Adagio sentimental

Firmas de opinión

Jose Luis Rodriguez García
José Luis Rodriguez Garcia, Catedrático de Universidad

Mañana de febrero. El cielo está de un azul que me impresiona. Cansancio. Se trata de una palabra, hastío. El hermoso cielo no es atribulado por nada. Es una maravilla que nos permite pensar que no es indecente vivir. Lo pienso desde la alta ventana de mi piso. Necesito tiempo para reconciliarme… Sé perfectamente que estoy haciendo literatura y que sólo permanece el cielo azul de febrero que vuelvo a mirar con agradecido estupor. Recuerdo ahora las palabras de Camus, feliz porque adoraba el sol y el mar mediterráneo: me hastían sus vacías invitaciones, las de Camus: Jeanson, una mente privilegiada, le advirtió que vivía en el aire, ciudad en la que resulta posible encogerse de hombros y, por otra parte, Sartre le invitaba residir en las islas Galápagos. No me agrada esa camusiana “mesura mediterránea” que es una manera de esquivar el capricho del destino que nos ha dejado acompañados en una ciudad insalubre.

Porque sé perfectamente que esta apacible entrega es momentánea. Desaparecerá muy pronto. Cuando lea un periódico, camine lentamente por la calle frecuentada por mendigos, cuando cruce una palabra con alguien que lleva barba de varios días y una mirada huérfana. Recordaré entonces, estoy seguro, esa breve reflexión de W. Benjamin a propósito de una pequeña tabla de Klee que adquirió emocionado y que antes de emprender su frustrado exilio se la dejó a Bataille para que éste la conservara hasta su regreso -puede contemplarse hoy en el Israel Museum de Jerusalén-. El cuadro representa un ángel en vuelo con el rostro desencajado, incapaz de dominar el huracán que le envuelve: “donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies”. Colgué una reproducción en mi despacho hace años, acaso para no olvidarme del mundo en que vivo. Benjamin era atroz, visionario, y murió alucinado y sin esperanza, aterrado por el desastre inconmensurable que había desembocado en la Shoah. Barbarie de aquellos años 40 que removía el vómito que había producido la matanza de la segunda década del siglo.

Y no hemos aprendido nada. El olor a pólvora infecta la atmósfera, la putrefacción de los cadáveres náufragos atosiga… El feminicidio ha entrado a formar parte de nuestra cotidianeidad, la Justicia ha enviado a la lavandería su máscara para jugar más cómodamente… El montón de basura amenaza con ahogarnos: me recuerda a alguna de esas composiciones de Pistoletto conformada por la acumulación de ropa vieja, de inservibles desechos… Pero lo sorprendente no es que perviva la avariciosa presencia de la barbarie que dejaba estupefacto al ángel de Klee porque, al fin y el cabo, la aventura de nuestras cercanas sociedades parece consistir en el macabro juego entre la aniquilación real y la falsedad de un arrepentimiento que es la hora más o menos larga que se tarda en fabricar una nueva conspiración. Lo verdaderamente tenebroso es que hemos terminado por aceptar la normalidad de la barbarie, sea ésta del tipo que sea y se produzca en un ámbito cualquiera.

Por esto mismo, me sorprende la reiteración con que se airean crímenes de toda índole, trampas siempre urdidas por las élites puesto que sabemos que es ya es inútil e inservible ese proceso de sobresaturación que parece fusionar el griterío contra las injusticias y la vana impresión de que aún está permitido el ejercicio de las libertades. Minutos de silencio, concentraciones, cartas al Director…: sabemos que todo tiene un recorrido minúsculo, banal… Pero hay que hacerlo, lo sé, me lo digo silenciosamente y queriendo convencerme mientras contemplo el inmutable cielo azul de ese febrero que será como todos los febreros de mi vida.

Espero no llegar nunca al descreimiento absoluto. Cioran se confesaba discípulo de Job: por mi parte, abomino de la paciencia que me parece un vicio insolente y destructor. Por esto mismo, me enorgullezco de soñar que aún soy un resistente. Y, sin embargo, como acabo de decir, me inquieta la sobresaturación en la acumulación de “ropas viejas” que amenaza con convertirlo todo en espectáculo, en algo incorporado a nuestra piel, a nuestro cuerpo con fecha de caducidad. No hay acto o palabra que detenga la barbarie.

Acaso podría sembrase algo que fermente y con rapidez porque la agonía de los huérfanos avanza. Entre 1790 y 1830 se intentó en Francia… Gilbert Romme, aquel diputado jacobino condenado a muerte con motivo del desastre del Prairial, propuso en la Convención la elaboración de un nuevo calendario que garantizara comenzar otra aventura que pudiera ser contemplada sin horror por el Ángel de la historia, y los insurrectos de 1830 gritaban entusiasmados mientras apuntaban con sus fusiles los relojes encaramados en la torre de las iglesias.

Sí, contra la barbarie que todo lo arrasa, que nos transforma en muñecos, en guiñapos engañosamente desobedientes con los poderes, la barbarie positiva… También nos lo aconsejaba Benjamin en un texto escasamente citado y que se titula Experiencia y pobreza. Dice así: ¿Barbarie? Así es de hecho. Lo decimos para introducir un concepto nuevo, positivo de barbarie. ¿Adonde le lleva al bárbaro la pobreza de la experiencia? Le lleva a comenzar desde el principio; a empezar de nuevo; a pasárselas con poco; a construir desde poquísimo y sin mirar a diestra ni a siniestra”. La barbarie puede ser positiva si hace tabula rasa de la acumulación de experiencias frustrantes y frustradas: los viejos métodos han devenido inútiles, las antiguas corporaciones de resistentes han terminado por ser fagocitadas por los poderes socio-políticos. ¿Qué oponer? No me ha visitado el duende de Aladino. Acaso algún día… Por mi parte, aferrado a esta tierra que amo, me limito a suscribir que debe potenciarse la discusión colectiva y no neutra para “comenzar desde el principio”. Quién sabe.

El cielo de febrero sigue azul. Inmaculadamente azul y me gustaría que no llegara la noche…

Únete a nuestro Telegram

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.