La agonía del capitalismo (3). Por José Luis Alonso Gajón

Firmas de opinión

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Jose Luis Alonso Gajon, Ingeniero Agrónomo, Vicepresidente de ATTAC Aragón

“No está lejos el día en que el problema económico estará en el asiento de atrás donde debe ir, y el corazón y la cabeza serán ocupados o reocupados por nuestros problemas verdaderos, los problemas de la vida y de las relaciones humanas.” “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” Keynes 1932

El enemigo interno

En los años 80 el capitalismo creyó, probablemente con razón, que sus enemigos externos habían desaparecido y era hora de olvidarse de los pactos, de la socialdemocracia y del estado de bienestar. Nunca se le ocurrió pensar que los enemigos los tenía dentro y que el s. XXI iba a ser el de su agonía.

Agonía, en el sentido que le dio Unamuno, lucha entre la vida y la muerte sin presuponer cuál de las dos va a vencer.

Hay que tener cuidado a la hora de hablar del capitalismo. Teóricamente es un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la libre competencia y en el mercado, como medio de asignación de bienes y servicios. La realidad es que el capitalismo tiende naturalmente a disminuir la libre competencia (monopolios, oligopolios, carteles, etc.) y el papel del mercado (acuerdos de precios explícitos o implícitos, segmentación de mercados, etc.). Además, el capitalismo evoluciona a lo largo del tiempo habiendo demostrado una gran capacidad de adaptación. Por último, existe una diversidad geográfica en cada momento (hoy en día no es lo mismo el. capitalismo USA que el europeo, ni el chino que el ruso).

En nuestro caso nos referiremos al capitalismo financiarizado, hoy existente en Occidente, que engloba no solo al propiamente financiero (que es el hegemónico) sino también a las grandes empresas comerciales e industriales controladas desde el

Podemos señalar tres causas relevantes en la agonía del capitalismo:

Primero su propio éxito en la acumulación de capital físico y tecnología;

Segundo la mala gestión (cortoplacista) de unos dirigentes que ya no son los propietarios de la empresa y cuyos intereses no coinciden con los de estos;

Tercero la disminución de las rentas del trabajo, y la acumulación de las mismas en el 1% más rico de la población, que crea una falta de demanda final y la parálisis del sistema económico.

Morir de éxito

En primer lugar, el fin del ciclo capitalista mediante un “morir de éxito” no debe extrañarnos ya que ha sido anunciado por varios grandes economistas. Shumpeter empleo la expresión para realizar la predicción, ¿errónea?, de que la riqueza creciente de la clase capitalista disminuiría el espíritu emprendedor y el amor por el riesgo empresarial que comporta toda innovación.

Lo que sí es evidente es que el capitalismo tiende, intrínsecamente por la competencia entre las empresas, a un crecimiento exponencial tanto del capital físico como de la mejora tecnológica y, como resultado, de la producción de bienes y servicios. Así lo vio Keynes en su librito “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” en el que pronostico que la rápida acumulación de capital físico y de “eficiencia técnica” con un crecimiento exponencial, llevaría a lo largo de unos 100 años a una etapa postcapitalista.

Su razonamiento es totalmente actual: “De momento, la misma rapidez de estos cambios nos está perjudicando y generando problemas difíciles de resolver”. Ya que aumenta el “desempleo debido a nuestro descubrimiento de medios para economizar el uso del trabajo que supera el ritmo al que podemos encontrar nuevos usos para el trabajo. Pero esto es sólo una fase temporal de inadaptación.” El resultado final será que la escasez que ha sido. “el problema permanente de la raza humana” desaparecerá y ello conllevara una necesaria adaptación pues “la humanidad se verá privada de su objetivo tradicional” y tendrá que desarrollar otras actividades creativas diferentes del trabajo productivo”.

Setenta años después, J. B. DeLong y Larry Summers el 2001 constatan que esta etapa ha llegado mediante una comunicación con un título neutro: “The new economy, background,…” y  un contenido demoledor. Lo que da más fuerza a la comunicación es el entorno (la reunión anual de trabajo de la Reserva Federal Americana, en Kansas City) y los autores (“Larry”, como es nombrado habitualmente en los círculos económicos del poder, es casi una institución: era, en ese momento, Secretario del Tesoro con Clinton, fue después Rector de Harvard, jefe del Gabinete Económico de Obama, y antes había sido economista jefe en el Fondo Monetario Internacional en los años 80, etc.). Estamos pues ante una “confesión de parte”

Summers y De Long plantean que las nuevas tecnologías de la información tienen una mejora tecnológica exponencial y que, como están penetrando en todos los procesos económicos, están ocasionando un cambio en las curvas de producción. En efecto, los nuevos costes unitarios son siempre decrecientes y hacen desaparecer las antiguas ventajas de escala, que hacían que, a más tamaño de la fábrica hubiera un menor coste. El ejemplo más conocido es la creación de un nuevo programa informático, requiere de una fuerte inversión inicial en investigación, pero el sacar una copia mas no conlleva ningún coste. Lo mismo sucede con la edición de libros electrónicos, etc.

Con el nuevo tipo de curva de costes unitarios los mercados competitivos no funcionan. Antes el incremento de la demanda producía una subida del precio, lo que provocaba que los productores aumentaran su producción y los consumidores disminuyeran sus compras y el restablecimiento del equilibrio en un nivel más bajo de demanda. En la nueva economía un incremento de la demanda puede ser satisfecha a un precio aún más bajo (al dividir los costes fijos iniciales entre un mayor número de unidades) y. con frecuencia, el aumento de la demanda producirá una mayor eficiencia, incentivos e ingresos más altos, y precios más bajos, lo que origina una demanda aún mayor.

Una industria con altos costos fijos y casi inexistentes costos variables posee otra característica importante: la tendencia al monopolio. La regla general, en el sector de alta tecnología, ha sido que quien lidera el mercado amasa una gran fortuna, en cambio el que le sigue apenas alcanza a cubrir los costos y el resto quiebra rápidamente.

Con una gran sinceridad ambos autores reconocen: “Ha quedado claro que no es muy probable que el paradigma competitivo se ajuste a la nueva situación; sin embargo, todavía no sabemos cuál será el paradigma que cumplirá los requisitos para reemplazarlo.”

Citemos por último a J. Rifkin que en el 2014 y en su libro “La sociedad de coste marginal cero” amplia esa tesis afirmando que hay otras dos revoluciones tecnológicas, en energías renovables y logística cuyo costes están cayendo hacia cero y que, junto a la informática, van a producir una sociedad de la abundancia, con costes de producción decrecientes y necesidades de mano de obra mínimas, entre el 5 y el 10% de la población.

La quinta columna

La segunda causa, de la agonía, es que el capitalismo se ve amenazado desde dentro por los nuevos gestores de las grandes empresas que, de acuerdo con las tesis neoliberales, han abandonado la economía productiva (la producción de bienes y servicios) por la “creación de valor para el accionista” a corto plazo. Ello ha provocado que en estos momentos se admita que la mayor parte de las empresas del índice “Dow 500” habrán desaparecido en los próximos 20 o 30 años. Pero esto no preocupa a los gestores porque ya no son propietarios de la empresa. Por otra parte, la “exigencia” de tasas de rentabilidad superiores al 10% (muy difíciles o imposibles de conseguir en los sectores productivos clásicos) ha obligado a la creación de una serie de mercados especulativos: de derivados; de compraventa de empresas para su desguace en partes o su fusión con otras, burbujas de todo tipo, etc. La nota común a todas ellas es que ninguna crea valor de uso (utilidad) y solo sirven para aumentar artificialmente su precio en una venta posterior ¡si consigues un comprador! La forma de actuar esta magistralmente descrita en la película “El capital” de Costa Gravas.

La avaricia rompe el saco

Por último, el tercer factor es la aversión al reparto de la renta que tienen los capitalistas (propietarios y gestores) que hace que siga creciendo la desigualdad, sin darse cuenta que el sistema necesita de la existencia de una demanda final solvente, es decir con dinero, que absorba la producción de bienes y servicios. Estanos describiendo el denominado en economía flujo circular de la renta. Si una empresa, para sobrevivir y salir adelante, despide, baja los salarios, etc. lograra abaratar sus costes, y podrá vender a precio más bajo, pero si lo hacen todas las empresas (olvidándose de que los costes del trabajo de una son los ingresos de las otras), acabamos teniendo un exceso de capacidad productiva y una falta de demanda agregada, y el sistema se para. El recurso al crédito barato para estimular la demanda solo puede ser transitorio porque si no se crea una burbuja que, tarde o temprano, estalla. Y esto está sucediendo.

Tres causas y un solo resultado: el capitalismo agoniza y nos pilla sin tener una alternativa económica que lo pueda sustituir a corto plazo.

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