Los tres tiempos del conflicto. Por Javier Jiménez Olmos

Firmas de opinión

Javier Jimenez Olmos
Javier Jimenez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED. Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

1ª PARTE DEL CONFLICTO

Los conflictos son predecibles, casi nunca aparecen de una manera inmediata, son fruto del tiempo que los hace madurar si no se atajan a su debido momento, y se pueden desarrollar hasta provocar situaciones insoportables para la convivencia. En todo conflicto hay unos factores determinantes que son la causa primaria de la discordia, existen también unos factores que potencian el desarrollo del conflicto y, por último, unos detonantes que pueden transformarlo en violento.  No se pueden olvidar la gran importancia de los actores personales, los líderes políticos y sociales que son responsables directos de la discordia.

Los conflictos están marcados por tres tiempos fundamentales: la historia, el presente y el futuro.

La historia

El conflicto es el fruto de unos factores determinantes como los son los económicos y los políticos. Estos dos factores son casi siempre el resultado de la historia. Durante largos periodos de tiempo tanto la economía como la política, que casi siempre van íntimamente relacionadas, construyen la historia de las sociedades, los pueblos, las naciones y las relaciones internacionales.

La falta de acción, los errores y los abusos se van acumulando en el tiempo, hasta que sectores de la sociedad comienza a demandar cambios profundos, pensando que la única manera de solucionar sus problemas es mediante la sustitución del sistema que les rige, por considerar que no atiende a sus demandas transformadoras o reformistas.

Los líderes en el poder quieren perpetuar el sistema mientras que los que aspiran a conseguirlo tratan de cambiarlo. En este caso la contienda comienza desde arriba y se trasmite a toda la sociedad; poco a poco todos sus elementos se ven involucrados y comienzan a tomar partido, aunque a veces se les exige tomar partido.

Pero la discordia también puede comenzar desde abajo, acentuada por situaciones de extrema gravedad social, como pueden ser la falta de trabajo digno o la pobreza. En los caso de las sociedades democráticas con un gran desarrollo social el desempleo puede jugar un papel determinante pero también otros como la desigualdad, los agravios comparativos o la percepción de discriminación por razones geográficas, étnicas o religiosas. Cuando se produce la sinergia de actuaciones desde arriba abajo y al revés, la situación se puede transformar en sumamente peligrosa.

El presente

El presente entendido no como este mismo instante sino como las circunstancias más inmediatas. Durante este tiempo intervienen lo que se denominan factores potenciadores del conflicto. Aquí se incluyen los religiosos, étnico o nacionalistas, entre otros. Cualquiera de estos agentes multiplican los desacuerdos históricos. Son motivaciones ligadas a los sentimientos y, por lo tanto, fácilmente manipulables al servicio de una u otra causa.

Si a eso se le añaden decisiones políticas consideradas contrarias a esos sentimientos, y se interpretan como una ofensa hacia ellos se produce una percepción negativa a hacia los líderes causantes y los grupos sociales que representan.

En el presente más inmediato se producen detonantes que pueden hacer que el conflicto derive en situaciones de violencia extrema. Cuando las posiciones se polarizan ciertos sectores sociales, que defienden posturas maximalistas extremas, pueden provocar altercados e incluso víctimas. Así la escalada conflictiva se comienza a extender en el resto de la sociedad, que se posiciona de uno u otro bando. El extremismo consigue dividir a toda la sociedad entonces.

¿Qué hacer entonces si el conflicto ya se está produciendo? ¿Cómo actuar? En las sociedadesdemocráticas, donde las leyes  son el reflejo de los deseos de las sociedades manifestados a través de sus representantes legítimos, no cabe otra opción que el imperio de la ley. La ley está para defender el Estado de derecho. Si un Estado no es capaz de imponer la ley a través de sus mecanismos constitucionales se puede llegar convertir en un Estado fallido. El Estado tiene la obligación de velar por el cumplimiento de la legalidad y de la seguridad de todos sus ciudadanos.

El futuro

El futuro comienza en el mismo instante en el que se desea resolver el conflicto. Para ello hay que analizar las causas que lo produjeron y hacer un análisis crítico de los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos. Nadie que no esté dispuesto a hacer autocrítica de sus errores debería de participar en los proceso de construcción de un futuro en paz.

Un futuro en paz, que parte del acuerdo mediante el diálogo de las partes enfrentadas. Un futuro que en las democracias avanzadas se resuelve mediante la negociación política que conduce a acuerdos duraderos en el tiempo.

En resumen, los tres tiempos señalados constituyen el eje sobre el que basar una negociación para resolver el conflicto en las democracias avanzadas:

  • Aprender de los errores del pasado, para no volver a cometerlos
  • Aplicar la legalidad vigente en el momento actual, para preservar la democracia y el Estado de derecho
  • Comenzar a reformar esa legalidad mediante el acuerdo político para que el conflicto no vuelva a emerger en el futuro.

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

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