¿Acaso es traidor Iñigo Errejón?

por Manuel Delgado Echeverría

Acaso es traidor Iñigo Errejón

Del guiñol a la vida.

Manuel Delgado, Profesor de Instituto
Manuel Delgado, Profesor de Instituto

Es más fácil presentar un teatrillo de marionetas o de títeres de cachiporra nombrándolos Pablo, Marta, Sofía, o Iñigo, Irene, o Miguel y Pablo E… y contar con ellos historietas irrelevantes de amores, odios, traiciones y miedos. Tampoco sería difícil hacer un relato con huevos de dragón, herejes, valientes capitanes, mujeres inteligentes que ocupan los tronos o los pierden. Eso y no otra cosa me parecen tantas y tantas palabras miradas en dos días y, al parecer, tantas otras más dichas en platós tv en vivo y en directo. Otras sobrevuelan con los mitos del cainismo o del irredentismo castizo que nos amenaza con otro largo invierno de frio y hambre.

No me gustaría añadir más leña a esa fogata. Pero si alguien tiene esos gustos, le daré motivos para tirar mi personajillo al fuego; y, así, le advierto a quien leyere esto: la noticia del nuevo Más Madrid me pareció la mejor del año que comienza.

Una propuesta que alguien rotuló en la mañana del jueves con un “Vuelve Podemos” esperanzado. También quise entender así las palabras de la portavoz de Podemos en el Congreso: “Íñigo es el candidato de Podemos” (luego leí que ella desconocía, en ese mediodía, la carta de presentación de Más Madrid). Reconozco que la tristeza me vino ya en la noche, con la carta triste de Pablo Iglesias. “Otra vez no, por favor”, me grité.

De nuevo les parece que un partido, una organización para gobernar, es más importante que gobernar, más aún que para quiénes gobernar. Voy a intentar explicarlo.

Las palabras que oí hace cinco años, las palabras fundacionales del “Sí se puede” político eran las de hacer plataforma para la reivindicación ciudadana y la participación política de muchas personas. Una plataforma tan mutante y ágil como exigieran las circunstancias; una plataforma polimórfica, capaz de ilusionar y comprometer. Ponerla a funcionar requirió del esfuerzo de muchas, muchísimas personas: la campaña de las “europeas” puso a prueba la generosidad y capacidad de autoorganización de miles, y también la necesidad de asentar mínimos orgánicos de estructura partidaria para que ese esfuerzo y ese éxito no se diluyera.

En las “municipales” pudimos comprobar cómo muchas gentes hicieron suya la propuesta, y la enriquecieron en las agrupaciones comuneras que llevaron a muy buenas gentes a los gobiernos municipales (Barcelona en Común y Zaragoza en Común entre otras muchas).

Y Pablo Iglesias exhibía en cualquier foro los éxitos de aquellas plataformas como suyos propios, de Podemos, al encarar las generales con estas o parecidas palabras: “hemos demostrado lo que somos capaces de hacer en el gobierno de los Ayuntamientos del cambio”. Y, sin embargo, Podemos no se presentó a las municipales por falta, se dijo, de infraestructura para atender municipales y autonómicas a la vez.

De seguir su propia lógica, parece evidente la coherencia de la plataforma Más Madrid con la propuesta inicial, y la trayectoria de Podemos. Coherencia con el postulado inicial y, para mí, fundacional: construir una plataforma para la participación política de la ciudadanía; plataforma polimórfica, mutante y ágil.

¿Qué ha pasado entre asumir como propio el éxito ciudadano de los Ayuntamientos del cambio y, ahora, denunciar como traidor al impulsor de la plataforma madrileña?

Una buena pista sería recordar cómo en los días previos a la presentación de Más Madrid se nos informaba a diario sobre las negociaciones entre Podemos Madrid e IU Madrid en torno a porcentajes y personas de la lista de Unidos Podemos para aquella Comunidad, tras las primarias de una y otra organización. ¿Se estaba construyendo así una plataforma o una coalición?

Entender, como entiende ahora Podemos, que la coalición entre dos partidos tan diferentes encajando listas es construir una plataforma de participación política para la ciudadanía, es, desde mi comprensión del asunto, como ponerle al cristo dos pistolas. Sí, claro, ya votamos en Podemos lo de ir en coalición, y ganaron quienes así creyeron que hacía falta unir fuerzas… sólo que tampoco es que se diera tiempo para debatirlo. Así y todo, ¿acaso no hay fórmulas más imaginativas para cumplir ese acuerdo de unidad que la viejísima de unir dos siglas, encajando nombres en una lista? ¿para eso predicar tantas primarias y tanto de participación colectiva?

Parece como si fuera más importante el salvamento de la IU PCE, que agonizaba por obsoleta (¿se acuerda alguien de eso?) que utilizar los recursos acumulados de Podemos para lanzar potentes plataformas ciudadanas.

Parece que asegurar la supervivencia de un nuevo partido sea más importante que el objetivo que se propuso al nacer.

Necesitamos comprometernos cientos de miles de personas para ganar elecciones, porque no hay bbvas, ni santanderes que nos hagan campaña en las tv.

Dudo que lo hagamos detrás de siglas unidas por guiones o sin ellos. Otra vez más deseo estar equivocado, deseo que quienes marcan el paso y denuncian traiciones estén en lo cierto, porque con mis sentimientos tampoco se ganan elecciones. Pero ¿y si reconsideran?  ¿y si apoyan lo que ya no es Podemos pero es lo más Podemos de Podemos? Donde no llega Podemos, apoyar plataformas en las que cada quien tiene sitio, sin mirar sus filiaciones anteriores o posteriores, incluso sin tener que desafiliarse de donde quiera que esté y esté a gusto.

Queremos sociedades mestizas, diversas, plurales, sin barreras… ¿cómo no querer plataformas abiertas y plurales? ¿cómo no desear poder elegir grupos de personas capaces de trocar nuestros sueños en la políticas de gobierno?

Claro que es un sueño, un deseo: ese no-lugar en el que encontrarnos gentes de la IU, de la A con círculo o sin él, animalistas, ecologistas, del podemos, o del taichí.

Ese sueño ha ido asomando durante una década. Se han mostrado también agentes del cambio con nombres y apellidos, personas con manifiesta preparación y capacidad, y no merecemos perderlas ni, con ellas, mejores vidas para todos.

Mientras tanto, algunos viejos del lugar seguiremos “empujando para que pueda ser”, quizás porque somos “como esos viejos árboles batidos por el viento”

Que san labordeta nos asista.

Manuel Delgado Echeverría

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