En defensa del pueblo palestino

por Cándido Marquesán

En defensa del pueblo palestino
Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

En defensa del pueblo palestino: Un Manifiesto de dos premios Nobel en el apartado de “Cartas al Director” en “El País”.

El 21 de julio de 2006 dos premios Nobel, José Saramago, Harold Pinter, y dos escritores, Jhon Berger, fallecido a inicios del 2017, y Noam Chomsky redactaron un manifiesto En defensa del pueblo palestino, que remitieron al  diario El País, el cual tuvo la deferencia de publicarlo en el apartado de Cartas al Director, dándole la misma importancia que  la carta  de un ciudadano que escribe al periódico para quejarse de los ruidos nocturnos del camión municipal de la basura o del incivismo de aquellos que dejan que sus mascotas orinen en puertas, fachadas o las aceras.  Lo transcribiré a continuación, porque, a pesar de los casi 12 años trascurridos, sigue siendo de actualidad. Aunque por lo que estamos observando, parece que nos la trae floja que entre las decenas de palestinos asesinados y  enterrados en Gaza hay un bebe de 8 meses. Nos preocupa mucho más el master de Cristina Cifuentes o el chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero. Este es el mundo que tenemos. Los grandes medios  de comunicación deciden hoy qué cosas  merecen ser conocidas y cuáles ser  silenciadas.

El periodismo que oculta la realidad, ese no es periodismo. Es otra cosa.   El periodismo que está triunfando hoy, es el de investigación, el independiente, el crítico con el poder, pero eso exige luchar contra muchas barreras poderosas. Las señalaba ya Henry David Thoreau en 1854 en Walden: “Asentémonos y esforcémonos para hundir profundamente los pies a través del lodo y del barro de la opinión, del prejuicio, la tradición, el engaño y la apariencia -ese aluvión que cubre el mundo-, de París y Londres, de Nueva York Boston y Concord, de la Iglesia y del Estado, de la poesía, la filosofía y la religión, hasta tocar fondo duro, rocas estables que podamos llamar realidad”.

 “En defensa del pueblo palestino”

El último capítulo del conflicto entre Israel y Palestina comenzó cuando las tropas israelíes cogieron a dos civiles, un médico y su hermano, en Gaza. Un incidente escasamente contado, excepto en la prensa turca. Al día siguiente, los palestinos cogieron prisionero a un soldado israelí -y propusieron negociar un intercambio con prisioneros tomados por los israelíes: hay aproximadamente 10.000 en cárceles israelíes.

Que este secuestro sea considerado un ultraje, mientras que la ocupación militar ilegal de Cisjordania y la apropiación sistemática de sus recursos naturales -principalmente, el agua- por las Fuerzas de Defensa (!) israelíes sea considerado como un hecho lamentable pero real, es típico del doble baremo que emplea repetidamente Occidente en cuanto a lo que acontece a los palestinos en los territorios que les fueron asignados por acuerdos internacionales durante los últimos 70 años.

Hoy un ultraje se sucede a otro; misiles improvisados se cruzan con otros sofisticados. Estos últimos, generalmente encuentran su objetivo situado donde los pobres viven desheredados y abarrotados, esperando lo que en un tiempo se llamó Justicia. Los dos tipos de misiles desgarran cuerpos horriblemente, ¿cómo pueden los jefes militares olvidar esto por un solo momento?

Cada provocación y contra-provocación es contestada y aireada. Pero las discusiones subsiguientes, las acusaciones y las promesas, todas ellas, sirven como una perturbación para distraer la atención mundial de una larga práctica militar, económica y geográfica cuya intención política es nada menos que la liquidación de la nación palestina.

Hay que decir esto alto y claro ya que esta práctica, declarada a medias y a medias encubierta, avanza rápidamente estos días, y, en nuestra opinión, hay que resistirse y reconocerlo constantemente y en todo momento”.

Supongo que en la breve introducción hecha, se habrán dado cuenta de que he dicho con grandes dosis de ironía,  El País, tuvo la deferencia de publicarlo en el apartado de Cartas al Director. Lamentable. Vaya criterio por parte de este diario, todo un referente en otras épocas para nuestra democracia. Hoy es otra cosa, muy distinta. Su derechización es total. Sus editoriales en muchas ocasiones parecen textos redactados por la Oficina de Prensa de Ciudadanos. El haber alojado tal manifiesto en el apartado “Cartas al Director” provocó de una manera justificada este texto de denuncia por parte del periodista Pascual Serrano, que he podido conocer en la revista digital Rebelión que trascribo a continuación , para que cada uno reflexione y saque sus propias conclusiones. Yo me he indignado profundamente, como supongo que lo harán quienes lo lean.

Hoy, 21 de julio, el diario El País publica un texto firmado por dos premio Nobel de Literatura, José Saramago y Harold Pinter. Junto a ellos, los escritores de prestigio internacional John Berger y Noam Chomsky. El escrito se titula “En defensa del pueblo palestino” y sólo ha merecido la consideración de una Carta al director por parte de los responsables del diario.

En plena masacre de un pueblo, una guerra regional que afecta a varios países y a toda la región, la crisis en el Consejo de Seguridad de la ONU, y miles de ciudadanos manifestándose en las calles, el pronunciamiento de cuatro escritores de prestigio internacional, dos ellos premio Nobel de Literatura, sólo cabe como Carta al Director si se posicionan con el débil, los palestinos.

Fue muy diferente en el año 2003, cuando Saramago escribió unas breves líneas criticando unas condenas a muerte en Cuba. Entonces mereció un privilegiado espacio como artículo de opinión en el madrileño diario, fue recogido además en todos los medios y agencias. Hoy no, una carta al director, como la de esa señora que escribe al periódico para quejarse de los ruidos nocturnos del camión municipal de la basura.

Los grandes medios deciden hoy qué opiniones merecen ser conocidas y cuáles son silenciadas. No importa que la voz sea de premios Nobel, la denuncia de un genocidio y la gente manifestándose por miles en la calle, si no les gusta apenas quedará un espacio en Cartas al Director.

Pero se habrán equivocado diarios como El País, sólo lograrán hundirse en el desprestigio. Porque muchos ciudadanos comprenderán la miseria de sus criterios de publicación y porque miles de medios alternativos le darán el lugar que le corresponde a las voces honestas para que puedan llegar donde los grandes medios no querían que llegasen. Y así, miseria a miseria, patraña a patraña, se irán quedando esos medios cada vez más solos, apenas acompañados de sus accionistas bancarios y financieros, sus anunciantes de automóviles y de telecomunicaciones, y los gabinetes de prensa de los partidos políticos que aún crean que lo que sucede en el mundo es lo que se dice en esos medios”.

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