Por qué les llamamos terroristas… Por José Luis Rodríguez García

Firmas de opinión

Jose Luis Rodriguez García
José Luis Rodriguez Garcia, Catedrático de Universidad

No deseo minusvalorar las acciones de los imbéciles que nos atacan. Son terribles, perros rabiosos que quieren plantear una nueva cartografía política del horizonte que vivimos –lo que no me desanima para escandalizarme de las brabuconadas de Putin o Tramp-. Pero, en fin, lo que todavía me sorprende es que hablemos de terrorismo cuando acaso debiéramos referirnos a otra cosa. Nada tengo contra la denominación de terroristas a quienes siembran el terror entre unos y otros –al fin y al cabo, toda acción bélica no pretende sino crear el descorazonamiento del supuesto enemigo: Guernica, Dresde, Hiroshima, París, Londres, Bruselas y un interminable etcétera-. Pero me gustaría abrir una reflexión sobre la situación que vivimos porque lo que debiera entenderse como terrorismo –el de ETA, el del IRA, el de la fracción sionista de Ben Gurion que dinamitó el hotel Rey David en julio de 1946- se planteaba en un horizonte que no nos resulta difícil caracterizar: territorialidad estricta –Euskadi, Irlanda, los territorios donados por la divinidad-, ataques contra el enemigo-invasor, objetivo cercano e innegociable… Acaso estemos comenzando a vivir una nueva coyuntura. Merkel o Valls ya  lo han advertido: nuestros temores no pueden congelarse. Los “nuevos terroristas” son implacables. Pero en una nueva situación. Por dónde comenzar… Voy intentarlo.

Y lo cierto es que no me resulta muy difícil encontrar una vía para invitar a la reflexión. Con frecuencia encuentro y leo entrevistas y declaraciones de escritores y escritoras que replican, preguntados por los asuntos que les inquietan, que son los temas de siempre. ¿Cuáles…? El amor y la muerte son los temas imprescindibles y permanentes, dicen, además, claro está, del enfrentamiento de géneros que aseguran alimenta la literatura y el arte desde Shakespeare y Cervantes hasta los rafaelistas ingleses, Flaubert y el arte postcomunero y la voluntad de relatar el proceso de adaptación al mundo real. Me resulta extraño que nadie o casi nadie se refiera a lo que entiendo como otro asunto clave, y que es el que nos va a dirigir al asunto sobre el que estoy pensando. ¿De qué se trata…? El amor, la muerte, la monotonía, el tedio de la vida que es siempre una repetición teatral, como tantas veces sugiriera Borges presumiendo de haber leído a Schopenhauer, pero lo cierto es que siempre ocultamos la obsesión fundamental, el tema que es la piedra clave de nuestra organización socio-cultural –o de la suya-. El  tema más ocultado y referido a un tiempo es la Guerra. ¿Cómo es posible que se haya marginado esta referencia? ¿Cómo es posible que la Guerra como cotidiano comportamiento se haya marginado cuando desde la gran piedra de Literatura –el Pentateuco…- la Guerra aparece como la cocina de intereses, de quiebras, de amores, de envidias…? Y de muerte, esto es, de Guerra…

Bien, lo sorprendente no es que la Guerra se haya presentado como solución a desastres económicos, sociales, culturales o familiares. Lo que puede llamarnos la atención es que su destructiva actividad haya provocado innumerables páginas que certifican o consideran la misma. Veinticinco siglos arrasando y veinticinco siglos pensando sobre la destrucción. Habría que remontarse hasta la China del siglo IV antes de nuestra era para encontrar la primera y gran reflexión sobre la Guerra: fue escrita por Sun Tzu y se trata de una realista consideración sobre lo que era la Guerra que él conocía. Manual para los generales y guerreros: el enigmático Sun Tzu, o Sun Bin, disecciona una forma de guerrear. La suya, la que estima y recomienda en su manual de operaciones… Su texto resulta impresionante y acaso por ello entusiasmó a Napoleón o a Mao. Creo que el texto del analista chino comenzó a divulgarse en Europa a finales del XVIII –en París, año de 1772-.

Sin embargo, las reflexiones de Sun Tzu resultan obsoletas. Su visión de la Guerra estaba destinada a la caducidad. Como lo serían las reflexiones guerreras de algunos de las eminentes figuras que abordaron la cuestión: recuerdo ahora mismo las reflexiones de Maquiavelo o del Hegel de la Fenomenología del Espíritu. Reproducción en sus casos dispares de las exigencias de la guerra en el horizonte de apenas doscientos años. Y cómo olvidar el perdurable De la guerra de Clausewitz donde se encuentran algunas de las sugerencias inolvidables de este arte de la guerra. La obra del historiador prusiano resulta ser un compendio de las motivaciones y estrategias de las guerras que él conociera en diversos frentes y que hoy podría ilustrar todavía la naturaleza de las guerras que nos martirizan. Escribía, por ejemplo, que “si queremos derrotar a nuestro adversario debemos regular nuestro esfuerzo de acuerdo con su poder de resistencia. Este poder se manifiesta como producto de dos factores inseparables: la magnitud de los medios a su disposición y la fuerza de su voluntad”. Y muchas páginas después aventuraba lo siguiente: “los principales poderes morales son los siguientes: la capacidad del jefe, las virtudes militares del ejército y su sentimiento nacional”. Naturalmente algo chirría en esta segunda cita que recojo… Es la referencia al sentimiento nacional como un poder moral para la guerra por cuanto parece más bien que estamos viviendo desde comienzos del XX a la progresiva internacionalización de los conflictos no limitados precisamente por cuestiones de nacionalismo –aunque puedan apuntarse excepciones.

Quiero apuntar con este breve apunte al hecho, que me parece innegable, de la variación sustancial por lo que se refiere a la naturaleza de la guerra y, en consecuencia, a la estrategia adecuada para alcanzar los fines explícitos o inconfesables. Hace casi cuarenta años abordó la cuestión A. Glucksmann en un libro difícilmente olvidable –de título rotundo: El discurso de la guerra-.

Pues bien, qué tipo de guerra es nuestra guerra… Partamos de la consideración de que nuestra realidad geopolítica tiene poco que ver con el mundo anterior al último tercio del siglo XX y que los intereses que se libran en los conflictos ya no avalan el maniqueísmo que alentó la reflexión al respecto de F. Fukuyama. Algo ha sucedido y nos ha sacudido: “los ataques del 11 de septiembre inauguraron una nueva era bélica”, escribían Hardt y Negri en la multicopiada Multitud. Y creo que tengo un poco de razón al afirmar que cuando analizamos los sucesos en los que es necesario lamentar la muerte de víctimas se suele tender hoy en día a la diferencia nada sutil entre guerra y terrorismo, entre los enfrentamientos que mantienen resabios de los modelos bélicos anteriores a nuestro siglo y la aparición sorpresiva de otro tipo de enfrentamientos. A este segundo grupo es al que nos referimos con el término terrorismo. Me asalta una duda: ¿es terrorismo similar el practicado por ETA durante décadas y el que actualmente nos irrita y atemoriza –el terrorismo islamista del ISIS? Creo que no por cuanto una mínima comparación mostraría las sustanciales diferencias de experiencias tales. Y mi duda se agranda: ¿no sería preferible comenzar a situarnos en la conciencia de que lo que ahora denominamos terrorismo no es sino la nueva modalidad bélica alentada por un criterio religioso fundamentalista –acaso auspiciado por la incomprensible intransigencia de Occidente y por su incalculable avaricia?

Quiero explicar brevemente el trasfondo de mi duda… Entiendo que nos hemos situado en una nueva concepción de la guerra. No me importa la identidad del sujeto activo que ha potenciado esta nueva belicidad. Pero no es difícil constatar que el escenario en el que nos movemos es radicalmente nuevo y no es complicado entender las razones de la novedad –si comparamos la situación con los apuntes de Clausewitz y, más cerca de nosotros, del incomprensiblemente reivindicado Schmitt-. Porque ahora mismo se ha borrado la territorialidad de la guerra, los límites de las acciones bélicas son absolutamente indeterminados, de modo y manera que todo es territorio comanche, geografía de posible ataque y acción. Obviamente, como señalaban Hardt y Negri, esto se interioriza en los pantanos sociales: la internalización de la acción guerrera exige modificaciones en la política interior de los Estados porque cualquier otro puede ser el enemigo –ya no uniformado, ya no adscrito, sino deambulante y comprador de identidades-: vigilancia ultraferoz, leyes de excepcionalidad… Fatalmente, y en tercer lugar, se ha disuelto el binomio amigo-enemigo: hay no hay forma posible de identificar a quien es preciso atacar a pesar de los denodados esfuerzos de los servicios de inteligencia. Franceses incorporados el ejército del ISIS, belgas que se despiertan convencidos islamistas radicales, suecos con la convicción de que es hermoso incorporarse a un ejército de insaciables carniceros… Existe un incontrolable quintacolumnismo en el modelo de guerra postmoderna y es por esto por lo que las medidas de la ultraderecha europea resultan absurdas y taradas, como no sea que pretendan un imposible y total control de la ciudadanía, y tramposas las alertas de los gobiernos centristas que no entienden que la no territorialidad de la guerra impone nuevas aproximaciones a fenómeno tan escabroso como indignante.

Espero no haberme explicado del todo mal… Tenemos que asumir la conciencia de que estamos viviendo la conformación de un nuevo modelo bélico que requiere estrategias muy diferenciadas de las clásicas –y esto a partir de la consideración que es tan molesta como dolorosa de que la aventura de Caín y Abel parece haberse incorporado al adn de este depredador al que llamamos especie humana-. Entonces, por qué les llamamos terroristas… En fin, puede ser un buen comodín periodístico o políticastro, pero entiendo que habría que redefinir lo que se entiende por terrorista, por guerra justa, por guerra, por paz… Etcétera, amigos míos.

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2 Comments

  1. D. José Luis, explicarse no se ha explicado mal, salvo la mezcolanza “filosóficas” históricas, en las que podríamos extendernos a los criterios de guerra justa de Santo Tomás de Aquino.

    Platón en su obra El Banquete, “El hombre demuestra su espíritu bondadoso que lo diferencia de las bestias o de los bárbaros”. Aristóteles se refiere al conflicto armado como “Bellyus Empres” o empresa bélica, ésta puede originarse en casos en que el agresor posee una “autoestima de su fortaleza o a la prudente necesidad de enfrentamiento”.

    Ius ad bellum, Ius post bellum y Santo Tomas describe; tres consideraciones no menos importantes (la autoridad del príncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra) (Se requiere causa justa) (una intención encaminada a promover el bien o a evitar el mal) antes y hoy menos imposible de cumplir entre otras razones porque ningún militar (de mando) se atrevería a no acatar la orden.
    He aquí que en esto aparecen con más crudeza “el terrorismo” y es que también esta figura bélica viene de muy antaño y esta figura siempre ha sido promovida y financiada por los gobiernos pasados y actuales, con un solo fin “el poder y la conquista”.

    Claro que en estos últimos años además de todo ello nos encontramos con otro poder más virulento el poder financiero, dominado por Goldman Sachs, Rotchild y Rokefeler, con la inestimable ayuda de los medios, Soros y Murdoch casualmente todos judíos.

  2. Muy interesante. Corre el peligro de ser acusado por bienintencionados pero ingenuos de darle armas ideológicas a los lepen o trump, ya que públicamente ellos no paran de insistir en que esto de los atentados es una guerra, y que por ello deberíamos actuar en consecuencia y echar o espíar a todos los musulmanes. Algo así supongo que dirían los votantes de Macron… allá ellos.

    Por otro lado, este modo de conflicto, tampoco lo ha inventado el ISIS. Se podría decir que se inventó antes en EEUU. ¿No parece que el ISIS lo que ha logrado es politizar a su favor incidentes como la masacre de Columbine? Por una parte tienen la vertiente de guerrilla “clásica” en Irak y Siria; por otra parte tienen atentados tipo Al Qaeda con explosivos y armas de fuego, que necesitan ser puestos a disposición de los operativos (ya que en europa no es tan fácil conseguir un kalashnikov como en EEUU); y por último, los camiones. No requieren ningún suministro de material a los operativos, sino que estos “se crean” localmente simplemente con la propaganda colgada en internet (o eso nos cuentan) ¡Sin embargo esto no es nuevo en occidente! Gente q va a un supermercado con una recortada a matar a todo el que pilla por delante hasta que lo mata la policía o se suicida, lleva pasando desde antes de los 90. Lo que es increíble es que alguien haya conseguido politizar este tipo de actos de violencia descontrolada e impotente que nuestras sociedades parecen favorecer desde hace apenas dos o tres décadas.

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