Poemas de Adrián Flor

El Rincon del Poeta: Adrian Flor
Zaragoza, 1990. Licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Zaragoza). Ha publicado sus poemarios, Compañero de viaje, La herradura oxidada (colección Náufragos el Potemkin, 2015) y Autobusario, Comuniter, (colección Resurreción, 2016). Fue coordinador de la Revista Literaria Universitaria Eclipse, Facultad de Filosofía y Letras (Unizar), fundada por Ignacio Escuín. Obtuvo el accésit del premio de relatos San Isidoro de la Facultad de Filosofía y Letras y ha colaborado con sus textos y artículos en revistas de ensayos y creación literaria como Ágora, Eclipse, Narrativas, La Herradura Oxidada… A día de hoy coordina las jams y slams de poesía Altercado Poético, el ciclo Noches de Poemia y es colaborador de la asociación cultural de la Universidad de Zaragoza, Degoyarte .

-Antes de que nazca el monstruo-

Tan sólo los niños pueden ser considerados humanos

pues en ellos todavía se disputa la eterna batalla,

todavía conservan esa mirada de cachorro,

manso como la calma del agua en la jungla,

esperando ser interrumpida por una boca sedienta.

Todavía no han sido devorados por la bestia,

ni tienen la impronta de la guerra y el pecado,

no han conocido el hedor de la mugre,

ni han vivido escondidos bajo el lodo.

Todavía hay una oportunidad efímera para ellos,

un espejismo antes de que al monstruo le nazcan los colmillos

y las ansias de despedazar los besos que queden en los labios.


Hay palabras que pesan como una losa,

que no distinguen

entre la realidad y el deseo,

entre el sueño y la anestesia.

Suerte quien no soporta esa carga

y duerme con la cobertura más sincera

de no tener la boca y la cabeza

empapadas de mentiras.


-La importancia de ser flexible-

En un mundo tan curvo

Es necesario aprender

el arte de ser flexible;

de ser siempre inexacto

como intentar averiguar

la forma de las nubes.

Olvidar lo rígido

para no acabar quebrado

O aprender a residir

en la temperatura óptima,

evitar ser la barra rígida

que rompa la cabeza de los débiles,

evitar ser valla de alambre

que deje a descansando a un niño

comiendo polvo en el suelo.

En un mundo tan curvo

hay que evitar el laberinto,

caminar con la cabeza ladeada

para evitar la rectitud de las trayectorias,

siempre en un giro constante

de proporciones áureas

que deje ver todas las aristas

con las que contamos.

Siempre hacia adelante,

sin dudar

o dudando con los ojos cerrados,

sin mirar atrás

o posando nuestros ojos de soslayo

para no acabar siendo una estatua salina,

para no ser la compañía pétrea

en la guarida de la górgona,

ni acabar perdiendo a la amada

en la salida del infierno.

 

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