Estado de Bienestar, socialdemocracia y poder hegemónico (1). Por José Luis Alonso Gajón

Firmas de opinión

Opinion de_Jose Luis Alonso_N
Jose Luis Alonso Gajon, Ingeniero Agrónomo, Vicepresidente de ATTAC Aragón

“Madre, yo al oro me humillo, / él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado / anda continuo amarillo.
Qué pues doblón o sencillo / hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero / es don Dinero.”

D. Fco. de Quevedo

ConAcento va camino de convertirse en una gran sinfonía del pensamiento alternativo

Aunque cada interprete cambia con frecuencia de instrumento he observado en alguna de sus últimas intervenciones lo siguiente:

Enrique Bernard elige para interpretar a Tony Judt, el violín melancólico “hay algo peor que idealizar el pasado: olvidarlo.” Judt había escrito: “La socialdemocracia no representa un futuro ideal, ni siquiera representa el pasado ideal. Pero entre las opciones disponibles hoy, es mejor que cualquier otra que tengamos a mano”.

José Luis Rodríguez García elige el piano con sus contrapuntos: “tres comportamientos usuales (en la tradición de la izquierda) que han operado paralela o complementariamente. Por un lado, se ha procedido sistemáticamente a la idealización dogmática de la propuesta de cada una de las partes. Por otra parte, y fruto de esta idealización dogmática, se ha alentado la destrucción del enemigo concediendo al posible dialogante este carácter precisamente, el de enemigo. Y, en tercer lugar, la desactivación de cualquier ejercicio crítico”

Cándido Marquesan los contrabajos con su tesitura grave: “la socialdemocracia, sigue plenamente vigente, lo único que se necesita es que haya políticos con la suficiente altura moral y coraje político para volver a rescatarla del callejón de la historia, donde ha quedado arrumbada y olvidada”.

Raúl Burillo asume el papel de director de la orquesta: “Control de los mecanismos institucionales, apariencia de diversidad en lo ideológico, connivencia o al menos coincidencias con los poderes económicos tradicionales y una sociedad mantenida en tono bajo son, no solo lo problemas sino el principio de las soluciones que deben marcar un cambio político.”

Para incorporarme a esta sinfonía colectiva, sobre la izquierda y la social-democracia, voy a elegir los instrumentos de percusión, aquellos que mantienen el ritmo de fondo y con ello quiero referirme a la economía, la infraestructura básica de nuestra sociedad, de la que depende la superestructura socio-política (Marx dixit).

Fin de este scherzo (broma en italiano), cariñoso a mis compañeros de ConAcento. Pasemos al asunto que nos lleva.

¿Por qué la socialdemocracia que consiguió, en el mundo occidental, las llamadas “3 décadas de oro”, de 1945 a 1975, hoy no funciona? Y sin embargo casi todos los líderes de los partidos de izquierda lo siguen invocando como un mantra y/o lo unen a la defensa del estado de bienestar hasta el punto de considerarlos sinónimos.

He participado en bastantes discusiones de sobremesa, sobre estos temas, sin que fuera posible avanzar un paso hacia un cierto análisis común. Y, reflexionando sobre ello, he creído encontrar el motivo en la necesidad de aclarar los marcos de referencia del debate.

Por ejemplo, hay que:

  • explicitar cual es, a nuestro juicio el poder hegemónico (o la alianza hegemónica). En la mayoría de los casos las personas que participan dan por sentado que es el gobierno de cada país ese poder hegemónico
  • distinguir entre estado de bienestar y socialdemocracia ya que, el estado de bienestar también ha sido apoyado y gestionado por partidos de centro derecha liberales o democristianos. Incluso algunas de sus medidas concretas, me refiero a las de estado benefactor como la Ley del Seguro de Enfermedad alemana de von Bismarck, han sido establecidas por gobiernos conservadores;
  • definir de qué modelo de estado de bienestar estamos hablando:
    • el anglosajón con su énfasis en el empleo como derecho y como obligación social y moral (“la cultura del trabajo”);
    • el centroeuropeo, que pone el énfasis en la integración social y la solidaridad orgánica, aunque, en la práctica, los beneficios sociales varían en función del lugar que cada individuo ocupa en la estructura productiva; y, por último,
    • el modelo nórdico, ilustrado, en donde lo central no son las relaciones de producción (gestionados mediante negociación directa Patronal – Sindicatos como, por ejemplo, los Acuerdos de Saltsjöbaden suecos) sino la ciudadanía, formada por personas que son sujetos de derechos civiles, políticos y sociales, iguales y universales;

En los debates en que he participado nada de esto se ha aclarado y así hemos acabado: cada uno encasillado en su torre de marfil.

Un comentario banal: a veces, me da la impresión de que con la socialdemocracia pasa lo mismo que con el “mileurismo”. Ambos han pasado de conceptos negativos a positivos. Ser socialdemócrata en el PSOE de principios de los años 80 era un insulto, hoy se proclaman socialdemócratas muchos miembros de Izquierda Unida e incluso del propio PC. Como me contaban que decía, con humor, un catedrático de la politécnica de Madrid, miembro del Congreso por el PSOE en la legislatura de 1982/1986, “En los años 70 a mí, como socialdemócrata, se me situaba en el ala derecha del partido y a finales de los 80 en el ala extremista de izquierda. Y lo curioso es que yo no me he movido de forma de pensar”.

Dicho en román paladín: alguno que dice seguir siendo socialdemócrata mantiene posturas neoliberales y ¡hasta ha podido ser ministro o más en cualquier país próximo a nosotros!

Empecemos por el corazón del problema:

¿Quién tiene el poder hegemónico?: el Dinero

No lo digo yo, lo dicen ellos. Vean estas frases, muy citadas, de una de las familias más importantes de la oligarquía financiera: la dinastía Rothschild:

– “Dame el control sobre el dinero de una nación y no me importará quién redacte sus leyes” Mayer Amschel Rothschild

– “Poseemos cada banco central del mundo” Jacob Rothschild

– “Poseemos sus noticieros, su petróleo, los medios de comunicación y sus gobiernos” Jacob Rothschild

– “Financiamos a ambos bandos de cada guerra desde la época de Napoleón” Jacob Rothschild

– “Los pocos que entienden cómo funciona nuestro sistema o estarán interesados en recibir beneficios o dependerán tanto de nuestras acciones que no tendremos oposición” Mayer Amschel Rothschild

No nos engañemos disparando sobre el pianista: los gobiernos, y los partidos de gobierno, son piezas del engranaje sin autonomía. Si alguno ha intentado actuar autónomamente el cierre del crédito, las campañas de desinformación o, en caso necesario, una bala le han mostrado “lo impropio de su proceder”.

Por ello, si queremos planear una alternativa válida, hay que evitar la confrontación directa y basarse en una estrategia doble: de ocupación de la gran cantidad de espacios socioeconómicos desatendidos, o perjudicados, por la oligarquía financiera e incrementar las contradicciones y debilidades del sistema (que son muchas como veremos en un artículo posterior sobre la agonía del capitalismo). Como medidas concretas iniciales estarían, entre otras, crear una alianza de perjudicados (el 99% de la población y todos los empresarios no controlados directamente), basarse en la WEB para su difusión (los medios tradicionales están en sus manos), plantear e ir poniendo en práctica pequeñas soluciones a los problemas concretos de la población (convencer de que hay alternativas), etc.

Próximo artículo: “La socialdemocracia no tiene quien le escriba”

Únete a nuestro Telegram

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.