¡Los pelos de punta!

Por Carolina Castro

Macron caminando solo hacia el Louvre
Macron caminando solo hacia el Louvre

Es que no se lo van a creer. Bueno, yo, todavía estoy alucinando. Los jefes me han mandado a París como enviada especial para ver la “entronización” del nuevo presidente de la República francesa. Vuelo barato, dos días que me tuve que agenciar en le petite appartement de un ex novio de tiempos del instituto, sorprendido ante mi llamada de auxilio, y sobrepasada de emociones. Porque una becaria es muy sensible al mundo que se abre, máxime cuando los jóvenes estamos acostumbrados a que nos den con la puerta en las narices  o nos exploten por el morro. Fue todo maravilloso, con alguna parte negativa de cansancio, rollo credenciales, seguridad que nos enviaba al culo del mundo, etcétera; bueno, lo habitual según me dijo muy digna la redactora jefe que en estas cosas tiene mucha experiencia.  Me centro y les cuento.

¡Dios mío cómo fue el paseo solitario de Emmanuel Macron a las diez y media de la noche con la banda sonora del Himno de la Alegría hacia el escenario levantado frente a la pirámide de cristal del Louvre!

Un hombre en plena juventud, atractivo, serio, impecablemente vestido para la ocasión (de oscuro hasta la corbata), caminando solo hacia la gloria, atravesando el Arco de Triunfo con la música de Beethoven que acompañaba su desmedida ambición. Un plano secuencia espléndido que dejó a la masa embelesada y muda. Cine, puro cine,  una puesta en escena sobria, medida, genial, que pasará a la historia. Seguro que los cineastas copian esa escena del paseo solitario de Macron en las pelis por venir. Yo, de entrada, ya me he jugado una cena con los jefes si gano la apuesta. En fin, la grandeur francesa en todo su esplendor comedido. Alejado de la estética norteamericana de los globos de colores, las corbatas rojas, las chapitas y los papelitos que caen del cielo. Macron (es decir su equipo de jóvenes entusiastas) eligió la noche para aparecer en un paseo que puso los pelos de punta.

Y luego, su discurso de 13 minutos, épico, emocionante donde predominó la gratitud a los que han hecho el milagro de que, él, esté ahí hablándoles de sus promesas. Y ese final que a mí me dejó rendida a sus pies cuando dijo: “Os escucharé”. “Os serviré con humildad”. “Os serviré con amor”. Tremendo, un seductor como buen francés.  De entrada, la mejor baza de Macron es Brigitte, una señora espléndida de 64 años, tres hijos con su primer marido (también banquero) y seis nietos. Una pareja de película, pijos pero ilustrados.

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