La Bolsa de Barcelona y el SIBE

por Pilar Córdoba

Mucho se ha dicho sobre la decisión de las dos grandes entidades financieras catalanas de trasladar su domicilio social fuera de Cataluña. La interpretación mayoritaria es que tal decisión responde al pánico que provoca la Declaración Unilateral de Independencia en sus clientes. Por otro lado, desde el Gobierno se ha utilizado el éxodo societario como propaganda de los males, que cual plagas bíblicas, caerán sobre el pueblo catalán.

Muy pocos profundizan sobre el por qué son empresas cotizadas en el mercado continuo las que han tomado esta medida y por qué las principales están agrupadas tanto en el índice IBEX 35 como en el catalán BCN Indexcat creado en 2007.

La existencia de cuatro Bolsas distintas (Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia) es una herencia del siglo XIX que hoy no tiene ninguna repercusión en el valor de capitalización de las cotizadas. La proximidad física entre empresas y dinero dejó de ser necesaria con la informatización de todos los procesos de contratación de títulos. El SIBE (Sistema de Interconexión Bursatil Español) centraliza todas las órdenes de compraventa de manera que cada acción sólo tiene un precio de cotización, el cual es independiente del parqué donde se haya iniciado la contratación bursátil. Las órdenes de entrada pueden hacerlo por cualquiera de las cuatro Bolsas, da igual, ya que todas irán a parar al mismo sitio, el SIBE. Igualmente, la informatización y la tecnología de redes ha hecho que una misma empresa cotice en diferentes Bolsas, nacionales y extranjeras, ampliando el abanico de potenciales accionistas inversores. Aunque estar en diferentes parqués te posibilita acceder a más inversores, esta premisa ha sido rebasada por la propia tecnología de la información y por un mercado globalizado donde ya no son las empresas las que buscan a los inversores, sino los inversores y los grandes fondos quienes buscan a las empresas. Los grandes fondos de inversión mueven y colocan su dinero a la velocidad del vértigo sin reparar en la geolocalización. El mercado bursátil autoregula con el arbitraje las posibles diferencias de precio que pudieran darse en una misma cotizada que opera en distintos mercados.

Ahora bien, la autoregulación bursátil puede tener un hándicap cuando dos Administraciones no se ponen de acuerdo y aparecen problemas administrativos que dificultan o impiden el traslado de valores de una Bolsa a otra. He aquí el problema. Si la DUI se produce y no hay un correcto entendimiento con el Gobierno español durante del periodo de transitoriedad, la Bolsa de Barcelona puede quedar fuera del SIBE, del LATIBEX (mercado bursátil para valores latinoamericanos) y de IBERCLEAR (Servicio Nacional de Compensación y Liquidación de Valores). El fondo de inversión que ha comprado acciones del Sabadell -es un ejemplo- en la Bolsa de Barcelona podría tener dificultades para recolocarlas al mismo precio en la Bolsa de Madrid u otra latinoamericana. Estaríamos ante una disrupción o anomalía en la evolución del valor liquidativo de la acciónes de la cotizada. No es de extrañar la adopción de medidas preventivas por parte de las empresas agrupadas en el IBEX 35 que cotizan en la Bolsa de Barcelona (Gas Natural, Abertis, CaixaBank, Sabadell, Cellnex…), las cuales, no olvidemos constituyen más del 11% de la capitalización de todo el selectivo del IBEX 35. La medida de trasladar su domicilio social fuera de Cataluña trata de asegurar temporalmente unos precios del valor del título homogéneos dentro del mercado continuo. Había que elegir entre la Bolsa de Barcelona y el resto de Bolsas del mercado continuo que a su vez dan acceso al mercado latinoamericano.

En esta estrategia de movimientos, la decisión de las entidades financieras era la única posible y la más acertada. Poco favor se hacen los partidarios del unionismo español al subestimar la inteligencia bursátil y financiera de los catalanes. Las empresas que hoy trasladan su domicilio social que no su domicilio fiscal, ni su matriz, lo han hecho por una contingencia política que les obliga a tomar medidas preventivas y por una estrategia de futuro que las va a convertir en intermediarias entre el BCE y el futuro Estado catalán, caso de que se constituya. El índice BCN Indexcat se creó hace apenas diez años, su trayectoria todavía es incipiente y ciertamente la salida de las cotizadas catalanas lo han dañado temporalmente en su dimensión internacional. El IBEX 35 seguirá siendo el valor de referencia para la inversión. Sin embargo, no tengo dudas sobre la capacidad de la Bolsa de Barcelona para integrarse en otros sistemas electrónicos de contratación como el paneuropeo EURONEXT que le permitirán nivelar los precios de las acciones, caso de que se la expulse injustificadamente del SIBE y tenga dificultad de acceso al LATIBEX.

Cuando la contingencia política haya pasado es probable el retorno de muchas de las cotizadas, aunque todo hace pensar que el retorno de las entidades financieras tardará un poco más por cuanto su cambio de domicilio social obedece también a una cuestión vital para el independentismo catalán: el acceso del nuevo Estado al crédito del BCE. No seré yo quien desvele los secretos, pero a veces se tiene la sensación de que la razón financiera e inversora está un par de peldaños por encima de la razón política, para lo bueno y para lo malo.

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