El protagonismo de Florencio Jardiel en la construcción del ferrocarril del Canfranc y del Val de Zafán

por Cándido Marquesán

Día histórico en Canfranc. La reapertura de la línea internacional es irreversible. La Comisión Europea garantiza públicamente su apoyo. Todos aragoneses debemos sentirnos profundamente satisfechos. No viene mal recordar su inauguración y el protagonismo de Florencio Jardiel.

Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

Uno de los temas que siempre le interesó a Florencio Jardiel fue el desarrollo de la región aragonesa, tierra a la que demostró siempre su cariño. El tema del ferrocarril gozó de su predilección, sabedor de la importancia que tienen unas adecuadas infraestructuras de transportes para el desarrollo económico de una región. Estuvo al frente, como presidente, de la Comisión Gestora del Canfranc, trabajando de una manera incansable para intercomunicar España con Francia. En diversos artículos escritos en la prensa zaragozana aboga por la construcción, no sólo del ferrocarril del Canfranc, sino también por el de Val de Zafán a San Carlos de la Rapitá. Con estas líneas férreas se conseguiría acercar Zaragoza, siendo como un puerto interior, al Mediterráneo; en la línea pensada por Ramón Pignatelli, que soñó unir Zaragoza al mar Mediterráneo por medio de un canal navegable del Ebro, que arrancara desde el Cantábrico hasta el mar Mediterráneo.

Que Jardiel, desde inicios del siglo XX, cogió el relevo de los primeros que empezaron la lucha del ferrocarril del Canfranc, desde su cargo de presidente de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País de Zaragoza, parece claro y manifiesto, como trataré de mostrar a través de fuentes documentales. En mayo de 1908 siendo presidente de la Comisión del Canfranc, recibió de Segismundo Moret la siguiente carta:

“Mi querido amigo: Me apresuro a comunicar a V., una noticia que le ha de causar la más grata impresión; la de que probablemente el domingo día del Rey, o en uno de los inmediatos, se anunciará la subasta del túnel del Canfranc, con las obras accesorias.

Este complemento y triunfo de esfuerzos tan prolongados y seguidos se lo debemos agradecer al Sr. González Besada, a V. que tanto ha trabajado y con tanto entusiasmo y perseverancia ha seguido un camino tan escabroso, debo yo, con satisfacción, felicitarle cordialmente en cuanto ha llegado a mi la noticia de una manera oficial.

Si tal sucede, como ya casi puede asegurarse, no sería extraño que se aprovechará la visita del Rey a Zaragoza para que éste inaugurara solemnemente tan importantes obras.[1]

El 17 de mayo la Gaceta de Madrid publicaba el anuncio de la subasta.

El 18 de julio de 1928 se produjo la inauguración oficial del Canfranc, con la presencia de Alfonso XIII y el presidente de la República francesa. Este día tan deseado y añorado por Jardiel, no pudo asistir por estar enfermo y postrado en cama. Tenía en estos momentos 84 años. A pesar de su ausencia física, su espíritu estaba allí, y así lo recordaron la mayoría de las autoridades presentes.

El mismo día de la inauguración, 18 de julio de 1928, en toda la prensa zaragozana se habló de él, reconociéndole como uno de los principales artífices de esta conquista, tan querida y añorada por todos los aragoneses. En primera página de los periódicos: El Heraldo de Aragón y La Voz de Aragón, aparecieron sus artículos. El Heraldo de Aragón  señaló que le había pedido encarecidamente  que escribiera unas líneas alusivas al ferrocarril del Canfranc, pero enfermo en cama no pudo hacerlo personalmente y tuvo que dictarlas. Son realmente jugosas, como veremos a continuación. Lo primero que hace es un cariñoso recuerdo a todos aquellos ilustres ciudadanos que en el seno de Sociedad Económica, pensaron los primeros, la ejecución de esta obra. Continúa dando las gracias al Rey de España, al Presidente del Gobierno, y al Presidente de la República francesa por su apoyo al ferrocarril. Recuerda al ministro Sánchez Guerra que dio el primer golpe de pico en las obras del túnel internacional, hacía de ello unos 20 años; así como a los ingenieros Fuster y Lacasa, a los representantes en Cortes, y hasta el más humilde obrero; y a don Marceliano Isábal, el más antiguo de la Comisión Gestora del ferrocarril del Canfranc. Dicho lo cual, voy a transcribir textualmente el resto del discurso bellísimo y que hoy tiene gran actualidad, y que a cualquier aragonés, que se precie de serlo, le va a hacer reflexionar. Ahí va:

“Y ahora, señores, y cumplido este deber inexcusable, permitidme volver un punto mi vista a lo pasado y fijar mi mirada en lo porvenir. El pasado ha sido glorioso ¿quién lo duda? pero duro y difícil hasta llegar a la desesperación muchas veces; hemos luchado briosamente, ardorosamente, pero cada triunfo, pero cada paso en el avance nos ha costado, si no sangre de las venas, sangre y mucha sangre del corazón; viajes, discursos, memoriales, manifestaciones ardorosas ¡qué sé yo! Recogiendo en ocasiones esperanzas y en otras desilusiones y amarguras. Pero la tenacidad, cuando se apoya en el derecho, triunfa siempre, y la tenacidad del pueblo aragonés, a quien esta línea transpirenaica era debida, en justicia nos ha dado la victoria. Pero el Canfranc no puede terminar en Zaragoza. Toda línea ferroviaria (los técnicos lo saben , toda línea ferroviaria, como esta del Canfranc, que no goce de expansión natural, que no cuente con derivaciones que le sean propias, no rendirá nunca los frutos copiosísimos que de ello pueden esperarse. Y aquí está el porvenir. La expansión natural y directa, la derivación propia del Canfranc es la salida al Mediterráneo.

Señores: Tocar la mano desde aquí las costas del Levante; contemplar desde aquí las velas blancas del mar latino; hacer que nuestro “mare nostrum” sea nuestro efectivamente, como lo fue en lo antiguo; aspirar aquí el aire puro de la montaña que da la vida, para luego, a las pocas horas bañarse dulcemente en las aguas tranquilas, también vivificantes de aquel mar interior, teatro de nuestras legendarias empresas; crear en Zaragoza un centro comercial, quizás el más importante de la península, unido por un lado con el centro y con el norte de Europa, y por otro con las naciones mediterráneas y con los pueblos que se asientan en el Extremo Oriente; dar vida a regiones olvidadas y preteridas por su pobreza, que sólo esperan la explotación de su suelo virgen, celoso guardador de los más ricos tesoros; contemplar la trilogía del florecimiento aragonés, que, los altos riegos y embalse casi inverosímil de Reinosa, precursor de la canalización del Ebro, han de hacer de esta tierra emporio de riquezas, de prosperidad y de venturas. Señores: el ideal ¿no es éste? ¿No fue el que acarició, si bien por distintos caminos, aquel hombre inmortal que se llamó el canónigo Mora, D. Ramón Pignatelli? ¿Puede ser otro el término de nuestras aspiraciones? La futura prosperidad de Aragón, ¿No depende de la realización de este soberano ideal? Pues vengamos a él; y yo, que no he ver la realización de estas empresas, porque la tierra…. no, el cielo, porque el cielo me llama para sí, y me reclama con urgencia, yo conjuro respetuosamente al cielo por testigo, las montañas que nos rodean por bóveda donde mi voz perpetuamente repercuta y vosotros todos por fiadores de mis palabras, yo conjuro al Gobierno de S.M., y a todos los Gobiernos que le sucedan, que no nos falte para esta obra, grandemente patriótica, la protección del Estado, que no nos cueste tanto, tantas pruebas, tantas amarguras, tantos sinsabores llegar hasta las costas del Levante, como nos ha costado llegar hasta el Canfranc y que no pasen muchos años antes de que el Canfranc se abrace fuertemente en Zaragoza con los puertos de Valencia y los Alfaques”.

La primera reflexión que podemos sacar es comprobar  qué cantidades de esfuerzos hubo que realizar para llegar a esta inauguración; y qué poco se necesitó para cerrar esta línea transpirenaica.

Pero el reconocimiento no consistió exclusivamente, en que los dos periódicos de mayor tirada a nivel regional abriesen con un artículo suyo su portada. El presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, señor Lasierra, y el alcalde accidental de Zaragoza, señor Armisen, solicitaron al presidente del Consejo de Administración de la Compañía del Norte, allí presente, se pusiera el nombre del presidente de la Comisión Gestora del Canfranc, Florencio Jardiel, a una de las locomotoras de la línea del Canfranc. El presidente del Consejo dijo que, a pesar de no ser usual poner nombres a las locomotoras, ya que llevan un número de serie, visto el interés demostrado trataría de hacer la propuesta al Consejo.

Además,  a un telegrama de felicitación que Florencio Jardiel dirigió a S.M. el Rey Alfonso XIII, se le contestó con otro firmado por  el Presidente del Consejo de Ministros. D. Miguel Primo de Rivera.

“Lamento que su enfermedad me haya privado de tener el gusto de saludarle en un acto tan trascendental y desearé su pronta mejoría, rogándole haga presente a Comisión Gestora felicitación y reconocimiento de su Majestad. Le saludo: Presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera”.

Del mismo modo, el alcalde accidental de Zaragoza le visitó para darle las gracias por su trabajo extraordinario en el ferrocarril del Canfranc.

En 1921 escribió un jugoso artículo en la prensa zaragozana, sobre el ferrocarril de Val de Zafán y San Carlos de la Rápita. La 1º locomotora llegó a la ciudad de los calatravos el 20 de enero de 1895, y en estos momentos había que empujarla hasta San Carlos de la Rápita. Es realmente bonito y muy bien escrito, e insiste en las tesis anteriormente mencionadas. Es bastante largo y denso, no obstante extraeré algunos párrafos muy significativos, que demuestra el empuje y fuerza de Jardiel para tratar de conseguir sus objetivos.

¿Por qué me pondré a escribir de algo que no entiendo? Pero en el caso de que nadie lo hace, y como lo que voy a decir lo considero de supremo interés para Aragón, para Zaragoza y para mi amada tierra baja, me lanzo a ello humanamente, sin pretensiones de ningún género, deseoso de despertar alguna causa dormida, de las que muchas en este bendito suelo aragonés necesitan ser avivadas y traídas a palenque de la discusión y del estudio…

De todas las líneas longitudinales a que hace referencia el señor Lorenzo Pardo, la de Val de Zafán es la más corta, no ya desde Zaragoza, si no desde la frontera francesa, puesta en explotación la línea del Canfranc. Son 200 kilómetros muy escasos los que median entre Zaragoza y la costa levantina, los cuales pueden ser recorridos fácilmente en menos de 4 horas. ¿Se quiere más? Ninguna de las líneas longitudinales construidas o proyectadas puede, ni con mucho, compararse con ésta. Cuatro horas de Zaragoza a los Alfaques es el ideal, el ideal soñado, el ideal perseguido, pero no logrado. ¿Y quién no ve, que esta vía de comunicación es el natural complemento del Canfranc?

Demos otros 200 kilómetros, que no los hay, de Zaragoza a la frontera francesa en los Arañones, y resultará que un tren rápido podría trasladarse del túnel internacional al Mediterráneo en no más de siete horas.

Hablar, pues de un puerto para Zaragoza, y no pensar en esta solución parece, por lo menos, extraño; hablar de vía férreas internacionales, que crucen en breve tiempo la península y olvidarse de la de Zaragoza a San Carlos, mi ignorancia, mi pequeñez no aciertan a explicárselo. Doctores tiene la Iglesia, sin embargo, que aclararán este misterio…

¿Es Barcelona la que se opone, temerosa de que un nuevo puerto importantísimo en el mar interior aminorase el tráfico del suyo?…

Si hay obstáculos que salvar, se salvan, y si el actual proyecto necesita ser reformado, se reforma. Cierto que no son tiempos bonancibles para las compañías ferroviarias, en las cuales la crisis actual se deja sentir poderosamente; pero la empresa en sí no es obra de romanos y si el poder financiero llegará a ser un estorbo para nosotros, medios tendremos para eludirlo y si es preciso para arrollarlo.

¿Dónde están los que saben y los que pueden? Yo, ni sé, ni puedo más; sólo deseo que se me oiga.

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