Abatir. Por Luis Beltrán Almería

Firmas de opinión

Luis Beltrán Almería
Luis Beltrán Almería es catedrático de teoría de la literatura y literatura comparada. Doctor por la Universidad de Zaragoza (1989)

El verbo de agosto ha sido abatir. Es curioso el nuevo significado que ha adquirido esta palabra. Si consultamos el diccionario de la RAE abatir se dice de las cosas. Solo en último término admite un uso figurado para las personas: sentirse abatido. Pero el uso actual de abatir es muy distinto: el de ejecutar terroristas. Se dice también de la caza, especialmente de los grandes animales. “El rey abatió un elefante”. Y parece que, por extensión, se dice de los terroristas. Los nuevos usos del léxico suelen expresar nuevas situaciones. Lo nuevo en la lucha contra el terrorismo yihadista es que la consigna es no hacer prisioneros. No es una consigna catalana: seis terroristas abatidos por los mossos este mes. Es una consigna europea y aun diría que occidental. Las policías europeas parecen compartir la consigna de no hacer presos a los combatientes del terror. Este uso generalizado del concepto responde sin duda a una necesidad: las cárceles europeas están llenas de yihadistas. Solo en dos años en España se han detenido a 260. El hecho de que el primer colectivo en las cárceles europeas sea este es un grave peligro para la seguridad. Las cárceles se convierten en escuelas de terroristas. En vez de ser un instrumento de corrección se convierten en un campo de entrenamiento del enemigo.

Estamos en guerra. Aunque nos cueste admitirlo el salafismo ha declarado la guerra a Occidente. Somos infieles y para los infieles la solución es el anatema. La cuestión es cómo responder a la amenaza. Entre los seis terroristas abatidos en días pasados había dos menores. Cuatro fueron abatidos por un solo mosso. Dos huían solos. No pretendo criticar la actuación del mosso que acabó con los cuatro. La información sobre las circunstancias es incompleta y la situación excepcional. Los cuatro acababan de herir a varias personas y una murió a consecuencia de las heridas. Pero sí que encuentro criticable que no pocos medios de información hayan heroificado la acción de ese agente. Los otros dos abatidos, sobre todo el último, el conductor de la furgoneta, asesino de 16 personas, estaban cercados. Llevaban cinturones de explosivos –que resultaron estar vacíos– pero tengo mis dudas de que eso justifique su ejecución.

Estamos en guerra. Para los casos de guerra los países de culturas abiertas se han dotado de un convenio: las convenciones de Ginebra. Esas convenciones dicen: la vida de los prisioneros debe ser respetada. Y, cabe añadir, si es posible apresar no debes abatir. En el caso de la guerra yihadista el derecho humanitario internacional debe estar por encima de la sharia, la tradición tribal. Simplemente, porque la ley es exponente de una cultura superior a la barbarie. No dudo de que haya circunstancias en las que sea preferible abatir a apresar. No siempre es posible respetar el derecho a la vida. Y no debe ser fácil determinar cuándo se debe respetar ese derecho y cuándo no. Hemos visto y veremos casos en los que la ejecución militar parece lícita: Bin Laden, Ahmed Yassin –el líder de Hamas, abatido por Israel–, o el futurible Abu Bakr al Bagdadi –el califa del Estado Islámico–. Pero generalizar el derecho a abatir es otra cosa. Nos hace parecernos a las culturas de la barbarie que condenamos. Y convierte al policía en cazador de elefantes humanos.

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