Ese señor de Murcia

Por Carolina Castro

Pedro Antonio Sánchez
Pedro Antonio Sánchez

A los jefes les ha gustado mi debut como becaria  y me dejan que de vez en cuando me “fije” en algún personaje pintoresco de esos que salen en los telediarios para hacerle un perfil. Yo el otro día en la reunión de Redacción propuse escribir algo sobre ese señor de Murcia, que tiene más cara que espalda. Ya saben uno gordito, con gafas, entradas capilares y maneras protocolarias de presidente de EEUU (pero no Trump). La verdad es que lo he estado observando en la pantalla y me gusta como pieza a describir. Me refiero, claro está, a Pedro Antonio Sánchez. ¡Una pasada de personaje con mando en plaza!

El otro día compareció ante la Justicia por cuatro delitos de prevaricación continuada, fraude, falsedad en documento oficial y malversación de caudales públicos. Bueno pues el tío salió de allí tan fresco (como está aforado al ser presidente de Murcia) y se chuleó de todos los medios montando una rueda de prensa en el exterior, en unos jardincillos al lado del juzgado en plan divo total, para hacer sus declaraciones. ¡Qué poderío!, ¡qué cara más dura! y ¡qué soltura tiene el caballero! Realmente tengo que decir que no se sabía si se iba a arrancar con un bolero, delante de un micrófono de pie colocado para la ocasión, o ha contarnos la retahíla de sandeces de oratoria hueca envuelta en una sonrisa de cínico total.

Tengo que reconocer que lo que más me llama la atención de Pedro Antonio es su lenguaje corporal. Es de manual del Opus Dei, o del PP mismamente. Lo primero de todo hay que fijarse en sus manos: cuando habla se toca las yemas de los dedos de sus manos en un roce sutil muy elegante, pero que en realidad significa que está mintiendo como un bellaco. Cuando camina comprueba el nudo de su corbata (ese hombre sin corbata es como si estuviera desnudo), y también acaricia los faldones de su americana. Sonríe siempre; seguro que los de protocolo le han dicho mil veces que no pierda la sonrisa. En esto del manual para políticos corruptos se puede perder la vergüenza pero nunca la sonrisa. Vamos, eso está en el primer renglón de cualquier manual que se precie. Y ahí sigue el señor de Murcia suspirando para que el desesperante silencio cómplice de Rajoy permanezca protegiéndole hasta que le eche a los leones si salen más grabaciones inculpatorias y escandalosas; o no, que estos gallegos son muy suyos, y cuanto más corruptos son sus cargos públicos más los apoya bajo la presunción de inocencia. ¡Cómo está el patio!

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