Una democracia muy débil en esta España nuestra

por Cándido Marquesán

Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

Todo lo que está ocurriendo en relación con la crisis de Cataluña lo vinculo con la existencia en España de una democracia muy débil. En el acto de presentación como candidato del PSOE para las elecciones generales, Pedro Sánchez pronunció un discurso de gran calado político sobre la auténtica esencia de la democracia. Dijo así:

“Si algo hay claro en el panorama político en el que nos encontramos, es que estamos obligados al diálogo. Ya no sólo como un imperativo moral, sino como una necesidad funcional. Esa es la realidad política de la España actual. Y el diálogo y el acuerdo exigen el reconocimiento de la dignidad moral del adversario, exigen el respeto al otro, exigen escuchar al otro. Exigen arriesgarse a un diálogo del que ninguno saldrá igual que cuando lo inició. Un diálogo, cuando es de verdad, exige asumir el riesgo de ser convencido. Son necesarias nuevas formas de valentía en nuestra sociedad, que requieren más inteligencia que la que es necesaria para declarar inelegible moralmente al contrario, que la inteligencia necesaria para destruir moralmente a nuestro adversario cuando no somos capaces de combatir sus ideas”. Tales palabras contrastan con el comportamiento político de nuestros dirigentes, que consideran el aceptar una propuesta del adversario, como una muestra de claudicación o debilidad. Cuando es por el contrario una muestra de altura moral y de buenas prácticas democráticas. No obstante, la cerrazón a cualquier concesión al diálogo con el adversario, no enemigo, no solo en la política sino también en nuestra vida cotidiana, tampoco es una novedad, ya que parece algo propio de la idiosincrasia española, tal como nos definió Manuel Azaña en La Velada de Benicarló: “El enemigo de un español es siempre otro español. Al español le gusta tener la libertad de decir y pensar lo que se le antoja, pero tolera difícilmente que otro español goce de la misma libertad, y piense y diga lo contrario de lo que él opinaba”.

Se dice con relativa frecuencia, aunque plenamente motivada, que tenemos los políticos que nos merecemos. Nuestros políticos salen de nuestra sociedad, no provienen de Marte. Insisto: ¿Somos demócratas los españoles? ¿Sabemos en qué consiste esencialmente la democracia? En mucho más que ir a votar cada cuatro años. Esta carencia implícita en las preguntas enunciadas, está en parte motivada por las secuelas de una larga dictadura, que ha dejado una huella indeleble en nuestro pensar y actuar políticamente. En un artículo Santiago Alba Rico titulado Retrocesos, repeticiones, restas, señala que él alguna vez para explicar las secuelas culturales del franquismo ha recurrido al historiador tunecino Ibn Khaldun, muerto en 1406, el cual en su Muqqadimah se pregunta: ¿Por qué Dios hizo vagar 40 años a los hebreos por el desierto? Khaldun contesta que fueron necesarios 40 años, toda una generación, para borrar el recuerdo de la esclavitud. En el caso de España fueron necesarios 40 años de Franco para olvidar el recuerdo de la libertad. España entró en la UE y se sumergió en el consumismo con muy poca memoria, y 40 años después de la muerte del dictador, no conserva ninguna raíz con el pasado, e ignora los crímenes del franquismo. Más un país sin memoria es un país  a merced del viento, en el que puede ocurrir cualquier cosa.

Esta reminiscencia del franquismo ha supuesto que muchos nos hayamos acostumbrado a resolver autoritariamente los problemas y conflictos, inevitables en la convivencia, por medio del ordeno y mando y el puñetazo encima en la mesa, en lugar del diálogo, el contraste de pareceres y el intercambio de opiniones. En cambio, vivir en democracia ha sido lo excepcional en nuestra historia. Y esto deja huella. Por ello, no hemos mamado sus valores y nos resulta muy difícil comportarnos de acuerdo con ellos. Valores que según Manuel Ramírez son: la verdad política absoluta no existe, fomento de la capacidad crítica de los ciudadanos, valoración de la existencia de una sociedad pluralista, comprensión de la democracia como valor e incluso como utopía, personalidad democrática caracterizada por la comprensión y el diálogo, fomento de las virtudes públicas en detrimento de las privadas, asimilación del valor positivo del conflicto, estimulación de la participación y de su utilidad; y conciencia de la responsabilidad y ejercicio del control.

La democracia no es un regalo del cielo, que viene sin más ni más. Hay que cultivarla y mimarla, para hacerla cada vez mejor. Hay que socializarla en la familia, la escuela, la sociedad, la política, los medios de comunicación… ¡Y luego desde una opción política se preconiza la eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía! ¡Vaya escuela de democracia en los debates de algunos tertulianos o en el funcionamiento interno de los partidos políticos!

Por todo lo expuesto, toda idea política puede ser defendida dentro de los cauces democráticos. Hasta el independentismo. Insisto dentro de los cauces democráticos. Durante mucho tiempo he visto que declararse independentista suponía ser insultado y criminalizado. Todavía más, estos días en algunos tertulianos he llegado a oír que los partidos independentistas deberían ser ilegalizados. Y lo dicen algunos que se autoproclaman demócratas. Inconcebible. Alguno en estos momentos por lo que he dicho es probable que piense que yo soy independentista. En absoluto. No obstante, aún lo repetiré más veces. Como tampoco admito, lo que han hecho los dirigentes de los partidos independentistas, sobre todo en las jornadas del 6 y de 7 septiembre en el Parlament, no solo no lo admito, es que lo condenó sin paliativos por no haber respetado la legalidad vigente, la de su propio Estatuto, del reglamento del Parlament , y, por supuesto, de la Constitución. Como tampoco admito la DUI. Un auténtico atropello al Estado de derecho. ¿Está claro? Los dirigentes de los partidos independentistas con esas actuaciones recientes, y especialmente con la DUI, le han hecho un grave daño al independentismo.

También defiendo que de la misma manera que para algunos españoles en España hay una sola nación, para otros existe el hecho plurinacional. Y defender esto último, no debe suponer su criminalización. Aquí está la raíz del problema de Cataluña. Desde PP, Cs y también desde el PSOE, por mucho que este hable de plurinacionalidad, la existencia de una sola nación es algo incuestionable, a modo de un dogma. Pero no hay que olvidar que en Cataluña, más de 2 millones de catalanes como mínimo consideran que Cataluña es una nación, y que por ello, aspiran a tener un Estado propio. Y no son criminales estos más de dos millones. ¿Tal cifra se reducirá con el artículo 155? Ustedes mismos se pueden responder.  Y la única manera de saber cuántos catalanes consideran que Cataluña es una nación, es a través de un referéndum pactado, que es lo que quieren 8 de cada 10 catalanes. Y también muchos españoles del resto del Estado. La Ley de Claridad de Canadá podría servir de ejemplo. Considero que en un periodo más menos largo habrá que hacerlo para desenredar este nudo. Si es necesaria hacer una reforma constitucional, se hace. Una Constitución no son los 10 mandamientos. Puede cambiarse según las circunstancias. Hoy son muy diferentes a las de hace 40 años. La gran mayoría de los españoles no la han votado. Las leyes están para dar salida a los problemas de la sociedad, no para ser un impedimento insoslayable.

Termino. Para algún despistado o malintencionado, que los hay en gran cantidad en esta España nuestra, no soy independentista, e insisto que cualquier idea es defendible, la independentista y la unionista, siempre que se respete la legalidad vigente. ¿Está claro? A pesar de todo, seguro que habrá algún despistado y mal intencionado que me lanzará ataques furibundos. Como seguro que será así, tal circunstancia me servirá para reafirmarme en la tesis expuesta al principio: que la democracia auténtica no ha calado en profundidad en determinados sectores de la sociedad española.

1 Comment

  1. Estamos vendidos de ahí se entiende las razones de la pasividad de Rajoy y como dijo Guerra “vamos a dejar una España que ni su madre la reconocerá” la imposición del sionismo es la triunfante.

    El mismo HERMANN TERTSCH (que ya es decir) lo denuncia en el ABC Estupefacción y sospecha, antes Roberto Centeno Roberto Centeno denuncia: ¡Españoles en pie! Rajoy prepara una traición sin límites nos puso en aviso del reparto entre PPSOE y C´s y hasta (otro decir) la web católica Católicos en Alerta se hace eco Etapa Final 2018: Constitución para el Estado Federal Cuatro Naciones: Cataluña, País Vasco, Galicia y resto? El resto.

    La guinda la pone el Ministro Iñigo Méndez de Vigo, al decir que el gobierno «vería con agrado» que Carlos Puigdemont, el cabecilla del golpe de Estado, se presentara otra vez a las elecciones.

    Una rápida convocatoria de elecciones si desmontar el aparato propagandístico secesionista ¿porque tanta prisa? No sería más razonable al menos hasta enero después de depurar todo lo deporable

    Se prevé si esas alertas fueran ciertas; le transfieran entre otras competencias la recaudación de todos los impuestos y si no llegan pagaremos el resto de españoles que no formemos parte de estado propio.

    Solo una alegria si prospera y es que Ramiro Grau Morancho, prestigioso abogado de Zaragoza, ex fiscal y profesor de Derecho en universidades públicas y privadas, la redacción de la querella, que en breve será presentada ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, dada la condición de aforado del todavía presidente del Gobierno.

    Ha dicho que se ha recopilado abundante información sobre la pasividad, inactividad y dejación de funciones del presidente del Gobierno. Considera en este sentido que, como mínimo, Mariano Rajoy tendrá que ser llamado a declarar, en calidad de investigado, si cuando se admita a trámite la querella sigue siendo presidente del Gobierno de España.

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