Los bombardeos de Híjar por la Legión Cóndor hace 80 años

Memoria histórica en el bajo aragón

por José María Maldonado

Fuente: Rujiar V (Miscelánea del Centro de Estudios del Bajo Martín – Año 2004

La Guerra Civil que enfrentó a los españoles entre 1936 y 1939 tuvo una especial incidencia en la mayoría de los pueblos del Bajo Aragón. A pesar de que el frente propio de guerra estaba alejado unas decenas de kilómetros de  sus casas, la vida de la población sufrió un drástico cambio durante los aproximadamente diecinueve meses, que la guerra se adueñó de sus tierras y de sus vidas. Las consecuencias de esos escasos dos años perdurarían en el tiempo más de lo que en aquellos momentos se podía prever.

En Híjar, como en la mayoría de los pueblos cercanos, podríamos diferenciar varias etapas a lo largo del tiempo que duró la guerra: los momentos de incertidumbre durante los primeros días de la sublevación militar, la llegada de la columna Ortiz y sus primeros asesinatos y represalias, la adaptación a una nueva vida mientras duró la guerra, los bombardeos y la conquista de la Villa por parte del ejército rebelde en marzo de 1938, para terminar otra vez con asesinatos y represalias a los vencidos.

En este trabajo pretendo poner de manifiesto lo sucedido en la villa de Híjar los días anteriores a la toma del pueblo por el ejército franquista al mando del general Dávila.

Tras la reconquista de la ciudad de Teruel, el ejército gubernamental había quedado bastante diezmado y bajo de moral de combate. El frío, la derrota y el repliegue habían hecho mella entre los civiles y militares republicanos. Franco se encontró con una tremenda masa de hombres cercanos al frente de guerra aragonés y decidió utilizarlos para alcanzar un viejo proyecto: la rotura del frente de Aragón con el último objetivo de alcanzar el mar Mediterráneo y propiciar así la separación física de Cataluña respecto a la zona de Valencia y con ello del resto de la zona republicana. Podía conseguir, además de aislar a esta región, impedir el paso de cualquier mercancía, incluida la ayuda de armas, a través de la frontera francesa hacia las dos zonas gubernamentales, la del centro y la levantina.

Esta operación iba a llevarse en un primer movimiento, por las tierras situadas al sur del río Ebro, y con un objetivo inicial muy claro: llegar hasta el río Guadalope y conquistar las ciudades de Alcañiz y de Caspe. Luego vendrían metas más osadas y definitivas. Esta ofensiva daría comienzo la mañana del miércoles 9 de marzo de 1938.

Las órdenes para la preparación de esta gran maniobra se iniciaron nada más concluir la conquista de Teruel ya que la gran potencia ofensiva que en aquellos momentos contaba el ejército franquista contrastaba con la republicana. Los Cuerpos de Ejército de Castilla, de Galicia, el Marroquí, el Cuerpo de Tropas Voluntarias italianas (CTV), así como la 1ª División de Navarra iban a tomar parte en la conquista de nuestra zona, la denominada Zona Sur del Ebro. A esta gran cantidad de tropas y material bélico se agregaron toda el arma de aviación con que contaba Franco: la propia Aviación Hispana, la Aviación Legionaria italiana y la Legión Cóndor alemana.

Los días previos al inicio de la batalla, los grandes aviones bombarderos se encargaron de ir preparando el terreno destruyendo aquellos objetivos que pensaban podían dificultar su ataque o bien pudieran facilitar las acciones al enemigo. Así bombardearon puentes en Caspe y Sástago para evitar la llegada de cualquier tipo de ayuda desde la zona norte e impedir una posible retirada; destruyeron aeródromos y aviones  en Sariñena, Bujaraloz y Caspe con el fin de imposibilitar el despegue de aviones que atacaran sus propias fuerzas. La realidad es que a pesar de que las fuerzas terrestres iniciaron sus acciones el día 9 de marzo, la ofensiva comenzó 6 días antes, el 3 de marzo, con el tremendo bombardeo de la ciudad de Alcañiz, dejando a su conclusión cientos de muertos bajo los escombros.

Los días 6,7, y 8, previos al inicio de las operaciones, continuaron los bombardeos preparando el terreno a las tropas terrestres. Lugares cercanos al frente y otros más alejados, pero que se consideraban interesantes destruir, tuvieron la funesta visita de los aviones. La Puebla de Híjar e Híjar no fueron ajenos a estos castigos. El día 6, Híjar ya fue bombardeada, aunque con pequeñas consecuencias.

Los grandes bombardeos que sufrió la Villa de Híjar tuvieron lugar en plena ofensiva de la rotura del frente de Aragón. Fueron tres días consecutivos, el 10, 11 y 12 de marzo los que la población sufrió las consecuencias de las bombas alemanas.

En la distribución de las tropas y de los aviones para el ataque definitivo sobre nuestra comarca, fue la aviación alemana, la famosa Legión Cóndor, la encargada de dar apoyo y facilitar la labor de conquista a las tropas del Cuerpo de Ejército Marroquí que se encontraban al mando del ya general Yagüe. Tanto Híjar como Caspe, entre otras poblaciones, fueron bombardeadas por las tropas y las bombas alemanas que daban apoyo al general Franco.

Fueron los enormes Heinkel 111 los que descargaron sus bombas sobre las casas, las tropas y sobre la población civil, un ensayo y un entrenamiento de lo que luego llevarían magistralmente a la práctica y a gran escala durante la Segunda Guerra Mundial.

Los hijaranos habían previsto un posible ataque aéreo y habían preparado diversos refugios antiaéreos para que la población pudiera resguardarse y evitar las consecuencias de las bombas. Nadie podía imaginar que precisamente uno de esos refugios iba a ser la tumba de varios de sus convecinos.

 

Las consecuencias de los bombardeos fueron notables y visibles en la población. Además de los muertos y heridos, además del miedo y el terror que produjeron en cuantos vivieron aquellos bombardeos, los edificios, el pueblo mismo, sintió y sufrió sus consecuencias. Tales fueron éstas que la Villa de Híjar fue nombrada villa adoptada por el gobierno de Franco, y esto sólo se producía si los daños causados por la guerra en la población eran muy notables.

A diferencia de los bombardeos de Alcañiz, Calanda o Alcorisa, por poner unos ejemplos cercanos, no podemos reconstruir fielmente el número de aviones, el número de bombas, su tonelaje o las horas exactas en que la villa fue bombardeada. Al ser la Legión Cóndor alemana la responsable de los bombardeos, es imposible conocer el detalle de las órdenes. Gran parte de la documentación correspondiente a las tropas alemanas que actuaron al servicio de los intereses del Ejército mandado por el general Franco desaparecieron en uno de los numerosos bombardeos de Berlín en 1945. Sí contamos en cambio con los partes tanto del bando gubernamental como los del ejército vencedor donde se da cuenta de estas acciones. Es a través de estos partes que se conservan en el Archivo General Militar de Ávila, en el Archivo Histórico Nacional, sección de la Guerra Civil de Salamanca y en el Archivo Histórico del Ejército del Aire de Villaviciosa de Odón, así como las narraciones de las personas entrevistadas, como se ha podido reconstruir lo sucedido los días previos a la ocupación de Híjar por las tropas franquistas.

Por los partes que se conservan conocemos los siguientes datos:

Día 10 de marzo:

un bombardeo sin especificar la hora, efectuado por aviones Heinkel 111 de la Legión Cóndor. No señala el número de aviones.

Otro a las 6,50 horas llevado a cabo por 5 aviones.

un tercero pocos minutos después, a las 7 de la mañana, sin especificar tampoco el número de aparatos que intervinieron.

Día 11 de marzo:

un bombardeo a las 07,49 horas llevado a cabo por 33 aviones Heinkel 111 de la Legión Cóndor.

otro bombardeo a las 8,30 horas

un tercero a las 13,35 horas.

Día 12 de marzo:

un bombardeo, sin especificar la hora, efectuados por  33 aviones Heinkel 111 de la Legión Cóndor.

El 6 de marzo:

domingo, hubo un primer bombardeo en las cercanías y que castigó más intensamente la zona cercana a La Puebla aunque también tocó alguna casa de Híjar. El parte oficial dice que fueron aviones A-88 de la Legión Cóndor. No especifica la hora ni el número de bombarderos.

A estos bombardeos habría que sumar los que tuvieron como objetivos las carreteras cercanas y los que descargaron sobre La Puebla de Híjar. En algunos de estos partes dice que se efectúan sobre Híjar, pero luego detalla que son sobre la estación, por lo que se deduce que hablan de La Puebla y no del propio Híjar.

La realidad es que fueron más los bombardeos que sufrió la villa en esos días de marzo. El día 10, jueves, fueron casi total seguridad 4 las veces que los aviones alemanes arrojaron sus bombas sobre Híjar. Y el día siguiente, el 11, fueron 3 más. Si sumamos el del día 12 y el del día 6, podríamos asegurar que la villa de Híjar sufrió 8 bombardeos desde el 6 al 12 de marzo de 1938.

El castigo que sufrió la población y la villa hijarana fue muy notable, probablemente exagerado para su importancia logística. El frente ya había sido roto, las tropas estaban en absoluto repliegue, ofreciendo muy poca resistencia al avance de las fuerzas franquistas. No había hombres de refresco ni en retaguardia que hicieran pensar en un castigo tan grande a una población.

Son muchos los testimonios que podrían contarnos las personas, que vivieron aquellos momentos en el pueblo o en sus cercanías y que luego fueron testigos de lo sucedido. Como siempre que se escribe historia oral después de tantos años transcurridos los hechos, hay que volver a decir que cada uno cuenta la historia según la vivió; que cada una de las historias es individual y transmite lo que él sintió cuando la sufrió, y mucho más en este tipo de relatos tan traumáticos para personas que en aquellos momentos eran niños o adolescentes. Pero la edad que tenían les impidió conocer todo lo sucedido; sólo podían ver lo ocurrido cerca de donde ellos se encontraban. Cuando se empezaron a sacar los cadáveres y a desescombrar las casas donde se sospechaba que pudiera haber heridos, muertos o personas que se desconocía su paradero, los soldados impedían la presencia de los civiles en las cercanías.

Santiago Lorén en su libro “Hospital de sangre” narra así su entrada en Híjar cuando, procedente de Zaragoza viene en busca de su familia:

“…Al acercarnos más, vi que algo había cambiado; la torre de la iglesia de ladrillo mudéjar estaba desmochada y parecía un muñón mostrado a los vientos…. Pasamos el puente de barandillas de hierro forjado, sobre el río Martín…

            … la cuesta del Olmo estaba desierta, en el convento de las monjas ondeaba una bandera con la Cruz Roja, el viejo caserón había vuelto a sus arcaicas funciones de hospital…. Llegué por fin a la plaza Sorribas y entré sin ninguna dificultad en la tienda de mi tío Modesto. La puerta estaba reventada y no podía cerrarse…

            -¡Nos han robado todo, fíjate, nos han robado todo! ¡Esos malditos moros sólo nos han dejado un saco de lentejas…, a mí, que siempre he sido un hombre de derechas!

            … salí disparado de la tienda y ascendí al trote por la calle Estrecha llena de escombros, de un par de casas viejas, … Una vez en la calle Mayor, y desde el arranque de la cuesta de la iglesia, vi que la gran casona aledaña a la de los Gimeno estaba completamente destruida, llenando de un montículo de ladrillos, piedras y tierra, toda la anchura de la calle. Esta vez era de un bombazo directo y reconocí entre los escombros los restos de la fachada de la farmacia de Antonio Albalate.

            … en la carretera a la que bajamos por la cuesta de Abadía, dos postes de telégrafos que habían quedado enhiestos, lanzaban sus hilos en un vano intento de cruzar el río, porque al otro lado los postes caídos se perdían entre la vegetación. Pero justo sobre la carretera, de los hilos del telégrafo colgaban los restos de un cuerpo de un niño, las piernas y el principio del tronco, nada más; se veían los pantalones cortos de pana. Nadie miraba la espeluznante colgadura, la gente me parecí como aislada…

            … De las casas de la plaza porticada sólo se habían caído las dos que tenían la fachada  cara a la calle Estrecha, esparciendo sus viejos cascotes por la tierra dura de la plaza, enfrente del Ayuntamiento…”

Román Pastor pasó junto a su familia los días de bombardeo en la zona del monte. Cuando regresaron ya habían entrado las tropas de Franco en Híjar:

“… cuando llegamos al pueblo y entramos nos quedamos desconcertados. La mitad del pueblo estaba todo escachado, no se podía pasar por ninguna calle, aquello daba horror. Y en nuestra casa, no, en la de al lado, rozando a la pared nuestra y la de ellos, pero la bomba cayó en la de ellos. Cayó una bomba que cruzó toda la casa y fue a parar a la cuadra de las caballerías, pero no explotó, sino hubiera escachado las dos, la nuestra y la de ellos.”

Más adelante cuenta:

“… mi cuñado se llamaba Francisco Badal y era una familia numerosísima, había trece hermanos. Les tocó movilizarse cuando estaban los rojos en el pueblo, y estaban con los rojos. Había tres hermanos en la guerra… esa familia casi toda murió en el bombardeo. Estaban en un refugio muy malo, que eran de tierra, una cueva… y se metieron allí veintiocho … de la familia de mi cuñado estaban su padre, su madre y tres hermanas, y murieron las tres hermanas y la madre. Y el padre no murió, de puro milagro… una bomba tapó la boca de la cueva y murieron todos asfixiados…”

La buena memoria y la amabilidad de Lina Millán nos facilitan otra interesante información:

“… el domingo día 6 hubo un bombardeo, se cayeron dos o tres casas en el pueblo, una en el barrio verde, otra en la calle San Blas y la otra no me acuerdo… bombardearon más en La Puebla que aquí, pero aquí llegó también…

… el día 10 hubo 4 bombardeos… y estábamos en el refugio, cerca del castillo… a las 7 de la mañana empezaron a caer las bombas. Un hermanico mío que tenía 2 añicos, se ahogaba del polvo que había…

… al día siguiente no hubo más que tres. Me acuerdo que sacábamos las caballerías para ir al monte, y mi abuela iba a montar y mataron la burra, la bomba. La abuela no había montado aún… tuvo suerte… el tercer bombardeo no lo vi, ya estábamos en el monte.

La noche la pasamos en el refugio, los mayores iban y venían. Los pequeños nos quedábamos allí. No había nada preparado, allí sentados por el suelo, un poco de comida y a pasar el rato…

… el jueves y el viernes fue trágico.

… el bombardeo más gordo fue el que murieron los San Antón… que eran familia de mi marido… debió de ser a mitad de la mañana. El padre de los que mataron que era hermano de mi suegro, venía por la calle para comer y se encontró con menuda sorpresa. La culpa fue del refugio, que eran unas bodegas, murieron asfixiados.

De este hermano de mi suegro, Mariano, murieron seis, cuatro chicas y un chico. Dijeron que una no apareció, que si la habían llevado al hospital de sangre del Carmen, pero no apareció… los hermanos de mi suegro eran cinco hermanos y todos corrieron hacia el refugio, pero no les dejaron acercar… los soldados eran los únicos que allí trabajaron… los muertos de esta familia fueron María, Teresa, Pilar, Mariano, Matías y otra chica más. La que aún vive es la Joaquina. Eran Marquesán.

Había otra hermana soltera, con su padre. También murieron allí. Y otra que era casada con un niño, que el marido estaba en la guerra, también murió. Ella se llamaba Carmen.

Y aún fue peor, pues había otra, Pilar que era viuda, que se le murieron cuatro hijos. Creo que se llamaban Lola, Joaquina, Maticas y Antonio. Esa pobre mujer lo pasó muy mal. Estos eran Sancho. Vivió con su sobrina Joaquina, la que quedó viva. Ya lo pasaron mal, ya…

También murieron a otros que les decían los Badales. Milicianos también murieron algunos. Uno que había colgado en unos hilos, cerca de donde está ahora el club ese, en la carretera. Y en los viveros también, en una huerta que hay pasado el río cayó una bomba, hizo un pozo muy hondo y decían que había pillado a algunos…

Debieron de morir una treintena…

… ocurrió una cosa rara, al cabo de quince días, una yegua que tenían en la cuadra, donde estaba el refugio,  la oyeron relinchar, aún vivía… a los de esa casa les decían los Valericos…

… el pueblo quedó bastante deshecho. Hasta que no vinieron los de regiones devastadas que levantaron bastantes casas, pues deshecho. Algunos se lo arreglaron por su cuenta un poco…

… decían que habían sido los alemanes…

… los muertos los enterraron en fosas comunes. Alguna cruz han puesto, pero exactamente no saben…”

En cuanto a las personas que murieron no tenemos una relación exacta ya que no constan en el Registro Civil de Híjar. Esto es bastante normal en los bombardeos y sobre todo en el caso de los niños y de las mujeres. Una relación de algunos de los fallecidos sería:

María Sancho y sus hijos:

María Marquesán Sancho

Teresa              “              “

Pilar                 “              “

Mariano            “              “

Matías  “              “

?                   “              “

Pilar Sancho y sus hijos

Lola

Pilar

Matías

Antonio

Nicolás Sancho Gálvez

Carmen Sancho Turón y su hijo

? , hijo de Carmen

Quiteria Elhombre Casión

Isabel Casión Jariod

Justina Garay Romero y sus hijos

Justina Badal Garay

Carmen Badal Garay

Luisa Badal Garay

Todos ellos, excepto Quiteria Elhombre debieron morir en el refugio de San Antón. Quiteria murió en una torre cerca del río.

No ha sido posible averiguar el nombre de más muertos durante los bombardeos. Se ha hablado siempre de cerca de treinta. A los nombres conocidos tendríamos que sumar los que no conocemos, a algunos dados por desaparecidos, a los heridos que luego pudieran fallecer y a los militares muertos, ya que sabemos con total seguridad que varios de ellos fallecieron durante el bombardeo.

Lo que sí conocemos perfectamente son los daños que causaron los bombardeos franquistas sobre las casas de la Villa, gracias a la información que fue enviada con fecha de julio de 1942 para efectuar los descombros de los mismos con cargo a la Dirección General de Regiones Devastadas, merced a haber sido designada Híjar como pueblo adoptado por Franco.

La relación se hizo habiendo dividido previamente el pueblo en manzanas. Atendiendo a esta división y al nombre y al número de las calles en el momento, en que se hizo este informe conocemos las casas exactamente dañadas:

Manzana 3

Calle San Antón de los números 20 al 28

Manzana 4

Calle San Antón, números: 33, 34 y 35

Calle San Antón, números: 41, 42 y 43

Calle San Antón. Corral

Manzana 13

Calle Jardiel, números 21, 23, 25

Manzana 14

Calle Jardiel, números 5, 7 y 9

Calle Ainsa, números 1, 3 y 5

Calle Ainsa, números 19, 21, 23 y 25

Manzana 15

Calle Estrecha, números 2, 4 y 6

Calle Ainsa, número 12

Calle Ainsa, números 14, 16, 18 y 20

Manzana 16

Calle Estrecha, números 1, 3 y 5

Manzana 19

Calle Santa María, números 6 y 8

Calle Santa María, números 14

Calle Santa María, número 20, 22 y 24

Manzana 20

Calle Santa Rosa, números 1 y 7

Calle Santa Rosa, números 23 y 25

Calle Santa Rosa, número 43

Calle Santa Rosa, número 47

Manzana 21

Carretera Castellón, número 23

Manzana 25

Calle San Blas, número 29

Manzana 32

Cuesta de la sabina, número 8

Cuesta de la sabina, corral

Manzana 34

Carretera Híjar-Escatrón, números 1 y 3

Plaza San Blas –Iglesia-

Manzana 39

Carretera Castellón, números 71, 73

Calle San José, números 4, 6 y 8

Calle San José, números 12

Calle San José, números 16, 18 y 20

Plaza de San Blas, números 9 y10

Manzana 40

Calle San José, números 13, 15, 17 y 19

Calle Alta de la Virgen, de los números 15 al 23

Calle de San Blas, números 4, 6 y 8

Manzana 41

Calle San Roque, número 13

Calle Alta de la Virgen, número 16

Manzana 48

Calle Aguadores, número 48

Manzana 51

Calle del Plano, número 24

Total de destrucciones:  79 casas, la Iglesia de San Blas y dos corrales.

El total de metros cúbicos a desescombrar ascendía a la importante cifra de 28.464,831, de los que la partida individual más importante era la destruida  Iglesia de San Blas con 2.352 metros cúbicos de escombros.

Ante semejantes cifras de daños y ante la cantidad de casas destruidas, no parece tan exagerado el número de muertos que hubo durante los bombardeos. La razón de un número de muertos tan pequeño en relación con los destrozos, hay que buscarla en la gran cantidad de hijaranos, que se encontraban fuera de sus casas los días de los bombardeos. Ante la inminencia de la llegada del frente, de las batallas, de la cruel guerra, a las inmediaciones del pueblo, una mayoría de la población optó por abandonar sus casas y refugiarse en las masadas o en los montes o bien en la dura y difícil huida hacia tierras lejanas, que les llevarían finalmente hasta Cataluña y en algunos casos hasta Francia. Empezó así el exilio para un buen número de hijaranos.

La villa de Híjar es una más de las poblaciones aragonesas víctimas de las bombas de aviación en el período final de la guerra civil en tierras bajoaragonesas. Una más donde sus gentes, que no habían buscado ni deseado la guerra la sufrieron de forma intensa; una población más donde las mujeres y los niños pagaron la sinrazón de la violencia.

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