que no hicieron otra cosa que cumplir las órdenes emanadas de la legalidad vigente.

Las imágenes son siempre impactantes, pero atención que nos pueden desvirtuar toda la realidad. Los que han trabajado en conflictos internacionales y en su resolución saben que, sin restar importancia, las imágenes fotográficas o televisivas, pueden ser manipuladas o constituir solo una parte de la secuencia total.

Hay que comprobar provocaciones anteriores (de violencia verbal o física) contra las fuerzas de orden público, el constante hostigamiento, a veces humillante, por parte de algunos representantes del independentismo hacia las fuerzas de seguridad del Estado. También hay que analizar el lenguaje (¿se han apropiado los independentistas del uso de las palabras?) utilizado por los independentistas cuando una y otra vez repiten que las fuerzas de orden público estatales cargaron contra indefensos manifestantes. No consta tal carga en los colegios electorales, aunque sí  el uso de la fuerza (habrá que juzgar si proporcionada) para apartar a los que les impedían cumplir con el mandamiento que la autoridad judicial les había encomendado.

Sí que hubo cargas contra manifestantes que agredieron verbal y físicamente a los agentes de la autoridad o provocaron desordenes callejeros, como sucede en cualquier manifestación en España u otro país democrático de nuestro entorno (les invito a visionar actuaciones de policías franceses, alemanes o británicos, además de algunas de los propios Mossos de Escuadra). Por cierto, habría que criticar y denunciar también a aquellos padres que pusieron en riesgo la integridad de los menores o su utilización y manipulación irresponsable en defensa de una causa que había sido declarada ilegal.

Sí es represión, y esto se olvida constantemente, la que sufren miles de catalanes a diario, temerosos de manifestar en sus lugares de trabajo, en familia o con sus “amistades”, su repulsa a la deriva independentista.

Sí es represión amenazar a jueces y periodistas que no comparte la visión independentista, o descalificar a aquellos profesores que deciden no utilizar sus clases como plataforma para defender los intereses independentistas.

Sí es represión la imposición lingüística o el adoctrinamiento cultural.

Sí es represión obligar a los seguidores de un equipo de fútbol a decantarse sobre una determinada opción política.

Nadie puede coartar la libertad de expresión, axioma compartido por cualquier demócrata  y así se cumple generalmente en España. Durante el mismo día 1 de octubre se pudo comprobar que como pudieron hacerlo. Todos pudimos asistir a innumerables debates en los medios de comunicación, donde los representantes independentistas pudieron expresar sus ideas sin recato alguno (algunos de ellos incitando a la violencia contra las fuerzas de seguridad incluso). Hemos asistido a todo tipo de manifestaciones por parte de los dirigentes independentistas sin que nadie les haya puesto impedimento alguno, a pesar de que bastantes eran contrarias a la legalidad vigente.

El Estado que, no lo olvidemos, somos todos los españoles, ha sufrido un ataque sin precedentes (solo comparable con el 23F) con las aprobaciones de una parte del Parlamento catalán de unas leyes que hacen saltar por los aires la Constitución española, que es la ley fundamental que regula nuestra convivencia, para imponer unas normas de acuerdo con los intereses independentistas. ¿No ha sido una acto de magnanimidad democrática, y de libertad, de un Estado consentir esa sesión antidemocrática? (¿Sería imaginable esta anormalidad constitucional Francia, Alemania o Reino Unido?)

No es excusa tampoco para la defensa del independentismo el victimismo del que siempre hacen gala. La represión que dicen haber sufrido durante el franquismo la sufrieron todos los pueblos de España. En cuanto a la olvido e incomprensión, que se los cuenten a los de Teruel, Cuenca o Jaén, por poner algunos ejemplos. Pueden sentir lo que quieran, pero racionalmente no tienen derecho a quejarse más de lo que en otras partes de España lo pudieran hacer.

No son diferentes porque, entre otras razones, muchos de los que ahora son firmes defensores de la independencia forman parte o son herederos directos de los inmigrantes murcianos, aragoneses, extremeños o andaluces que dejaron sus tierras para buscar el pan donde lo había (por cierto favorecido por la dictadura franquista) Y fue la burguesía catalana la que se benefició (a veces explotó) a esos millares de trabajadores.

¿Es democrática una huelga política en la que solo perderán los trabajadores, producirán enfrentamientos dentro de las empresas y perjudicará a la economía de todos los españoles? ¿No es violencia impedir la asistencia a trabajar, a clase o cortar calles y carreteras?

Por estas razones y otras tantas no se puede entender la enconada defensa de la justificación del independentismo por parte de ciertos sectores de la izquierda. Esa parte de la izquierda que prefiere sacar rédito político de la situación, o que visceralmente se entrega a una causa por el sólo hecho de que el Gobierno es de signo contrario a su ideología. Sepan que es el Estado de Derecho, con millones de personas también de izquierdas, lo que está en juego.

Hay muchos motivos para criticar a al Gobierno desde la visión izquierdista, pues adelante, por ejemplo por la situación laboral, por los abusos de bancos, eléctricas, por la corrupción, por no acoger refugiados… construir hospitales y colegios públicos, residencias de ancianos acordes con su capacidad adquisitiva o revisar las pensiones para que esos ancianos puedan vivir con dignidad. Hay tantas razones para reprobar a este u otros gobiernos, pero no pierdan las energías, y seguramente seguidores, por apoyar o ser condescendientes con  causas tan insolidarias como las separatistas.

Es importante recordar que el nacionalismo catalán es eminentemente burgués y que históricamente lo ha usado para obtener más privilegios. Es necesario recordar que algunos de sus líderes han sido cómplices en la tremenda corrupción que asola a toda España. ¿Desde una posición de izquierda es compatible la defensa del nacionalismo con la búsqueda de la justicia social?

Esos líderes de la izquierda obsesionados con alcanzar el poder a corto plazo se olvidan de que la estrategia de la izquierda es la búsqueda de la igualdad a través de la solidaridad y la justa redistribución de la riqueza. ¿Es lo que buscan los independentistas? repito, ¿es el nacionalismo la solución a la explotación, la injusticia y la pobreza? Los independentistas también han conseguido que esa parte de la izquierda se olvide de los asuntos que preocupan a millones de personas en España y en el mundo.

Es imprescindible tener en cuenta todos los puntos de vista a la hora de resolver un conflicto y no dejarse llevar por las emociones momentáneas o por los mensajes propagandísticos. En el  desafío independentista España y Europa se juegan su futuro. Una locura irracional en la que todos perderemos si no predomina la racionalidad sensata y serena. Y en esa pérdida los que más perjudicados saldrán, como siempre sucede, serán las clases más desfavorecidas (otro asunto a reflexionar).

Es el momento del “Estado social y democrático de Derecho” (artículo 1 de la Constitución de 1978) Por encima de partidismos y sectarismos ideológicos. Es el tiempo de un diálogo para abordar el conflicto catalán pero teniendo en cuenta que

TODOS SOMOS EL PUEBLO CATALÁN

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*