Fernando Lalana: Tras la frontera

Entrevistado por Javier Ortiz Sánchez

Fernando Lalana
Fernando Lalana
Fernando Lalana
Fernando Lalana Es un escritor aragonés nacido en 1958.
Pese a ser licenciado en derecho y realizar el servicio militar en Melilla, su única profesión ha sido la escritura.
Con más de ciento treinta obras escritas en solitario o en colaboración con otros autores (como José María Almárcegui), se constituye como uno de los autores españoles más importantes en el terreno de la novela infantil y juvenil, lo que le llevó a obtener diversos reconocimientos como el premio Gran Angular (en tres ocasiones: 1984, 1981 y 1994), el premio El Barco de Vapor, el premio Cervantes Chico y el premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil, entre otros.

Fernando Lalana escribe Tras la frontera en 1997, con una nueva edición datada del año 2016. En esta novela más cercana a la literatura adulta, parece que Lalana emula los espacios y escenarios de la Divina comedia de Dante Alighieri, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. A estos tres escenarios o espacios, Lalana añade en su obra, además, la Tierra y La Gloria. En cada uno de estos cinco escenarios podemos encontrar una historia con una cierta carga moral.

En el Infierno, podemos encontrar un demonio amable con los “condenados”, por no considerarlos a todos iguales, ya que bajo su punto de vista, el crimen cometido y las premisas de este deben influir en el castigo que este condenado reciba. Debido a este comportamiento, es llevado ante la administración infernal, y bajo la premisa de su jefe: “No es usted un buen diablo” es desterrado a la Tierra, no sin antes liberar furtivamente a uno de esos condenados que, a su juicio, no merece estar allí, llevándolo con él a la tierra y abandonándolo allí.

En el Purgatorio podemos encontrar la irrealidad de un hotel de lujo al que llega un tal Evaristo Rocafort, un personaje malhablado, grosero y supersticioso al que el personal del hotel le devuelve el mismo trato multiplicado exponencialmente. Malas caras, golpes y un café sobre su traje le llevan ante el director del hotel, que le explica rudamente que ha muerto, que se encuentra en el purgatorio, donde se encuentran las malas personas que “sin llegar a la categoría de criminales, repugnan a la esencia misma del hombre”. Evaristo solo podrá salir de ahí cuando alguien de la Tierra tenga un recuerdo amable de él. Ante la imposibilidad de que esto ocurra, el director del hotel le ofrece su puesto a cargo del Purgatorio y se marcha, reprimiendo el pensamiento de que Evaristo le ha hecho un favor.

Llegando a la tierra nos encontramos con una historia que narra cómo tiene lugar un atentado terrorista protagonizado por Titu, Marzo y un personaje anónimo. No conocemos la razón por la que se produce el atentado, lo que sí sabemos es que “la plaza de la catedral”, se llena de personal dedicado a la seguridad pública, mirones y curiosos, que se acercan a contemplar el enorme cráter que una furgoneta con treinta y seis kilos de explosivo y metralla han dejado ahí. Los tres terroristas se acercan también a admirar su obra, y el personaje sin nombre decide permanecer allí, impasible e inmóvil, mientras toda persona, incluidos sus amigos, se marchan. Una vez solo, se encuentra con un personaje que emerge de un “torrente de luz roja”, es el terror, la forma que debe tener el terror, y que casualmente, se parece a la figura del tercer terrorista.

Subiendo al cielo, encontramos a Carmelo, un ángel arpista en la orquesta celestial, rebelde y desobediente que, por una desavenencia con su director es expulsado del conjunto y enviado a Colombia, para actuar como ángel de la guarda de Virgilio, un niño de doce años que vive en un pueblo económicamente estable, y cuyo único deseo en la vida es crecer y alistarse en la guerrilla, para defender la revolución colombiana junto a su hermano. A lo largo de su adolescencia, pasa por su pueblo la guerrilla, que se lleva a los jóvenes para combatir, también el ejército, que arresta e interroga personas y por último los paramilitares, que matan e incendian el pueblo. El Arcángel Gabriel manda llamar a Carmelo, ordenándole no ocuparse más de Virgilio, ya que va a alistarse en la guerrilla, y quién elige el camino de la violencia no puede gozar de la protección celestial. Ante esta situación, contagiado de las ideas revolucionarias y de su amor por el niño, Carmelo pierde sus alas y abandona el cielo para cumplir la función que se le encomendó cuando Virgilio tenía doce años.

Por último, La Gloria, el escenario donde el autor junta a todos los personajes ilustres de la historia que ya fallecieron, desde Ernesto “Ché” Guevara, Einstein o Newton hasta Francisco Pizarro, Colón o Cervantes. La Gloria, para algunos, se ha convertido en un lugar en el que ya todo el mundo puede ingresar sin ninguna dificultad, por lo que deciden cerrar las puertas con llave para impedir la entrada. La facción denominada por el “Ché” como la “mafia española”, formada por los ilustres del siglo XVI, se enfrenta a los cineastas, actores, bailarines y pintores del siglo XX para permitir la entrada en La Gloria a un nuevo ilustre, que lleva largo tiempo esperando a las puertas. Tras una discusión entre el “Ché” y Francisco Pizarro, con una breve intervención de Einstein, deciden que la entrada debe permitirse por voto unánime de todos los habitantes de La Gloria. John Lennon es quien espera a las puertas de La Gloria, y tras solicitar educadamente una guitarra y cantar su famosa Imagine le es permitida la entrada.

Entrevista a Fernando Lalana por Javier Ortiz Sánchez
Entrevista a Fernando Lalana por Javier Ortiz Sánchez

Fernando Lalana: “Sospechaba que escribir era un trabajo bonito”.

 Qué es para ti la escritura; tu visión como escritor de más de ciento treinta libros, ganador de tres Premios Gran Angular, el premio Cervantes Chico, el premio Barco de Vapor, entre muchos otros…

Es un poco raro, yo en realidad nunca he tenido vocación de escritor, no pensaba serlo, pensaba ser arquitecto o algo así. Hice la carrera de derecho y en algún momento pensé que sería mi vida profesional. Pero realmente siempre me he considerado un poco mercenario. Yo escribo porque en un momento dado, me di cuenta de que podía ser una buena manera de ganarse la vida y siempre he pensado que era un trabajo más bonito que la mayoría, que eliges por el cariño de la gente, y quizá por eso, a pesar de no tener mucha vocación, pues me he mantenido en esto hasta ahora y ya con la edad que tengo, supongo que seguiré hasta que me jubile o me falten las ganas.

Usted se licenció en derecho, e hizo el servicio militar en Melilla…

Lo menciono siempre, porque mi novela de gran éxito fue Morirás en Chafarinas y como tienen que ver con el servicio militar… No conté mi servicio militar, pero sí inventé una historia de ficción que se desarrollaba en el mismo cuartel en el que yo había estado.

 Y llevada al cine.

Si, la llevó Pedro Olea.

Estudia en la universidad, termina el servicio militar, y tras ganar varios certámenes se da cuenta de que escribir es lo que se le da bien, y decide que es su vocación.

A la vuelta de la mili, que ya era lo único que me quedaba por hacer, yo ya había publicado mis primeros libros infantiles en los años de la universidad. De hecho, El secreto de la arboleda que es mi primer libro, de muchísima venta aun hoy, se publicó durante mi servicio militar. Bueno, El secreto de la arboleda me sirvió para darme cuenta de que en aquellos años se ganaba mucho dinero con la literatura infantil en España, cosa que ahora no pasa, de manera que vi una posibilidad profesional cuando ya me había dado cuenta de que se me daba bien y decidí probar a ver si era posible ganarme la vida con esto de la literatura, ya que yo sospechaba que escribir era un trabajo bonito.

¿Qué puede contarme del proceso de creación literaria? Su servicio militar y sus vivencias influyeron de alguna manera, por lo me ha contado.

En las primeras novelas, como hemos hecho muchísimos autores, utilizaba las cosas que ya había vivido, que conocía, por lo menos para crear los escenarios y ambientar mis historias. La primera novela al dar el salto del cuento infantil a la novela juvenil, El zulo, hablaba sobre gente de teatro porque éste ha sido una de mis grandes aficiones, posiblemente la más intensa. Estuve en varios grupos de teatro y eso sí que de alguna manera ha condicionado mucho mi vida. Esta novela que escribí hablaba sobre gente del teatro. Seguía siendo una ficción, pero salía mucha gente camuflada como personaje literario que era de verdad.

 Hay escritores que solo creen en ser concienzudo y constante para escribir. ¿Usted cree en la inspiración como una herramienta a la hora de escribir? Como una ayuda…O simplemente cree en conocimiento y estructura.

No, yo creo en el trabajo, en ponerte a ello, aunque no tengas ganas, en buscar rituales para entrar en esa situación en la que parece que las cosas fluyen y se van resolviendo los problemas que te planteas cuando todavía no tienes más que una estructura para una nueva historia. Creo muy poco en la inspiración. Y mira que me preguntan los chavales cuando voy por los institutos. Las primeras preguntas que me hacen son sobre la inspiración… ¿De dónde viene la inspiración? (Ríe). Y me cuesta mucho decirles que yo no creo en la inspiración. A veces me invento una respuesta que más o menos tiene que ver con eso, pero no me parece que la inspiración tal y como la entendemos funcione para escribir. Quizá para otras manifestaciones artísticas…

 ¿Ha escrito alguna vez una novela por encargo?

Sí, no en muchas ocasiones, pero últimamente reconozco que, por ejemplo, Escartín en Lima, mi última novela, es muy cercana a una novela por encargo. He ido un par de veces a Perú, donde algunas novelas mías se venden bastante bien y alguna noche, con unas copas de más, charlando con  el delegado de la editorial de allí, me propuso escribir una novela que se desarrollase en Perú ya que seguramente la venderían mucho mejor…Y aquella noche me comprometí a escribirla. Es una cosa que he hecho poquísimas veces porque normalmente el proceso es el contrario, primero me planteo una historia y luego pienso a que editorial se la puedo colocar. Pero en aquel caso todo empezó al revés. Para mí una novela de encargo tiene que llevar asociada un adelanto. Que te den un talón con bastantes ceros para que puedas vivir mientras escribes la novela. Esto no me ha pasado nunca ni creo que me pase. La sensación de haber escrito, haber mencionado lugares, haber hecho pasar la acción por determinadas ciudades porque me lo han pedido, forma parte de alguna manera del encargo. Aquí, ya a la vejez, aparte de escribir cosas que no había pensado nunca escribir, también me he acercado quizá a esto que nunca pesaba que haría, a escribir casi por encargo.

Tiene novelas como Comando Gorki, cuya trama se desarrolla en un internado Siberiano. ¿Cómo es el proceso de documentación para este tipo de novelas?

Fue muy largo.

 Ocho años…

Sí, ya que lo mencionas, junto con Almogávar sin querer, pero en este caso por razones completamente distintas, es la novela que más tiempo he tenido entre manos. No sé por qué, de donde surgió el interés por contar una historia allí, bien lejos, en Siberia en los años de la guerra mundial. El caso es que fui viéndome en la obligación de ir avanzando en aquello y lo hacía muy poquito a poco, en medio de otros proyectos, pero el resultado me gustó mucho. Ahora la han seleccionado para el Premio Hache en Cartagena y estoy encantado. Es una novela de los últimos años y quizá de las que a mí más me gustan porque se aparta bastante de mi estilo habitual, de novela negra o de detectives y me encanta la posibilidad de ir a Cartagena a defender mi novela frente a los otros finalistas, si la votan los chavales de Cartagena.

Aurelio tiene un problema gordísimo…El niño que crece treinta y cuatro centímetros en una noche. Yo cuando era niño le decía a mi madre: “yo algún día seré como Aurelio”. Ya está visto que no ha ocurrido… Y ella me decía: “hijo, esas cosas solo pasan una vez en la vida”.

Aurelio es un muy buen ejemplo de la literatura que yo hacía con José María Almárcegui. Alrededor de veintidós libros publicados fueron escritos a medias con José María. No en todos los casos, pero sobre todo cuando se trataba de literatura infantil eran historias de José María. Era un tipo muy peculiar, con un mundo personal de lo más pintoresco y claro, me proponía historias muy diferentes de las que suelo preparar yo cuando escribo solo. Esa es una historia que define muy bien personajes que él me confesó que eran de verdad, como el Doctor Bálsamo, inspirado en uno de los médicos que lo atendió a él cuando era más joven. Estoy seguro de que él era un chaval raro en el colegio y por lo tanto historias de gente especial a él le venían al pelo. Eran historias muy personales. Yo, más allá de lo que te he contado, como utilizar un escenario, nunca cuento nada personal, la inmensa mayoría de las historias de José Mari tenían que ver con él. Él estaba en todos los personajes y Aurelio es uno de los mejores ejemplos de esa manera de hacer suya. Lo echo mucho de menos, murió hace ahora unos tres años.

¿Cuál fue su relación, tanto a nivel personal como en el proceso literario, con José María Almárcegui?

Con él no era sencillo. Muchas de las historias que me proponía nunca las plasmamos en un libro. José Mari y yo nos conocíamos prácticamente desde niños. Era más joven que yo, pero fuimos juntos al colegio. Realmente trabamos buena amistad en uno de los grupos de teatro en los que yo intervine, donde a él lo llamaron para hacer decorados, para ser escenógrafo, para lo que tenía un estilo artístico muy personal. Y a partir de ahí yo empecé a ver que tenía historia en la cabeza realmente singulares y muy diferentes de las mías y de cuando en cuando, me llamaba, venía a casa y me contaba una, dos, tres historias en una tarde y de vez en cuando algo había en alguna de ellas, y yo le decía: “esto merece la pena que lo trabajemos”. Por supuesto de la parte literaria me encargaba yo. Él no escribía mal, pero era un escritor muy lento, excesivamente exquisito, como para terminar un libro en el periodo de una vida, y nunca publicó nada por su cuenta. Pero tenía una cabeza privilegiada para plantear historias sobre gente que se sale de lo habitual. He hecho libros a medias con otros, como José Videgain, con quién es una delicia trabajar, comparado con José Mari, que era un tipo caótico.

 De Aurelio tiene un problema gordísimo pasamos a Morirás en Chafarinas… Esa evolución de la literatura infantil a una literatura más juvenil, ¿se adapta a tu evolución personal o a la evolución de la generación que tú captaste en un determinado momento, con la que decidiste ir avanzando?

Es un descubrimiento que yo hice casi desde el principio. Mi primer libro es El secreto de la arboleda y publique algún otro libro de relatos y eso, y mi tercer libro fue El zulo, es novela juvenil de características muy parecidas a las que sigo haciendo ahora. Realmente, yo descubrí la literatura juvenil en la entrega de premios de El secreto de la arboleda, que quedó finalista del premio Barco de Vapor. Yo no conocía esto de la literatura juvenil porque la gente de mi edad no la leía, pasábamos de los cuentos infantiles clásicos a los autores de mayores empezando por los asequibles. Eso de que se pudiera escribir un producto literario enfocado comercialmente a adolescentes es algo que yo descubrí en el año ochenta y dos cuando se hizo aquella entrega de premios. Pensé que aquello me gustaba y que lo podía hacer incluso mejor que los que habían ganado ese año (ríe).

¿Qué opina de la literatura en el ámbito educativo? En El lago de los cisnes, por ejemplo, ese libro donde ellos bailan ballet y ellas juegan al fútbol.

Quizá es de los pocos libros…Bueno, no lo sé, porque cuando escribes un libro sincero, siempre estás poniendo al lector frente a algún tipo de descubrimiento o de alternativa moral. Qué crees tú que está bien, qué está mal.

Muchos de sus libros reflejan ciertos valores muy importantes.

Exacto, pero es una cosa no muy premeditada, te lo aseguro. Yo creo que surge simplemente de la necesidad de encontrar historias interesantes para gente joven. A mí me cuesta más trabajo que escribir para mayores. Hay un intento siempre de hacer literatura atractiva y el ámbito escolar, yo creo que ha sido la salvación para la mayoría de los escritores de literatura infantil y juvenil. A partir de mediados de los ochenta en la escuela española empezó a sentirse un interés enorme por la lectura como base del conocimiento y eso nos benefició muchísimo a los que estábamos metidos en ella. Empezaron a demandar libros de autores españoles, contemporáneos, que incluso pudiéramos ir a charlar con los lectores, una cosa que antes era impensable. Sigue siendo la base de las ventas y por tanto del sueldo que nos ganamos los escritores en España. Si un libro funciona bien en colegios e institutos, los maestros lo recomiendan, les parece atractivo, pues de ahí surgen como el ochenta por ciento de las ventas que tenemos.

Ahora vamos a hablar de su novela Tras la frontera. Publicado en 1997, editado en 2016.

Era un conjunto de relatos…Uf, estás haciendo que haga un esfuerzo de memoria tremendo.

El Infierno, el Purgatorio, la Tierra, el Cielo y La Gloria. Como la Divina comedia, de Dante Alighieri…

Sí, bueno (ríe). Aquello fue para un colega y amigo, de quién no logro recordar el nombre. Este colega montó una editorial pequeñita en Requena, Valencia. Por alguna razón, quedó conmigo y me pregunto si quería darle algo, alguna pieza para empezar. Y lo que hice fue rebuscar y encontré estos cinco relatos que podían tener una cierta relación entre ellos.

Con demonios benévolos y ángeles desobedientes…

Sí, sí, exacto. Eran relatos que yo no pensaba ni veía posibilidades de publicar. Pero al aparecer este amigo, con un poco de esfuerzo, le dije: “Bueno, si te interesa esto”. Luego él estuvo varios meses con la editorial e incluso creó un premio literario y bueno, como todas las cosas que merecen la pena, se acabó y termino cerrando.

Junto estos relatos a modo de ayuda.

Sí, bueno. Cuando alguien me ha pedido ayuda para darle algo que publicar, para una primera editorial que piensa que vale la pena publicar algo mío, yo siempre he tratado de responder. A veces con alguna cosa que no me supusiera mucho esfuerzo, que no interfiriese con el proyecto en que estaba metido en ese momento, pero buscando por los cajones, cosas que escribes siempre sale algo.

Ahora hay un concurso literario que lleva su nombre.

Sí, aquí en el Casco Viejo buscaron nombres más o menos conocidos para ponerles a unos premios, y al literario le pusieron mi nombre. Uno de los años este editor de Requena que te he contado ganó el premio Fernando Lalana.

¿Le gusta John Lennon?

Sí, pero no soy un fan. Pero Imagine me parece una de las mejores canciones, a mí y a mucha gente. Reconozco que por alguna razón, me regalaron un libro con la traducción de las letras de muchas canciones y al ver la traducción de Imagine decidí utilizarla para este libro.

 Usted lo hace digno de entrar en La Gloria, con los personajes más ilustres.

No solo eso, incluso lo vuelvo a mencionar, en la misma circunstancia en Parque muerte, que termina también en La Gloria y la chica protagonista, está por allí haciendo canciones y tiene de vecino a John Lennon. Y si, en el último relato de Tras la frontera vuelvo a sacar a Lennon, o sea que me reafirmo en que, si hay alguien que merece estar en La Gloria, es John Lennon.

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