Pistoleros en las aulas norteamericanas

Estados Unidos de América

Donald Trump: “una escuela sin armas es un imán para gentes malvadas”

Ahora resulta que el presidente americano Donald Trump se propone hacer realidad aquellos deseos del general Millán Astray cuando, en la Universidad de Salamanca, y blandiendo su pistola le espetó a Miguel de Unamuno aquel “viva la muerte y muera la cultura”, ante una entusiasmada recua de fascistas y demás ralea. Tras manifestar que es el mayor creyente en la Segunda Enmienda, ese artículo de la Constitución de EEUU que avala el uso de armas y que “una escuela sin armas es un imán para gentes malvadas” quiere convertir al profesorado americano en pistoleros que emulen a Jesse James siendo más rápidos a la hora de disparar a los malos, aunque sea delante de gente menuda y menos menuda.

Aprovechando el lamentable incidente que causó la muerte a 17 personas en un instituto de Florida, uno más entre muchos otros y que debería llamar a la reflexión sobre una sociedad enferma y las maneras de resolver los males que la aquejan, para lo que, entre otras muchas medidas habría que profundizar en los valores de la enseñanza y la educación, Trump se alía con la Asociación Nacional del Rifle y pretende que la nación americana vuelva a los tiempos del Lejano Oeste. Hay que armarse y ser el más rápido a la hora de desenfundar.  

Si se arma a los profesores ¿por qué no hacerlo con los curas (en noviembre del año pasado murieron 26 personas en Texas tras un tiroteo), o con músicos y cantantes (octubre 2017, 58 muertos en un concierto en Las Vegas) y también a los árbitros de béisbol o baloncesto o a las abnegadas amas de casa que en lugar de poner el ojo en el producto más barato deberían hacerlo en el atracador de turno.

Como poco, este rearme para la violencia, cuando la única solución para evitarla es un rearme moral, social y educativo, raya en la demencia. El mandatario yanqui, con su estrella de sheriff al pecho, terminará por cargarse los mejores valores de un pueblo que no se merece tales dirigentes. Si con los profesores armados no se resuelve el problema de la violencia generado por una sociedad enferma ¿qué habrá que hacer? Acaso instalar encima de todo estrado o mesas de los profesores un par de cañones de grueso calibre y tres o cuatro metralletas bien engrasadas. Y como es muy posible que el actual profesorado no sepa manejar tales artilugios, pues nada, se les sustituye por veteranos de Afganistán o por marines deprimidos. Cerrado el círculo, Millán Astray terminará por imponer aquel viva la muerte y muera la inteligencia.  

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