Una gran estafa global

por Antonio Piazuelo Plou

Una gran estafa global
Antonio Piazuelo Plou
Antonio Piazuelo Plou, Ingeniero Técnico Industrial, ex diputado del PSOE

Hace falta ser muy cínico o muy ignorante para no comprender que, en realidad, la Gran Recesión con la que acabó la primera década del siglo XXI no fue más que la Gran Estafa Global

Se acaban de cumplir diez años desde aquel día aciago en que el histórico banco Lehman Brothers se vino abajo, inaugurando así con estrépito la crisis económica más terrible que la Humanidad recuerda desde los años treinta del siglo pasado. Si ahora, una década más tarde, volvemos la vista atrás podemos contemplar un panorama social devastado por el monumental crack bancario en el que acabó aquel loco casino financiero y por los ingentes recursos económicos que los estados occidentales tuvieron que aplicar para sacar a sus bancos de la sima a la que los arrojaron sus responsables (¿no sería mejor llamarlos irresponsables?).

Aquel desastre formidable vino precedido por una inyección masiva de ideología neoliberal, según la cual la orgía especulativa que siguió a la privatización y desregulación de la actividad financiera no era sino la condición necesaria y suficiente para que la riqueza y el bienestar se extendieran por todo el planeta y a todas las capas sociales. Sin embargo, los sumos sacerdotes del neoliberalismo ocultaban cuidadosamente que sus recetas solo servían para llenar los bolsillos de las élites hasta extremos indecentes mientras sentaban las bases de la catástrofe que empobrecería a la inmensa mayoría. Hace falta ser muy cínico o muy ignorante para no comprender que, en realidad, la Gran Recesión con la que acabó la primera década del siglo XXI no fue más que la Gran Estafa. Así lo han señalado los más prestigiosos economistas y así se recoge en un librito muy recomendable que acaba de publicar ATTAC-España y que se titula 10 Años de Crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas. Resulta de lo más conveniente echarle un vistazo y no olvidar sus enseñanzas de cara a lo que se nos viene encima.

Porque, como es natural, la base de cualquier estafa es el engaño y, lo mismo que las élites egoístas nos engañaron vendiéndonos las ventajas de la desregulación financiera y de lo bueno que era endeudarse para disfrutar de todo lo que se puede comprar con dinero, se apresuraron a engañarnos de nuevo cuando responsabilizaron a los ciudadanos de la crisis por “haber gastado por encima de sus posibilidades”. En realidad fueron los bancos los que prestaron por encima de las suyas, y rescatarlos supuso la mayor transferencia de deuda privada a la deuda pública que recuerda la Historia… Pero eso es algo inamovible ya. ¿Cómo estamos ahora?

Con los bancos y las grandes empresas recuperados y volviendo a marcar records de ganancias, con los ciudadanos pagando aún los platos que ellos rompieron (y lo que te rondaré, morena), los gurús neoliberales nos dicen que la crisis ha terminado, que las economías occidentales vuelven a crecer, que aumenta el empleo y que las recetas aplicadas han tenido éxito. Lo que vemos nosotros es que el número de multimillonarios aumenta día a día, que los salarios no han dejado de menguar a pesar de esa recuperación, que hay demasiada gente que trabaja sin dejar de ser pobre, que los empleos son en su mayoría precarios y mal pagados… y que, incluso así, el paro sigue siendo intolerable y, en algunos sectores (jóvenes, sobre todo) dramático.

Lo único cierto es que los recortes en derechos laborales y prestaciones sociales, que se vendieron como transitorios y encaminados simplemente a superar la crisis, se eternizan y no tienen visos de levantarse ahora que, dicen, la crisis está superada. Claro que tampoco faltan voces que alertan sobre una nueva crisis más o menos inmediata. Ni profetas de la calamidad que, como el jefe del Banco de España, la oposición española de derechas o el FMI, ponen el grito en el cielo ante la posibilidad de que las modestas medidas presupuestarias pactadas entre el Gobierno y Podemos generen gravísimas consecuencias para todos. De paso, siguen empeñados en reducir impuestos a los más ricos y mantener la austeridad a toda costa para el resto.

Eso es lo que, dicen, nos salvará de volver a caer en el desastre. O, dicho de otra forma: o seguís apretándoos el cinturón indefinidamente mientras nosotros multiplicamos nuestras ganancias, o podéis echaros a temblar. El miedo, una vez más, como arma política. El miedo que paraliza las justas demandas de la ciudadanía y le hace confiar en quienes agitan esos espantajos para atemorizarlos.

Incluso en quienes más miedo deberían darnos. El crecimiento de la xenofobia y de la ultraderecha (¿por qué no llamarlo fascismo, que es su verdadero nombre?) es evidente en Europa. En países como EE. UU. y Brasil ahora, ha llevado al poder a personajes como Trump o Bolsonaro, previo paso por las urnas. Los grandes negocios hacen que la desigualdad económica sea más evidente, los pobres cada vez son mas pobres y países como China o Rusia, con unas una democracias “sui generis“ , se convierten en grandes actores y en aliados de las élites económicas occidentales. La estafa global, el engaño universal, lleva camino de institucionalizarse mientras las instituciones democráticas, que nos han dado los mejores éxitos económicos y de justicia social en la historia de los seres humanos, pierden prestigio entre la población a pasos agigantados. ¿Nos hemos vuelto locos, o idiotas?

Sin desdeñar el poder de las nuevas tecnologías, que propagan sus mentiras con una potencia y una velocidad inimaginable hace unos años, sin olvidarnos de los errores cometidos por los partidos políticos democráticos, lo cierto es que la posibilidad de revertir esta situación sigue siendo nuestra, de los ciudadanos, mientras no se nos niegue también el derecho al voto.

Y mientras no se nos olvide algo elemental o nos perdamos entre la maraña de mentiras que nos aturde: los intereses de las élites han estado siempre políticamente representados por los partidos de la derecha y los de las mayorías, con aciertos o errores, los sigue representando la izquierda. Ese es un planteamiento anticuado, dicen, propio del siglo XIX y, si apuramos un poco, del siglo XX, pero ya no sirve en el XXI. Como si las verdades dependieran de la moda. Como si la Ley de la Gravitación Universal no siguiera ahí desde Isaac Newton. Y no serán los economistas que cobran sumas astronómicas de las grandes corporaciones financieras, ni los políticos que proceden de ellas y a ellas volverán, y mucho menos los iluminados fascistas quienes devuelvan a las clases sociales empobrecidas su bienestar de antaño.

Tener claras algunas verdades tan indiscutibles como esta, y no permitir que nos derroten el miedo y la propaganda mentirosa de los poderosos, es lo que puede impedir que el final sea tan negro como parece. Está en nuestra mano.

Antonio Piazuelo Plou

 

 

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