Poner fin al silencioso mercadeo de armas…

por Cándido Marquesán

Poner fin al silencioso mercadeo de armas

Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

Tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas 

Acaba de ser noticia el asesinato de 40 niños en Yemen por bombardeos de la coalición comandada por Arabia Saudita. La capacidad de crueldad del ser humano es inagotable. Al respecto   me parecen muy oportunas las reflexiones  del libro El patriota y otros ensayos del inglés Samuel Johnson, compuesto por una serie de artículos escritos entre 1750 y 1760. Todos ellos son de un profundo calado humano, destacando entre ellos, uno de título impactante y provocador, La visión que el buitre tiene del hombre, motivado por las atrocidades de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en el que pretende denunciar la crueldad humana. Nos relata que un pastor de Bohemia escuchó a una buitre adulta, que instruía a sus polluelos en las artes de la vida y les recordaba el sabor de una comida deliciosa, pues con frecuencia les ha ofrecido la carne del hombre. –Cuéntanos -dijeron los jóvenes buitres– dónde se puede encontrar al hombre y cómo puede ser reconocido. –Los buitres– contesta la madre –disfrutamos de su carne con frecuencia, gracias a que la naturaleza, le infundió una extraña ferocidad, que nunca he visto en ningún otro ser que se alimente sobre la tierra. A menudo ocurre que dos manadas de hombres se encuentran, estremecen la tierra con ruidos y llenan el aire de fuego. Cuando escuchéis bullicio y veáis fuego, con destellos por todas partes, acudid al lugar con el más veloz vuelo, pues sin duda los hombres estarán destruyéndose unos a otros. Encontraréis entonces el suelo teñido de sangre y cubierto de cadáveres, para conveniencia de los buitres. –Pero una vez los hombres han matado a su presa -dijeron los pupilos–, ¿por qué no se la comen? Cuando un lobo mata a una oveja, lucha para que los buitres no la toquen hasta que él haya quedado satisfecho. ¿El hombre no es otro tipo de lobo? –El hombre –dijo la madre– es la única bestia que no devora lo que mata, y por ello es un gran benefactor para nuestra especie. –Si los hombres matan a nuestras presas y nos las dejan-dijo uno de los jóvenes– ¿por qué esforzarnos tanto? –Porque a veces el hombre –contestó la madre– se queda por un largo tiempo en su guarida. Cuando veáis a muchos hombres acercarse a otros tantos, como una manada de cigüeñas, concluid que están cazando y que pronto os deleitaréis con sangre humana.

Por otro lado, tal como señala el reportaje de La Vanguardia de 11-VIII-2018  La fatiga de la empatía,  cada vez hay más personas aquejadas de la enfermedad de la fatiga por compasión, una incapacidad de articular una respuesta empática ante tanta desgracia junta como sucede en el mundo, y que aseguran sentirse totalmente superadas por la exposición constante a las malas noticias –crisis migratorias, guerras, desgracias medioambientales, corrupción…– que los medios de comunicación –y ahora también los medios en línea y las redes sociales– difunden las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año. Según el sociólogo de la UOC Francesc Núñez, “la empatía tiene un rendimiento decreciente con las malas noticias. No anda descabellada tal valoración, ya que pronto otra noticia lamentable y grave nos hará olvidar la anterior. Espero que la muerte de estos 40 niños en Yemen siga vigente en nuestra memoria durante mucho tiempo. La foto del niño sirio, Aylan Kurdi, que apareció  ahogado en 2015 en una costa de Turquía ya se nos ha olvidado.

No obstante, quiero detenerme en las circunstancias del asesinato de estos 40 niños yemeníes. España vendió el pasado año material de defensa por más de 361 millones de euros a los países que forman parte de la coalición internacional liderada por Arabia Saudí y que participa en la guerra de Yemen.  En total, España exportó 4.346,7 millones de euros el pasado año en material de defensa y doble uso, un 7,3% más que en 2016 y la cifra más elevada de los últimos años.

Entre ellos, Arabia Saudí es el principal cliente de la industria de defensa española fuera de la OTAN y la Unión Europea. En concreto, España exportó al país 270,2 millones de euros. Pero además de Arabia Saudí, en la coalición participan con mayor o menor implicación otros países como Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán o Senegal.

En el caso de Emiratos Árabes, España le vendió en 2017 material de defensa por un importe cercano a los 53 millones de euros. Qatar compró a la industria española 8,1; Egipto 12,6 millones; Marruecos 16,7 millones; Jordania 888.490 euros; Bahréin 33.550 euros; y Senegal 10.244 euros.

Y en el cénit del despropósito, cabe recordar la concesión en el 2012 del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea por “más de seis décadas contribuyendo al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”, podría conducirnos a una conclusión errónea. Fijémonos en las palabras “en Europa”. Los Estados de la UE pueden armar a todos los países allende de sus fronteras para que se masacren entre sí; o, en otras palabras, la UE puede contribuir “al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa” –que tampoco es cierto, vista la ausencia de justicia social de las políticas neoliberales de la UE–, y hacer todo lo contrario fuera de Europa. No en vano, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), ocho de los 20 países que lideran la exportación mundial de armas en el período de 2007-2011 son de la UE: Alemania, Francia, Reino Unido, España, Holanda, Italia, Suecia y Bélgica.

La conclusión es clara. Los países que venden armas a los miembros de la coalición encabezada por Arabia Saudí, entre los que está España son cómplices de esas masacres humanas. Por ello, me parce muy oportuno la reproducción del Discurso de Gervasio Sánchez en la entrega de los premios Ortega y Gasset de fotografía 2008 convocado por El País, pronunciado el 7 de mayo de 2008 ante la presencia de la Vicepresidenta del Gobierno de Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, varias ministras y ministros, exministros del Partido Popular, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, el Alcalde de Madrid, el Presidente del SenadoUn discurso extraordinariamente sincero e impregnado de denuncia a la hipocresía de muchos gobiernos. De apenas cuatro minutos. Gervasio es de esos profesionales que ennoblecen la profesión que ejercen, porque tal como el mismo en cierta ocasión dijo  “Creo que los periodistas tenemos que ser, como decía el viejo maestro Ryszard Kapucinski, “indeseables, inoportunos y certeros en nuestra impertinencia”. Otros periodistas, en cambio, la envilecen. Quiero reflejar una anécdota personal. No recuerdo cuándo, como mínimo hace unos 20 años, pude conocerlo personalmente. Lo que sí sé que fue con motivo de una charla-conferencia sobre conflictos bélicos internacionales impartida en el IES “Cardenal Ram” de Alcañiz. Además de sus palabras convincentes, disfrutamos de un repertorio de fotografías de primera mano, tomadas en los países más conflictivos del mundo. No se me ha borrado todavía de la memoria una en la que aparecía el nicaragüense Daniel Ortega, subido en un caballo escalando unas abruptas montañas, en campaña electoral para el Frente Sandinista. Vaya situación actual en Nicaragua.

Discurso de Gervasio Sánchez en la entrega de los premios Ortega y Gasset de fotografía 2008 convocado por El País, pronunciado el 7 de mayo de 2008.

“Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi. Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias”.

Cándido Marquesán

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