México lindo y querido. Por, José Luis Rodríguez García

Firmas de opinión

Jose Luis Rodriguez García
José Luis Rodriguez Garcia, Catedrático de Universidad

Creo desde hace años, y lo he escrito con frecuencia, que el siglo XX es el horizonte temporal más cruel, siniestro y oscuro de la historia de las sociedades. Ya inimaginable el horror que produjo y que a muchos de nosotros nos sigue provocando estupor, una ira ya en sordina y una riada de sorna en relación a la bondad de la naturaleza humana. Quizá sea la consecuencia de empeñarme en retornar una y otra vez a Cioran, qué se le va a hacer… Pero es que no puede dejar de sorprender que, en apenas un abrir y cerrar de ojos, se manifestara el enfangamiento de toda propuesta política –la democracia liberal culminando en el soez Hitler y la alternativa socialista desembocando en el gulag estaliniano-, la conversión del Otro en enemigo –emoción que estremecía al impresentable y cultísimo Schmitt, resucitado extrañamente por algunos conversos a la geopolítica- y, consecuentemente, la reflexión meditada sobre la conversión de la aniquilación planificada del disidente o del diferente –que se memorializa en el brutal drama de la Shoah tan ejemplarmente filmada por C. Lanzman-. Nada puede olvidarse: como una profunda cicatriz quirúrgica nos acompañará hasta la muerte y hurgaremos una y otra vez para intentar adivinar como pudo llegarse a semejante nivel de desvergüenza y odio. Quienes hemos vivido la segunda mitad del siglo XX nos llevaremos a la tumba el desvío de la estupefacta mirada del Angelus novus de Klee que tanto estimaba Benjamin y que se conserva gracias al buen servicio de Bataille.

No quiero retornar al asunto. Es peligroso el silencio pero siempre existirá la oportunidad de subrayar y recordar la marca del oprobio. Lo que me inquieta hoy es la sospecha de que estemos comenzando, nuestro siglo XXI –el vuestro…- una pugna por superar las atrocidades que he someramente descrito. Los indicios son en verdad preocupantes. Las muertes incontables de quienes ansían encontrar una mejor vida, náufragos en un Mediterráneo otrora signo de cultura e intercambios políticos, avisan de algo que estremece: nunca sabremos el número de muertos, devorados en la profundidad del mar, asesinados por las mafias del tráfico de seres humanos, aniquilados por el hambre y la sed en la inmensidad africana del desierto sahariano. No es la única advertencia preocupante: que un patán como Trump tenga en sus manos de narcisista y empedernido machista el control del armamento nuclear y que se dedique al deporte de la amenaza no es circunstancia que pueda serenarnos.

Pero quiero referirme y comentar ese tercer acontecimiento al que se refiere el título de estas líneas. México lindo y querido… No se trata de un problema regional, ceñido al espacio geopolítico de América del Norte: las brabuconerías trumpeanas están siendo asimiladas con urgencia con líderes europeos –así está sucediendo en Holanda y se está fortaleciendo en Francia- y, por otro lado, resulta cuando menos sorprendente que no se haya desatado en América Latina una oleada de apoyo a la agresión antimexicana, fenómeno que acaso pueda explicarse por la deriva derechista de gobiernos como el argentino o brasileño. Volveré sobre la cuestión.

México es el objeto preferido del odio del supuesto presidente de EEUU, México es el país de los bad men… Si quiero recordar a México es, en primer lugar, porque allí tuvo lugar la primera gran revuelta social y política contra un orden de explotación asentada en lo agrario y en la defensa a ultranza del ultraconservadorismo de los potentados. Antes de la revolución rusa… Como es sabido, en noviembre de 1910, Madero convocó a la población mexicana a una insurgencia inequívoca. La respuesta fue tan dolorosa como esperanzadora. Crisis… Una figura se incorporará al imaginario colectivo de los mexicanos: Emiliano Zapata, que pasará a formar parte de la conciencia reivindicativa de los campesinos y, poco a poco, de la sociedad mexicana. También a la nuestra, a la de quienes hemos  venido soñando en una liberación aunque fuera venida del otro lugar del mundo. No hemos olvidado la interpretación memorable de Brando en la película de E.Kazan… Y la importancia de lo que sucedía en México creará una incontenible marea de homenajes músico-populares… La figura engrandecida de Pancho Villa, que cantan Los Alegres de Terán, Los Errantes, evocando la conquista de mi añorada Zacatecas, el conjunto Matamoros celebrando la toma de Celaya… Asistimos a la constitución de un imaginario que no puede sombrearse porque los indios mexicanos susurran que Zapata no ha muerto -aunque imagino que se trata de un sueño porque no hay inmortales en nuestras historias-. Y esta vieja aventura se renovó a finales del siglo pasado cuando el subcomandante Marcos inició una ofensiva ejemplar en el sur, en la selvática y oscura Chiapas: la noticia trasmitida a todo el mundo el 1 de enero de 1994 sorprendió. Y estremeció más tarde su larga marcha encaminada a México D. F… Pues bien, esta semilla es la que han pretendido agostar los enemigos del Norte porque en el imaginario de EEUU también se ha sembrado la idea del sureño de su frontera como maleante, grosero y malintencionado.

Esto viene a cuenta –dejando a un lado la iniciativa del subcomandante Marcos- porque fue el inicio de la aventura que ahora recreo con rapidez el que validó la aceptación por parte del presidente Lázaro Cárdenas en 1938 de los desgraciados exiliados españoles: Nicol, Roces, Aux, Ayala, Cernuda, León Felipe y un largísimo etcétera de nuestra intelectualidad encontró caluroso cobijo en México. Y personas cuyo pecado capital consistía en ser republicanos y demócratas. Más de 20.000 personas fueron aceptadas por el gobierno del partido que ya entonces comenzó a denominarse PRI –con ese oxímoron que hace temblar y que une Revolucionario e Institucional-. Pero la relación entre nuestros antepasados y la nación mexicana había comenzado décadas antes: cientos de emigrantes habían viajado a México en la búsqueda de un El Dorado que cercenaba la estulticia de nuestras clases dominantes: una muestra de documentos fotográficos y personales puede visitarse en el museo indiano de Columbres en nuestra maravillosa Asturias.

Así, México es una muestra ejemplar de la solidaridad con el extranjero y, para nosotros, un horizonte en el que podríamos mirarnos y al que debiéramos añorar. Ay, México lindo y bonito…

No debiera creerse que pretendo una iluminación posible y absoluta sobre México. Hablo de los pobres mexicanos, de las personas lanzadas a la desesperación y el intento tantas veces trágico de atravesar el Río Grande, de esas sombras sin nombre que la administración Trump pretende arrojar al infierno. Entiendo que la ciudadanía mexicana tienes otros problemas internos que resolver –y por eso he citado al subcomandante Marcos-. ¿Hace falta que recuerde algunos? Acaso brevemente…

Está, en primer lugar, el caso PRI: un partido que ha gobernado a sus anchas desde 1946 hasta 1989 –y con otras denominaciones desde 1929, y reapareciendo en las últimas décadas-, y que ha entendido la riqueza mexicana como el fruto de su idea de la nación como un cortijo. Estaba en México durante unas elecciones de la gobernación del estado de Zacatecas a comienzos de la década de los 90 y pude vivir lo que son unas elecciones que me parecieron ordenadas –en el peor sentido- por el PRI: era un espectáculo circense, gritos populistas, promesas que estaban lanzadas desde la más absoluta imposibilidad de cumplimiento… Alegría fervorosa, sí, y en las calles y plazas –recuerdo algunos grupos de indios en los aledaños del magnífico teatro Calderón- grupos de personas encogidas con sus cigarros y mirada cansada… ¿Alguna otra noticia? Cómo no… Una sociedad que todavía no ha sabido librarse de un machismo feminicida, agresivo y bien celebrado por unos y otros, no por todos, pero sí que por una gran parte de la población… Ya quiero finalizar este escrito. No puedo obviar el hecho de la corrupción que ha permeabilizado policía, instituciones judiciales y universitarias… Es un cáncer que, sin embargo, no puede ocultar la otra cara de México, el rostro alegre y solidario que no olvidan nuestros amigos –y así me permito calificarles. Finalizar: pero no es posible olvidar que el gobierno mexicano de Peña Nieto también ha construido su muro para impedir que atraviesen su territorio personas que buscan arribar a EEUU y que han de recorrer miles de kilómetros asediados por la policía corrupta, por los vampiros del tráfico de personas, por los narcotraficantes…

No es oro todo lo que reluce, ciertamente. Pero entiendo que nosotros muy especialmente –los españoles- debemos pagar una deuda con ese país que siempre ha demostrado su cariño hacia una nación que, también es cierto, cometió excesos durante las décadas de conquista. Es otra cuestión. El único objetivo de este artículo es llamar la atención sobre la necesidad imperiosa de manifestar nuestra indignación en relación a la política de Trump que afecta a México, claro está, pero igualmente a los ciudadanos de El Salvador, Ecuador y a todo el área geopolítica de Iberoamérica. Y sugiero que no todo culmine en manifestaciones y algarabía: es preciso que exijamos al Gobierno de España que emprenda acciones contundentes para obstaculizar la política anti-inmigratoria de Trump, que se haga desde sede parlamentaria, que se afiancen los lazos con los pueblos que tan sólo pretenden salir de la pobreza.

Y es que pienso que el único bad man es un personaje dysneylandio llamado Donal Trump.

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