Poemas de Elisa Berna

El Rincon del Poeta: Elisa Berna
Nací en Zaragoza en 1978 y de una manera u otra siempre he estado unida a la poesía. He participado en diferentes proyectos experimentales como Hermanas del Hambre, Los Guapos o Fantasía de la Alameda y he coordinado el certamen Poetry Slam Zaragoza durante varios años. En 2011 publiqué la plaquette El poema que te dije (Los Libros del Imperdible) y en 2016 el poemario Casi Mil Mujeres (Amordemisamores & Los Libros del Imperdible).

No he venido aquí para quedarme.
Aquí es tu cuerpo, casa de tus miedos
que abren su carne y preparan la mesa.

Parecen invitarnos a tragarte
dejando un bisturí sobre los platos:
“hacednos trizas,
mordedura
comednos muy lejos de este hombre”.

Aquí es tu miedo,
paladar desvencijado en ocasiones
que no nos resiste después en la boca.
Y nos vomita juntos por las noches
y nos repele
y nos ofrece el lado frío de la espalda.

Tu casa descorazonada que hace hambre,
pan de paso,
esterilla tendida sobre tu almuerzo.

Como una fruta roja de peligro alerta al visitante.

No van a quedarse.

Nadie ha llegado jamás para quedarse.

 

Este es un poema para el invierno, para sus trinos emigrados, para un sol de noviembre que canta el calor más dulce que conozco. Es un poema de rosa salvaje, escozor tan sincero que parece licor indómito volviendo de la niebla. Yo quería regalarte algo que no costase dinero, que haya nacido ahora y nadie se ande acostando aún con su sonrisa. Varias palabras para sanar la enfermedad de otros y que podamos con ellas decirnos como nuevos. Tú y yo, y que nadie entienda que nos llamamos o que hemos borrado de los cuerpos sus surcos inquilinos. No sé si es bastante, ni si está a la altura todavía de la luz caliente de tus ojos, pero es un poema de invierno, y hace rosas salvajes en la nieve, como un camino.

 

No piensan las piedras.

No son mis voces
las que aplastan reptiles con los dientes.
Nada se acerca desde el otro lado.

Es fácil respirar entonces, casi tan dulce
como dejar abajo a los náufragos de siempre.

El silencio mío coloca caminos en los mapas,
y es sencillo llegar a cualquier parte
como vivir debería ser sencillo.

El silencio mío viene de dentro
porque el mundo tiene que seguir hablando,
haciendo en el oído su hermosura.

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