La Plaza, el Muro y la Red

por Andrés Ortega Klein

Final de la protesta Plaza de Tiananmén 1989
Final de la protesta Plaza de Tiananmén 1989

La hiperconectividad, la globalización y la democracia están siendo cuestionadas

Andrés Ortega Klein
Andrés Ortega Klein, Investigador senior asociado del Real Instituto Elcano. Consultor independiente y director del Observatorio de las Ideas.

El año 1989 marcó una divisoria, con fenómenos interrelacionados. La revuelta y la matanza en la plaza de Tiananmén, la caída del muro de Berlín y el nacimiento de Internet pusieron en marcha procesos que han transformado el mundo. Treinta años después, han generado distorsiones.

En junio de 1989, los tanques entraron en la gran plaza de Pekín y pusieron fin violentamente a la revuelta de estudiantes y otros que reclamaban una sociedad más abierta. La decisión de la represión la tomó personalmente Deng Xiaoping, ya en retirada pero influyente y con capacidad de mando al seguir presidiendo la poderosa comisión militar. Volvió a imponerse por la fuerza un férreo control político que perdura hasta nuestros días y que se ha reforzado con Xi Jinping.

Deng, tras un largo compás de espera y su famoso “viaje al Sur” de 1992, impuso frente a los conservadores la reanudación de las reformas económicas, ahora con el viento a favor de una nueva fase de globalización verdaderamente global, la que suponía el fin de la Guerra Fría y la explosión de las comunicaciones. La plaza y el Muro: tras haber visto la facilidad con la que se derrumbó política y económicamente la Unión Soviética y su imperio, Deng llegó a la conclusión de que había que mantener a toda costa el sistema del Partido Comunista en China y abrir la economía a un socialismo de mercado, o capitalismo de Estado. Acabó generando un crecimiento sin igual, que hoy se está frenando, frente a lo cual necesitaría de un nuevo impulso reformista.

En noviembre de 1989 se abrió el muro de Berlín. Fue posible porque en Moscú gobernaba un Gorbachov que había entendido que la Unión Soviética no podía, sin profundas reformas y sin renunciar a ser un imperio, competir tecnológicamente —pues esa era ya la gran carrera— con EE UU. Dos años después se rompía la ­URSS. Unos meses antes se había disuelto el Pacto de Varsovia. La Guerra Fría tocó así a su fin, con la aparente victoria de Occidente, aunque con un resentimiento ruso que acabaría resurgiendo encarnado por Vladímir Putin. Ahora bien, si entonces cayó el muro más simbólico, destinado a no dejar salir a la gente, después se levantaron los muros de la globalización para no dejar entrar a refugiados e inmigrantes, por no hablar del de Israel, muros que siguen erigiéndose en nuestros días.

El año 1989 fue también el del impulso del Internet público. El número de servidores en el mundo pasó de 80.000 en enero al doble en noviembre. Este mismo mes, el británico Timothy John Berners-Lee, inventor de la World Wide Web (www), estableció la primera comunicación entre un cliente y un servidor usando el protocolo http. Tim había publicado en marzo su visión de lo que sería la Red. Para 1990 la primera página estaba disponible en la Internet abierta (antes era una red esencialmente académica), y en 1991 el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear, en la que trabajaba Tim, donde nació Internet) comenzó a invitar a gente de fuera a unirse a esa comunidad, que rápidamente se convirtió en una plaza pública global —la plaza y la Red—, impulsada por el Pentágono como proyecto esencialmente civil.

Internet, y lo que siguió, llevó a una explosión de información, de hipercomunicación, de libertad y hasta de democracia: la Red y la plaza. Ante la llegada de Internet a China, Bill Clinton consideró en 2000 que la Red impulsaría inevitablemente al enorme país comunista hacia la democracia. Pero el régimen chino (y otros) ha aprendido a utilizar Internet, los datos masivos y las redes sociales no solo como factor de crecimiento económico, sino de control sobre las personas en un Estado de vigilancia sin igual. Un grado u otro de control y de manipulación por toda suerte de actores se da, sin embargo, no solo en China, sino también en Occidente. Hoy, 30 años después, la hiperconectividad, la globalización y la democracia están siendo cuestionadas, en un entorno de guerras frías de nuevo cuño. Las plazas, los muros y las redes cobran aspectos insospechados. ¿Qué se ha hecho mal?

Andrés Ortega Klein

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