Poder y populismo

por Javier Jiménez Olmos

Poder y populismo
Javier Jiménez Olmos
Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED.
Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

No es ningún descubrimiento que las relaciones internacionales (las nacionales, locales y las humanas en general) están marcadas por los intereses. Sin embargo, sería deseable que esos intereses se persiguieran de una manera equilibrada y justa, de modo que cesaran los abusos y explotaciones que los poderosos han ejercido sobre las personas más vulnerables y los Estados más débiles

La  justificación de esos  intereses egoístas, marcados por la codicia y la insolidaridad, ha encontrado excusas en la defensa de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Una actitud hipócrita que ha provocado invasiones de terceros países y la condena de ciertos regímenes políticos mientras que a otros del mismo signo se les ha protegido cuando no ensalzado.

Otra excusa para las intervenciones en defensa de intereses nacionales o de grandes compañías transnacionales ha sido la búsqueda de la paz. Un comportamiento no exento de cinismo porque los datos objetivos demuestran que los países que más armamento poseen, incluido el nuclear, son aquellos que más intervienen en guerras y conflictos armados, y que deciden sobre dónde, cómo y cuándo intervenir a través de sus decisiones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Los intereses de los poderosos, que con hipocresía y cinismo, controlan los recursos naturales y sus vías de transporte y distribución. Un control ejercido con el dominio de la economía,  la tecnología y la fuerza (casi siempre militar), sin olvidar la importancia de la manipulación de las mentes a través de la cultura dominante al servicio de ese poder. Un poder ejercido por los Estados, las grandes corporaciones multinacionales y la finanzas.

A los intereses de las élites del poder no les importa provocar y mantener guerras  como las que tienen lugar en Oriente Medio y África, y tensionar las relaciones que puede conducir a conflictos armados en Asia, como puede ser el caso de los países con aguas en el Mar de China, y la enemistad entre India y China; o en América con  Venezuela, Nicaragua y Cuba que también son foco de probables conflictos civiles.

El poder necesita manipular, crear súbditos acríticos, seguidores incondicionales. Para ello se vale de los medios de comunicación tradicionales; sobre los que posee su propiedad directa o indirecta; se sirve de la moderna tecnología penetrando en las redes sociales; y lo hace, por último, valiéndose de la cultura, por medio del cine y los productos audiovisuales principalmente.

La crisis económica, que se ha traducido en una crisis del sistema ha contribuido a que aparezcan los llamados populismos. El populismo es un concepto que no tiene una definición unánime, entre otras razones porque se usa como término peyorativo para acusar de ello al adversario político. No obstante, se podrían considerar algunos rasgos comunes

  • Ambigüedad, no tiene adscripción ideológica al modo tradicional
  • Autorrepresentatividad de la voz del pueblo
  • Liderazgos personalistas

El populismo se nutre de las emociones que provoca el descontento y que hacen que los individuos se refugien en el nacionalismo o la religiosidad. Los populismo se aprovecha de los medios tradicionales y de las redes sociales para lanzar discursos simplificadores, sencillos y directos para ofrece soluciones rápidas y contundentes a los problemas complejosEl populismo es otra forma de poder manipulador.

El populismo se oferta con dos caras que a veces van unidas. Por una parte, la lucha contra el poder establecido, contra la élites; en este caso podría decirse que es heredero de la revolucionaria lucha de clases. Por otra, recurre a las emotividades de corte conservadora como puede ser la nacionalista: “la defensa de lo nuestro frente a lo de los otros”, “la verdad y el bien contra la mentira y el mal”.

La crisis ha causado desempleo, desigualdad y pérdida del Estado de Bienestar en los países desarrollados, algo que ya sufría la mayor parte de ese llamado tercer mundo subdesarrollado. La búsqueda a la desesperada de elementos salvadores ha permitido que esas voces “salvadoras” recurran a argumentos identitarios. Al mismo tiempo han señalado al diferente de la culpa de todos los males provocados por la crisis, y han fomentado la islamofobia, la xenofobia y el racismo.

Y se ha caído en la trampa del poder una vez másporque para liberarse de su responsabilidad ha traspasado la culpa a al que bien de fuera o incluso a los a los propios del país: “nos viene a quitar nuestro trabajo y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Lo cierto es que las clases medias y populares han creído el mensaje y lo han reflejado en las urnas. ¿O no es lo que ha sucedido con el Brexit o en Italia?

¿A quién beneficia entonces el populismo?

¿No será que el poder necesita ofrecer otras caretas para perpetuarse y seguir obteniendo réditos económicos?

El poder necesita del miedo para subsistir, provocar inseguridad para aparecer como salvador, y para hacer negocio: los beneficios de la seguridad y de las guerras.

Nota: Este artículo es el preámbulo de lo que se tratará en este curso  “La seguridad internacional en la era de la globalización”

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

Javier Jiménez Olmos

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