Luchar contra la despoblación

por Antonio Jesús Gorría Ipas

Luchar contra la despoblación

Antonio Jesús Gorría Ipas
Antonio Jesús Gorría Ipas, Profesor de Geografía y Ordenación del Territorio. Concejal de Desarrollo Rural del Ayuntamiento de Ansó

¿Solo se puede luchar contra la despoblación con fondos europeos?

En las últimas semanas hemos leído planteamientos de distintos políticos y administraciones públicas en relación a solicitar programas comunitarios para afrontar la despoblación. Está bien reclamar este tipo de políticas pero la problemática es demasiado urgente para resolverla exclusivamente con medidas de la U.E, generalmente muy lentas en su aplicación, y, sobre todo, si tenemos en cuenta que buena parte de la responsabilidad es de políticas regionales o estatales.

Hay problemas cuya posible solución recae en las competencias que tienen nuestras administraciones y, en nuestro caso, la Diputación General de Aragón. En su día, por criterios exclusivamente de rentabilidad económica, se eliminaron de muchas zonas rurales una serie de servicios que se fueron centralizando en determinadas cabeceras. Un proceso que puede ser lógico pues, en principio, es imposible aspirar a que todos los servicios estén a disposición de todos los ciudadanos en su lugar de residencia. Digo en principio porque cuando se diseñan estas políticas de concentración deben ir acompañadas de un Plan que garanticen el acceso, sobre todo de los servicios básicos, a todos los ciudadanos y esto es lo que no ha ocurrido, o se ha planificado defectuosamente.

Señalaré un caso concreto ¿es lógico que en un viernes del mes de julio no haya un pediatra en poblaciones como Ansó ni en su Centro de Salud de Echo? La solución es desplazarse hasta Jaca, a más de 50 km y casi una hora de viaje, para acceder al servicio de pediatría. Se me dirá que estoy exagerando pues en ambas poblaciones hay médicos, y es cierto, pero el protocolo dice que el niño debe ser atendido por un pediatra, no por un médico de medicina general. No estoy en condiciones de aconsejar como se deben planificar los servicios sanitarios, pero eso no me impide que valore la calidad del servicio y llegue a la conclusión de que no funciona o es muy mejorable. No funciona ni para los intereses de la población autóctona, que lleva tiempo reivindicando unos servicios sanitarios adecuados, ni para la población estacional que se multiplica en el período estival.

Algo semejante ocurre con la educación que obliga a muchos estudiantes de corta edad a desplazarse casi una hora de ida y otra de vuelta para acudir al centro de educación. Ambos son dos ejemplos de servicios básicos (hay más ejemplos) que determinan que los jóvenes matrimonios de muchos núcleos rurales opten por fijar su residencia en las cabeceras comarcales aunque sigan teniendo su puesto de trabajo en el medio rural. Es un proceso que acentúa la despoblación rural y para cuya solución no es necesario esperar planes de la Unión Europea, que siempre serán bienvenidos, existen recursos y medios para trabajar y aplicar desde las Administraciones más inmediatas. La sanidad y educación son competencia de las administraciones autonómicas y las impositivas también de éstas y de la administración estatal. Los impuestos se pagan de la misma forma en el medio rural que en las ciudades pero los servicios a los que tienen acceso no se disfrutan con las mismas oportunidades en dichos ámbitos territoriales. Estoy seguro de que la opinión que expongo se puede calificar, ya se me ha trasmitido, de demagogia y con planteamientos populistas, quizá haya también que redefinir estos conceptos tan alegremente utilizados.

Antonio Jesús Gorría Ipas

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