Cuarenta años. Por Antonio Piazuelo

Firmas de opinión

Antonio Piazuelo
Antonio Piazuelo, Ingeniero Técnico Industrial

 

En estos días ha vuelto a mis manos una fotografía del mes de junio de 1977, cuarenta años han pasado ya. En la Plaza de Toros de Zaragoza, poco antes de las primeras elecciones democráticas y después de otros cuarenta años de dictadura, quince mil personas estuvieron pendientes de las palabras de Felipe González, de Rafael Zorraquino (entonces secretario general de los socialistas aragoneses), de Ángel Cristóbal Montes (cabeza de lista al Congreso) y del firmante, Antonio Piazuelo, que ocupaba el número 2 de esa lista. Días después me convertiría en algo que no hubiera podido imaginar solo unos meses antes: diputado en las Corte Constituyentes que inaugurarían la democracia en España.

El paso de cuarenta años no le sienta bien a nadie, aunque a unos les siente peor que a otros, pero hay que reconocer que al PSOE le han caído francamente mal. En Aragón y en el conjunto de España. Y que ha pasado, de la pujanza de entonces, al desconcierto y la tendencia a menguar de ahora mismo. Sobre la delicada situación del socialismo español después del Congreso Federal, que ha devuelto al decapitado Pedro Sánchez a la secretaría general, y en vísperas de los congresos regionales me propongo plantear algunas reflexiones a continuación.

1.- La nueva ejecutiva federal que ha salido del Congreso, plenamente alineada con Sánchez, está compuesta en su abrumadora mayoría por dirigentes que están en minoría en sus comunidades autónomas. ¿Qué ha ocurrido para pasar de perdedores a vencedores? Un curioso fenómeno consistente en que, cuando se subieron al carro de Pedro Sánchez para enfrentarse al que parecía el carro ganador (el de Susana Díaz), se colocaron sin saberlo en la escalera de subida, mientras quienes apostaban por la líder andaluza se vieron de pronto en la escalera de bajada,. Siempre ha sido esencial en política tener la habilidad de colocarse en el lugar más adecuado pero hay que reconocer que, en los tiempos que corren, es muy difícil acertar con la escalera oportuna. Bueno, no siempre: esto no habría sucedido hace cuarenta años porque entonces, tres meses antes de las elecciones, no había escaleras de subida  y de bajada sino que todos los militantes éramos ilegales y lo mejor que nos podía pasar era no subirnos a la escalera que nos llevaba delante del Tribunal de Orden Público, donde nos encontraríamos con una petición de cinco años de cárcel.

El problema para estos dirigentes, que ahora disfrutan del poder orgánico a nivel estatal, es que carecen de liderazgo en sus federaciones de origen. De forma muy especial en aquellas federaciones en las que los barones socialistas opuestos a Sánchez ocupan parcelas importantes de poder institucional, como Valencia, Castilla-La Mancha… o Aragón. No es difícil pronosticar que esa descompensación entre el peso orgánico de los nuevos dirigentes del PSOE en la Ejecutiva Federal y el escaso peso que tienen en su propio territorio va a trasladar la tensión (ideológica, dialéctica y personal) a los inmediatos congresos regionales.

En Aragón me atrevo a decir que, si la alternativa a Lambán y Pérez es Sumelzo en la actualidad ,tenemos Lamban y Pérez para rato

Es imprescindible que articule, organice y plasme el resultado de las primarias en una alternativa. Coordinando a Huesca que como siempre “ni quita ni pone, solo ayuda a su señor“, (Madrid) . A Teruel a través de Simón Casas y a Zaragoza y no tanto a la provincia si no a la capital. Siempre dividida por el interés particular y provinciano  de todos los secretarios regionales El acuerdo entre Sumelzo y Dueso debe ser lo que garantice una estabilidad democrática en el PSOE de Zaragoza y por lo tanto de Aragón

2.- Por otra parte, es evidente que no son estos probables conflictos, ni el mantenimiento de políticos amortizados (algunos, amortizados varias veces ya), lo que puede apuntalar la imagen del nuevo PSOE, que desearía transmitir Pedro Sánchez. Pero es que, además, el problema del partido que ahora vuelve a dirigir no es tanto de imagen, renovación, regeneración o cambio de personas (imprescindible). El verdadero problema del PSOE consiste en recuperar el voto más joven, y especialmente el de los menores de 25 años. Desde que Zapatero aceptó las imposiciones europeas en lugar de convocar elecciones y dejar que las políticas de derechas las hiciese la derecha (o, en todo caso, las hiciese él con el respaldo de los electores) se ha roto un contrato político con las nuevas generaciones. Tampoco se ha sabido incorporar las legítimas exigencias del 15-M y, así, en las últimas elecciones del País Vasco el PSOE solo conquistó un 5,8% de los nuevos votantes. Y en Galicia, un 6,2%. Este es el problema más grave que tiene Pedro Sánchez porque, si no consigue hacer que cambie esa tendencia, irá perdiendo electores en cada nueva consulta.

3.- Confieso que, con la edad, he perdido vista… pero solo de cerca. De lejos veo muy bien, incluso veo mejor que nunca a los arribistas y a esa fauna que últimamente rodea en sus partidos a los dirigentes políticos.

Es una mala noticia de cara al futuro, y me explico. A pesar de la arrolladora personalidad que tuvo Felipe González, capaz de eclipsar a tantos, en su equipo había varias personas (no una, ni dos, sino varias) en las que creo, era sencillo reconocer la capacidad, la credibilidad y hasta la buena imagen necesarias para sustituir al líder en caso de necesidad. No es el caso de Sánchez. Cerca de él no veo a nadie, y lo siento, que tenga posibilidades ciertas de darle el relevo si se produjera un nuevo fracaso electoral. Y no es una hipótesis desdeñable, a tenor de las encuestas, porque sería el tercero y estaría obligado a dimitir.

Y si eso ocurre en España, no les digo nada de lo que ocurre en Aragón, a pesar de lo bajo que han dejado el listón los actuales dirigentes. Si algunos apuntaban posibilidades de sustituirles, ya se han encargado ellos de eliminarlos. Y, por supuesto, de no promocionar a nadie que pudiera hacerles sombra La alternativa será “nueva“ o no será y en Aragón, es imposible que sea peor que lo existente

4.- Cataluña. A mí, como imagino que a la mayoría de los votantes y simpatizantes socialistas, el enconado debate sobre la independencia de Cataluña solo me preocupa en su vertiente electoral. Y digo que solo me preocupa eso porque el resto lo tengo muy claro: los nacionalismos no pueden ocupar o preocupar de otro modo a nadie que se considere de izquierdas y ciudadano del mundo. Ellos saben (sabemos) que las fronteras nacieron a sangre y fuego para beneficio de los poderosos y en perjuicio de las poblaciones, de forma que ese es un debate que ya hemos superado.

La definición de España como nación de naciones, o estado plurinacional, o como quiera que pretendan llamarlo, no resuelve nada: solo es una concesión política que no puede dar satisfacción a quienes (fundamentalmente, aunque con algunas ayudas) han creado el problema: a los independentistas. Y si lo que pretende Sánchez incluyéndola en las conclusiones de su Congreso es favorecer una alternativa al gobierno de Mariano Rajoy, en la que se alineen independentistas vascos y catalanes junto a Podemos y el PSOE… es que Sánchez no ha entendido nada.

Quiero decir que no ha entendido quiénes, cómo y cuándo decidieron que el Comité Federal le defenestrara en octubre pasado para corregir el acuerdo que intentaba alcanzar con Podemos y los nacionalistas. Los que decidieron eso decidirán también que una parte importante de los diputados del Grupo Socialista se rebelen y voten en contra, si es que Sánchez vuelve a intentarlo. Dispondrán de argumentos de todas clases: políticos, jurídicos, históricos… Y estarán jaleados por los mismos que apoyaron la decapitación política del resucitado Sánchez.

Además, la inclusión del concepto “nación de naciones” estorba seriamente otra posibilidad: el pacto con Ciudadanos, por el que algunos están apostando ya como la mejor alternativa al gobierno del PP. Si, en el futuro, la formación naranja recogiera los votos que puede perder el PP es posible que puedan gobernar con el PSOE (incluso con la abstención del PP y el voto en contra de Podemos). Esta opción, que nadie lo dude, sería jaleada y apoyada fervorosamente por el poder mediático. Y por el otro. Por el poder de verdad, el que manda. Que, al contrario de la inmensa mayoría de votantes de la izquierda, no estará muy conforme con las últimas decisiones de Pedro Sánchez.

Y, como decía mi abuela: lo que es menester, que dure.

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