Confirmado: las urnas las carga el diablo. Por Antonio Piazuelo

Firmas de opinión

Antonio Piazuelo
Antonio Piazuelo, Ingeniero Técnico Industrial

Empiezo a preocuparme seriamente por el futuro de las empresas dedicadas a los sondeos de intención de voto. Y por el de analistas políticos y tertulianos de variada condición: ambas se han convertido en profesiones de alto riesgo. Esas dos, y la de dirigente político. La política en tiempos revueltos: he ahí el título para una teleserie repleta de giros argumentales inesperados, sorpresas que dejan boquiabierto al espectador. Que se lo digan a Theresa May. O, sin salir de casa, a Susana Díaz. Por citar solo los casos más recientes.

Resultan admirables los esfuerzos que hacen los politólogos para explicar esta rebelión de los votantes que, en todo el mundo y al mismo tiempo, parece que se divierten haciendo trizas los pronósticos

Recapitulemos sobre lo que ha ocurrido en las Islas Británicas. No hace ni un año que al entonces primer ministro, David Cameron, se le ocurrió la brillante idea de convocar un referéndum sobre la salida de la UE (se ve que no había escarmentado después de la victoria por los pelos en Escocia). Contaba con las encuestas que aseguraban una clara derrota de los partidarios del Brexit y esperaba salir reforzado con ella frente al entonces pujante UKIP. Y frente a sus compañeros de partido más eurófobos y alborotadores, como el  exalcalde de Londres, Boris Johnson A lo largo de la campaña –es decir, cuando ya no había marcha atrás- los sondeos empezaron a advertir de que las cosas no estaban tan claras y que las diferencias eran mucho más ajustadas de lo que se preveía. Finalmente ganó el Brexit y Mr. Cameron dijo adiós a Downing Street.

Europa entró en shock ante ese golpe imprevisto y la nueva primera ministra, que había defendido la permanencia en la Unión, en lugar de atemperar las circunstancias (la victoria del “sí” fue muy justa) se puso a la cabeza de la manifestación y optó por lo que se ha llamado un Brexit duro. A todo esto, Europa seguía recibiendo palos a través de las urnas: un candidato imposible meses atrás, con las encuestas en la mano, ocupó la Casa Blanca. Y en Francia todos los sondeos coincidían en que habría que elegir entre la sartén (Fillon) y el fuego (Le Pen).

Bueno, pues tampoco. Fillon ni siquiera se clasificó para la vuelta final y Le Pen se llevó una goleada frente a Macron, un novato europeísta. Un respiro para las instituciones europeas y para la agobiada señora Merkel. Y en estas, Theresa May se lía la manta de los sondeos a la cabeza y convoca elecciones anticipadas cuando gozaba de mayoría absoluta en el Parlamento. Lo mismo que su predecesor, echó las cuentas: los laboristas por los suelos, con un líder desautorizado por su partido y sujeto a la rechifla pública por defender políticas socialdemócratas (mucho me temo que la derecha las ha descatalogado antes de tiempo); el UKIP, descabezado y en caída libre. Eso significaba, según los datos disponibles, un 24 o 25 por ciento de ventaja en las urnas sobre el siguiente. Más mayoría parlamentaria y un refuerzo incalculable de su autoridad para negociar con Europa, dispuesta a echar un pulso, y para acallar a los sectores de su partido menos antieuropeístas.

El tiro salió por la culata. Los resultados de este mes de junio ponen seriamente en cuestión los que hace menos de un año dieron el triunfo a los eurófobos, de tal modo que no sería muy aventurado pronosticar que, si se repitiera el referéndum, los resultados serían diferentes. O no, vaya usted a saber. En todo caso, después de la victoria de Macron en Francia, es una buena noticia más para Bruselas y para la señora Merkel.

Otro dato en estas elecciones que trae de cabeza a los analistas es el resurgimiento del viejo bipartidismo (conservadores-socialdemócratas) al que muchos daban ya por amortizado: la suma de escaños entre torys y laboristas en el próximo parlamento será la mayor de los últimos veinticinco años.? El sistema no ha caducado,sigue el eje izquierda –derecha,y los nuevos partidos deberan asumir estas contradicciones

Personalmente creo que nadie ha acertado con lo que está ocurriendo. Que hay un malestar muy extendido, y que ese malestar tiene su origen en los efectos más nocivos de la globalización, en la creciente desigualdad e inseguridad de amplísimos sectores sociales,parece poco discutible.Creo que el comportamiento de los votantes es un grito y una protesta contra el poder establecido,el que sea, porque no da respuesta a ninguna de sus legitimas aspiraciones

Es posible que algunas pistas nos hayan dado ya sobre las soluciones. Las dan los votantes más jóvenes y urbanitas, que votaron abrumadoramente a Corbyn, un nítido representante de la izquierda socialdemócrata clásica (no del socioliberalismo, que es lo que parece agotado). Como antes, en EE UU, los jóvenes siguieron a otro viejo roquero socialista, Bernie Sanders, hasta poner en apuros a Hillary Clinton. Y, sobre todo, nos da pistas el éxito de la fórmula portuguesa de unidad de la izquierda, con políticas claramente socialdemócratas, que avanza más que razonablemente hacia la superación de la crisis reduciendo de paso los niveles de injusticia social Es la apuesta que recientemente hacía un grupo de personalidades, encabezado por Gaspar Llamazares y Baltasar Garzón y que, más modestamente llevamos proponiendo,aquí en Zaragoza, a través de ÁGORA. Desde luego esa es la posible solución que yo defiendo en cuantos foros tengo oportunidad de hacerlo

Yo , ya no me fío de las encuestas, las urnas las carga el diablo.Y no olvidemos que era solo ,un ángel revolucionario (eso dicen )

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