Las tribulaciones de Susana Díaz con el PSOE

Editorial

El acto de presentación de Susana Díaz como candidata a Secretaria General del PSOE, elecciones primarias mediante, eleva a tres el número de aspirantes a dirigir una formación política que, con sus luces y sus sombras, tan importante ha sido en los últimos ciento cuarenta años de la Historia de España. Tanto Pedro Sánchez como Pachi López ya llevaban un tiempo de andadura. Ahora llega la hora de la militancia, miles y miles de socialistas sumidos en un mar de dudas que deberían ayudar a resolverlas, más allá de nombres y demás marquetings, la presentación de programas cuyos contenidos fueran lo suficientemente explícitos como para saber qué devenir espera a la más que centenaria formación, cuáles son sus propuestas a la ciudadanía para los próximos comicios, en definitiva, qué modelo ofrecen para construir una sociedad avanzada y de progreso. Solamente en una mera aproximación, ya que tiempo habrá para profundizar en ello, sería muy importante comenzar a escuchar los posicionamientos de los candidatos sobre asuntos como ¿El socialismo es socialismo? ¿Qué socialismo? ¿Qué entienden por socialdemocracia? ¿Cómo se posicionan ante una Renta Básica Universal?, ¿Qué opinan sobre la gestión pública de los servicios públicos? ¿Qué proponen para acortar las desigualdades sociales?  ¿Cómo abordarían la gobernabilidad en función de unos resultados insuficientes para hacerlo? Y así sobre muchas ocasiones cuestiones que se irán desgranando en tiempo y forma.

Hasta ahora, lo único destacable parece ser el evidente enfrentamiento entre ”el aparato” y las bases socialistas. Arropada por  todos los que por razones obvias estaban obligados a acudir al acto de Madrid, autobuses y más autobuses fletados desde las diferentes Federaciones (lo que supone unos gastos que en nombre de la transparencia debería hacerse públicos, máxime cuando los otros dos candidatos si lo hacen),  nimbada por la vieja guardia como la genuina representante de las esencias socialistas, Susana Díaz contó con el calor de siete mil cargos públicos y personas que en una u otra medida sobreviven del entorno y que a toque de pito fueron instadas a acudir. Pedro Sánchez, en una ciudad media de Castellón, el mismo días, reunía a más de tres mil personas. Pero mediáticamente las primeras planas, no podía ser de otro modo, fueron ocupadas por Susana, una candidata que recabó la renovación del partido, sin ir más allá ni explicitar desde que ideas y proyectos lo haría.

No parece abstruso señalar que la idea de renovación es imprescindible. El PSOE necesita adecuarse a los tiempos cambiantes, a las exigencias de una sociedad que exige otro mundo posible. Y tampoco conviene olvidar que toda renovación también lo es de personas. Amortizados los viejos dinosaurios, aunque allí estaban presentes como fedatarios de unas viejas esencias para avalar el paso del testigo a la dirigente andaluza, también apoyaban con fuérzala práctica totalidad de secretarios generales de las diferentes federaciones ( entre ellos quienes ostentan presidencias en sus Autonomías). Javier Lambán en el caso de Aragón. Concedamos que aspire a renovarse, que mayores proezas ha realizado en su vida. Y que seguirá al frente del machito.  Pero para ello deberá soltar lastre. ¿Quiénes?, ¿Cuándo? ¿Cómo? Y en paralelo habrá que preguntarse si cuenta con los mimbres necesarios para tan inevitable renovación.

No corren buenos tiempos para el PSOE, y todo esfuerzo de clarificación, de presentación de ideas, proyectos y nuevos rostros resulta imprescindible tanto para abordar las nuevas exigencias ciudadanas, los discursos económicos, la problemática del paro como los retos de la globalización, la construcción de una Europa de los ciudadanos o la exigencia de  solidaridad en tantos y tantos dominios. Ello no se logra con circos, sino con una firme voluntad de aportar nuevas ideas, nuevos compromisos, nuevas gentes.

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