Hoy es un buen día para pasear, con Nelson Mandela

por José Luis Alonso Gajón

Nelson Mandela
Nelson Mandela
José Luis Alonso Gajón
José Luis Alonso, Ingeniero agrónomo, fue presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) del 2003 al 2008

Luce el sol en gran parte de España en un día casi primaveral. Es domingo 10 de febrero y el pueblo soberano descansa, pasea, come con la familia, alguno se echará la siesta…

Otros estarán en la manifestación de Madrid: es su derecho y hacen bien en ejercitarlo.

Pero no comparto sus razones porque buscan ahondar en esa falsa creencia de las dos Españas. Me identifico en cambio con Nelson Mandela cuando, en 1961 y ante el Tribunal que lo juzgaba por alta traición, (¡no hay nada nuevo bajo el sol!), afirmaba: “Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Pocos años después, en 1978, ese ideal daba inicio a nuestra Constitución: “La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.”

¡Qué lejos estaban nuestros constituyentes de aquel horrible grito de “¡Vivan las cadenas!” conque algunos sustituían a los caballos para tirar de la carroza en que Fernando VII volvía del destierro el año 1814! Comparemos ese grito con la afirmación de Mandela: “Ser libre no es solamente romper las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.

Hoy es un buen día, hace sol, los almendros ya han florecido, el pueblo soberano pasea o se manifiesta por las calles y riberas.

Pero todos tenemos un poso de tristeza colectiva: estamos huérfanos. Huérfanos de líderes políticos de verdad que nos muestren caminos para ir hacia esa democracia avanzada que proclama nuestra Constitución. Las palabras de Mandela vuelven a sonar dentro de mí: “Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo”. “No debes comprometer tus principios, pero tampoco debes humillar a la oposición. Nadie es más peligroso que alguien que es humillado”.” La mejor arma es sentarse y hablar”. Miro a mi alrededor y no encuentro a ningún político que mantenga la antorcha del dialogo, y de la apuesta por los valores democráticos, que encendieron nuestros constituyentes.

Da igual, hoy es un buen día “sin lideres”. No son imprescindibles.

Porque “no son los reyes y los generales los que hacen historia, sino las masas del pueblo”. Pero ¿cómo se cambia la historia desde abajo? “Tú puedes comenzar a cambiar el mundo para mejorarlo cada día, no importa cómo sea de pequeña la acción”. Y es que “la construcción de una nueva nación incluye construir un espíritu de tolerancia, amor y respeto entre la gente de este país”.

O, como dijo en su discurso de toma de posesión como Presidente de Sudáfrica: “Nuestros actos diarios como ciudadanos comunes deben producir una auténtica realidad que reafirme la creencia de la Humanidad en la justicia, refuerce su confianza en la nobleza del alma humana y dé aliento a todas nuestras esperanzas de una vida espléndida para todos. Todo esto nos lo debemos a nosotros mismos y se lo debemos a los pueblos del mundo que tan bien representados están hoy aquí”.

Hoy es un gran día, pero es domingo, día de descanso y no quiero plantearme tareas tan profundas.

Me basta con mantener mi creencia constitucional de que es posible “establecer una sociedad democrática avanzada” y recordar con Mandela que “ser optimista es dirigir la cabeza hacia el sol y seguir avanzando con los pies”.

Y como pequeño premio a haberme seguido en mi paseo os dejo el Poema Invictus, el que acompañó a Mandela durante sus 27 años de cautiverio. Es obra del escritor inglés del s XIX William Ernest Henley, aquel cuya pata de palo fue inmortalizada por su amigo Robert Louis Stevenson, en el entrañable personaje de Long John Silver de La isla del tesoro.

“En la noche que me envuelve,

negra, como un pozo insondable,

doy gracias a los dioses que sean

por mi alma indomable.

En las garras de las circunstancias

no he gemido, ni llorado.

Ante las puñaladas del azar,

si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos

acecha la oscuridad con su horror.

No obstante, la amenaza de los años me halla,

y me hallará, sin temor.

No importa cuán estrecho fue el camino,

ni cuantos castigos lleve a la espalda:

Soy el señor de mi destino,

soy el capitán de mi alma”.

José Luis Alonso Gajón

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