Locales cerrados: La crisis del pequeño comercio zaragozano

por Cándido Marquesán

Locales cerrados: La crisis del pequeño comercio zaragozano
Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

En la calle García Sánchez he contado 33 locales cerrados

Acabo de pasar por la calle García Sánchez, que comunica la Avenida Valencia con Duquesa Villahermosa, y he contado 33 locales cerrados sin actividad, en algunos cuelga el anuncio “Se alquila” o “Se vende” en otros sin anuncio alguno, todo un síntoma, porque sus dueños ya han renunciado a ponerlos en servicio. En la misma línea, hace unos días El Periódico de Aragón  publicaba un reportaje firmado por Rubén Pérez con el título “La capital aragonesa tiene más de 1.800 locales vacíos”; el subtítulo era igualmente muy explícito “Más de la mitad no están en el mercado al carecer de carteles de “Se alquila” o “Se vende”. Delicias, San José, Las Fuentes y el centro son las zonas más afectadas con  975 negocios cerrados”. Realmente la crisis ha sido muy dura con el pequeño comercio, el comercio de proximidad que da vida a las calles  y a los barrios. Tendencia que no se detiene, muy al contrario, la autorización de Torre Village el Outlet de Pikolín con tiendas, bares y restaurantes será otro golpe más al pequeño comercio. Todavía recuerdo las palabras  de un gran empresario de Zaragoza, vinculado a este nuevo establecimiento, “algunos pequeños comerciantes se colocan detrás de su mostrador, esperando pasivos a que les entren los clientes, y como no les funciona se van a protestar a la Plaza España”. Haciendo un inciso en qué cabeza cabe autorizar una nueva gran superficie, cuando Zaragoza ya está saturada de ellas. Y algunas prácticamente cerradas como Plaza y Carrefour no tardará en estarlo.

Mas, lo que ocurre en nuestra querida Zaragoza es extrapolable a otras muchas ciudades del mundo occidental. Y lo explica perfectamente Josep Burgaya en su libro, que deberíamos leer.  La economía del absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo, del que expongo un pequeño extracto del capítulo 1º:

“El miércoles 24 de abril de 2013, la vida cotidiana de la ciudad de Savar (Bangladesh) se vio sacudida por un ruido muy violento que podía inducir a pensar en un terremoto o en una explosión. Pronto, los ajetreados ciudadanos de esta ciudad suburbial cercana a Daca, que a las nueve de la mañana vive su punto álgido de actividad, se dieron cuenta de que lo que había sucedido era el derrumbe de un edificio industrial en el centro de la ciudad. No era una sorpresa. El día anterior, la fábrica había sido temporalmente desalojada por la aparición de unas amplísimas grietas, pero, ese miércoles, buena parte de los trabajadores habían sido conminados a volver al trabajo porque los pedidos de las marcas de ropa no podían esperar, y, por si acaso, el propietario del edificio les había mostrado los informes de unos ingenieros que afirmaban que no había ningún peligro de derrumbe y que el edificio aún estaría en pie al cabo de cien años. Las cosas no fueron así. Los muy rudimentarios servicios de emergencia de la ciudad y los transeúntes comenzaron a sacar cuerpos de entre los escombros, muchos de ellos ya cadáveres; de aquella especie de colmena humana sólo había quedado en pie la planta baja. Hasta 8.000 trabajadores se amontonaban en los diversos talleres en los momentos más álgidos de los pedidos de las marcas. Afortunadamente, por la crisis económica, aquella primavera de 2013 era relativamente tranquila, y, por lo común, en el edificio había sólo unos 5.000 trabajadores. Por suerte, ese día sólo estaban allí unas 3.800 personas, gracias a que algunos propietarios de talleres habían tenido la buena idea de no abrir, porque intuían que el tamaño de las grietas abiertas el día anterior no hacía presagiar nada bueno. Los que habían entrado a trabajar lo habían hecho de manera renuente y sólo les convenció de ello la amenaza de perder la paga y las cuadrillas que, con bastones en ristre, les conminaron a entrar. ¡Es lo que tiene la globalización! Que se alcanzaran 1,130 víctimas es irrelevante para la economía actual. ¡Es lo que tiene la globalización!

De este auténtico desastre humano se han hecho determinados reportajes, que se pueden consultar en la Red. En un reciente debate sobre el Futuro del Estado de Bienestar de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza les proyecté  el siguiente Rana Plaza Collapse Documentary: The Deadly Cost of Fashion/Op-Docs / The New York Times. Es breve de unos 5 minutos, y merece la pena fijarse en la parte final, donde se citan las marcas para las que trabajaban todas estas víctimas, incluidos muchos niños. Cito algunas, supongo que serán conocidas: Auchan, Primark, Walmart, Inditex, Mango, Benetton, Carrefour, El Corte Inglés… ¿Alguna responsabilidad tendrán en lo ocurrido? Por cierto, los grandes medios de comunicación dieron muy poca relevancia a este desastre. Tendrán sus motivaciones inconfesables. Interesan mucho más otras cuestiones. Nos bombardean con lo espectacular, con los eventos violentos y chocantes dondequiera que ocurran por el mundo. Asaltos, terremotos, embarcaciones capturadas, insurrecciones, masacres. Lo morboso, lo escabroso, vinculado con el tema sexual, violaciones, asesinatos, tal como estamos comprobando ahora mismo…

Aquí está, en lo ocurrido en Rana Plaza, en gran parte la explicación de la crisis del pequeño comercio zaragozano. Estas grandes empresas deslocalizan su producción a otros países por los bajos salarios, y aquí en España  incrementan el desempleo, con la consiguiente reducción de los salarios. El desempleo viene muy bien para explotar a la clase obrera y destruir toda la legislación socio-laboral de los últimos 100 años. No es novedad, ya lo expresó en 1944 el economista Kalecki en el artículo Aspectos políticos del pleno empleo “En verdad, bajo un régimen de pleno empleo permanente, el despido dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría.”

Ante estos bajos costos de producción para estas grandes empresas en esos países orientales,  del norte de África o Turquía-recuerdo haber leído en un reportaje de hace un par de años que una camiseta al Corte Inglés le costaba 1 céntimo-  el pequeño comercio no puede competir. Venden en las grandes superficies pagando sueldos de miseria a gente mayoritariamente joven, contratada temporalmente en las grandes campañas comerciales de Navidad o del Black Friday. Nosotros con sueldos cada vez peores, y en un estado de precariedad no tenemos  otra opción que comprar estos productos baratos. Un ejemplo lo explica muy claro. Una pareja joven en estas condiciones laborales si quiere amueblar su vivienda no tiene otra opción que hacerlo en IKea. Por ello, muchos talleres y tiendas de mueble artesanal han desaparecido en Zaragoza. Luego las grandes empresas sus beneficios los llevan a los Paraísos Fiscales. De ahí el peligro para el sostenimiento de nuestro ya tocado Estado de Bienestar. ¿Quiénes lo vamos a sostener? Los grandes medios de comunicación al depender de la publicidad nos presentan a esos empresarios como todo un ejemplo de emprendeduría, el gran paradigma del neoliberalismo. Y si hacen alguna donación al sistema sanitario o educativo los aplaudimos todos hasta con las orejas. Si pagasen sus impuestos, como hacemos la gente normal, no serían necesarias estas donaciones “altruistas”, que son puro marketing.

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