El poder emergente de Asia. ¿Es una amenaza para la paz mundial?

por Javier Jiménez Olmos

Javier Jiménez Olmos
Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED.
Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

¿Existe una confrontación cultural entre Oriente y Occidente?

Los defensores de la cultura oriental proponen que esta confrontación entre Oriente y Occidente es asimétrica puesto que se trata de la pugna entre el poder suave de la cultura oriental y el fuerte occidental. Para los partidarios de  esa teoría, Oriente avanza mediante su desarrollo económico y tecnológico, mientras que occidente, además de eso, emplea su poder militar.

No cabe duda que la historia de los imperios occidentales, que han dominado el mundo desde el siglo XV, se ha construido con la fuerza militar. Asia, como otras partes del mundo, ha sufrido ese imperialismo militarista, pero también es cierto que en Oriente no es todo pureza pacifista. Recordemos que China también fue un gran imperio hasta el siglo XIX con apoyo de su gran poder militar. Y tampoco hay que olvidar el Japón militarista agresivo aliado de fascistas y nazis  de principios del siglo XX hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial. El mito de la cultura pacifista oriental, se desvanece si repasamos la historia reciente en países como China, con revoluciones y contrarrevoluciones brutales, o el imperialismo totalitario y violento japonés sobre parte de la propia Asia Oriental, o en los sangrientos conflictos internos en la India.

Occidente, durante siglos, se ha considerado el centro del mundo y el indiscutible poseedor de valores universales. Los occidentales, imbuidos del espíritu misionero de la verdad absoluta de sus religiones monoteístas, se han expandido el mundo con poca o ninguna consideración hacia las gentes de los territorios que han ido conquistando por la fuerza de las armas. En contradicción con las doctrinas religiosas que decían defender y propagar, han implantado un liberalismo individualista para sus propios beneficios. Es decir un utilitarismo, o lo es lo mismo unas conductas sin cuestionar la moralidad de los actos.

Ahora nos encontramos en la fase de la historia en la que algunos sectores sociales critican, no exentos de razón, los comportamientos históricos occidentales. También los hay que ensalzan, como contradicción los valores orientales. Las generalizaciones son tantas veces exageradas y poco ajustadas a normalización. No obstante, se pueden advertir algunas características propias de la cultura oriental.

Según esa visión diferente, se puede argumentar que los orientales son más comunitarios que los individualistas occidentales. Para los orientales la cooperación es más importante la competición. Es la cultura del arroz -cooperación- frente a la de la caza -individualismo agresivo-. Es una cultura sin héroes individuales frente a la occidental que siempre ha mitificado a sus guerreros.

Occidente ha estado obsesionado por el orden, por la imposición forzada de leyes y normas para acabar con el desorden. Pero para Oriente frente al desorden no se impone el orden, sino la armonía, que no es otra cosa que la convivencia de la diversidad. Para la cultura oriental el inteligente busca la armonía no la uniformidad. Frente al dogmatismo Occidental, influenciado por las religiones monoteístas reveladas, los orientales siguen las líneas confucianas o budistas impregnadas de pragmatismo integrador.

En Occidente siempre ha existido un equilibrio entre derechos y deberes. Al menos así ha sido de sus propias fronteras para adentro y no tanto cuando han practicado el colonialismo imperialista, cuando han impuesto a los pueblos subyugados el cumplimiento de deberes por la fuerza de las armas. Occidente siempre se ha mostrado orgulloso de sus valores democráticos y respeto a los derechos humanos. Una tremenda hipocresía en tantos momentos de la historiacuando, al mismo tiempo de pregonar esos valores, imponían en sus colonias el más absoluto desprecio a los derechos humanos de pueblos conquistados.

En la cultura oriental el deber siempre ha estado por encima del derecho, precisamente por ese espíritu comunitario que ya se ha mencionado. Lo confiesan y practican sin rubor. Occidente, que se ha considerado dueño de la razón universal lo critica, aunque como también se ha dicho de una forma cínica ya que ese equilibrio entre derechos y deberes es sólo para las afortunadas élites occidentales.

Más que una confrontación de valores entre culturas, en esa competición actual por la hegemonía mundial, aparece de nuevo el debate entre las tesis realistas que apoyan el poder fuerte, sostenido por la fuerza militar,  y las liberales que optan por el poder suave basado en el comercio. Y en esa línea no parece que haya diferencia entre Oriente y Occidente por lo que se deduce de las actitudes de los líderes de ambas culturas. Mientras que las relaciones se basen en la  competición y no la confrontación  la convivencia pacífica entre las dos culturas no se verá en peligro. Pero el riesgo de posibles desencuentros no se puede ignorar.

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

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