¿Quién se esconde detrás de la pantalla?

Artículo de Sergio Serrano de la Rosa

Sergio Serrano de la Rosa
Sergio Serrano de la Rosa, Estudiante de Periodismo

Internet ha supuesto una revolución social desde su expansión a principios del siglo XXI. La globalización que estamos viviendo en nuestros días es producto de la expansión de esta red informática que, actualmente, reúne cerca de 3.500 millones de internautas. Internet ha permitido el intercambio de información de manera instantánea entre personas de todo el mundo, lo cual está suponiendo grandes beneficios tanto económicos como culturales. Sin embargo, este medio que ha crecido descontroladamente posee una cara oculta.

La cibercriminalidad es un problema que aumenta cada año, y esto se debe al escaso control legislativo que regula este espacio. Según datos extraídos del “Informe sobre Cibercriminalidad de 2015”, en España se registraron 60.154 hechos delictivos en Internet. Más del 60 % pertenecen a la categoría de “fraudes informáticos”, y un 20% son “amenazas y coacciones”. En menor cantidad se registran “delitos sexuales”, un 2% del total de estos delitos. Es posible que al hablar de porcentajes parezca un asunto menor, sin embargo, los delitos sexuales registrados superan los 1.200. En paralelo, otro grave problema endémico de Internet es el acoso digital, cuyo hábitat natural son las redes sociales.

Este tipo de acoso en la red (tanto sexual como psicológico) suele afectar a adolescentes a partir de 13 años y las consecuencias que acarrea van desde depresiones, suicidios y abusos sexuales.  Por ello, considero que el acoso digital, sea cual sea su carácter, es el problema de mayor calibre en Internet, y debe ser solucionado.

La distancia física y, sobre todo, el anonimato en la red concede muchas veces a los acosadores las armas necesarias para atentar contra sus víctimas. A esto se suma el miedo que tienen los afectados por denunciar que están siendo acosados, dificultando aún más el problema. Pese a la protección que parece brindarnos Internet contra las personas con falsa identidad, no es difícil mantener un anonimato en la red. Así ocurrió recientemente con el llamado “juego de la ballena azul” en Rusia, aunque la palabra juego no hace honor a lo que esconde detrás. Desde hace dos años, más de 130 adolescentes en Rusia se han suicidado tras haber probado este siniestro juego que obliga a los participantes a pasar por varias pruebas de carácter violento hasta, finalmente, superar la última, el suicidio. Todavía no se ha descubierto la identidad de las personas que manipulan este macabro entramado, siendo este un ejemplo de la dificultad de revelar quien se esconde detrás del monitor.

El principal foco de todo este problema radica en la privacidad de las personas al navegar por Internet. Este medio ha creado una exorbitante sociedad virtual en la que todavía no se ha llegado a implantar una legislación eficaz. El caso más obvio es la piratería, práctica ilegal en España, pero que, debido a la falta de repercusiones penales, es ejercida por más del 87% de la población. Mientras que para salir a la calle es necesario llevar el D.N.I en la cartera, para adentrarte en Internet no hace falta identificación, lo cual es un aliciente para realizar actividades ilegales en la web.

Desde mi punto de vista puede que una solución para resolver el acoso en Internet sea eliminar el anonimato de las personas ejerciendo un control real, cierta identificación que revele quien está circulando por la red. Este es un asunto espinoso -y no exento de polémica- dado que nos hemos acostumbrado a campar a nuestras anchas en este medio, pero opino que es una solución eficaz, ya que es necesario detener todo tipo de acoso y abuso en Internet, aunque para ello tengamos que adaptarnos a un control digital más severo. Lo que es innegable es que la educación y la labor de las fuerzas de seguridad no son suficientes para combatir este asunto, ya que año tras año las cifras de jóvenes afectados aumentan.

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