¿Venezuela al borde de la guerra civil? ¿La intervención exterior fomenta la confrontación?

por Javier Jiménez Olmos

Venezuela al borde de la guerra civil
Javier Jiménez Olmos
Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED. Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

Venezuela de nuevo en las portadas de los medios como consecuencia del agravamiento de la crisis institucional, económica y social que sufre el país desde hace algunos años: ¿Vientos de guerra en Venezuela? No se puede descartar que los últimos acontecimientos sean el detonante definitivo para el inicio de una contienda civil. La polarización social interna y la actitud intransigente de algunos de sus líderes, unidas a los siempre interesados apoyos exteriores a una u otra causa, proyectan un escenario propicio para un desenlace violento.

¿Todavía hay tiempo para la paz?A la vista del desarrollo de los acontecimientos la paz parece cada vez más lejana. Las actitudes moderadas para la solución pacífica del conflicto van perdiendo peso a favor de las belicistas. México, uno de los países referentes de Latinoamérica, demanda el diálogo. La Unión Europea, en la que España tiene un gran peso específico en este conflicto venezolano, se manifiesta en el mismo sentido: no a las soluciones de corte militarista, aunque hayan reconocido a Guaidó como Presidente transitorio.

Mientras tanto parte de la Organización de Estados Americanos, especialmente aquellos más próximos al Gobierno estadounidense, exige y apoya la sublevación que acaudilla Guaidó, a pesar de las consecuencias violentas que pueda conllevar. La Administración Trump es la principal instigadora de las acciones más duras contra el régimen de Maduro. No solo a través de las duras sanciones económicas impuestas a Venezuela, cuyos principales sufridores son la población venezolana, sino que no descarta cualquier otro tipo de intervención ¿la militar incluida?

La posibilidad de una guerra civil, que podría afectar a todo el continente latinoamericano y a la economía mundial (convine recordar que Venezuela es el país con las reservas más importantes de petróleo en el mundo), toma visos de realidad por el apoyo que el bando defensor del régimen chavista tiene de Rusia y China como grandes potencias y también por el apoyo de Cuba, que sigue siendo el referente moral de la resistencia contra los norteamericanos en una parte muy importante de las sociedades latinoamericanas.

La historia siempre nos ofrece referencias de como los intereses exteriores potencian los conflictos civiles, como se ha podido comprobar recientemente en Afganistán, Irak, Libia y Siria. Las excusas de la lucha contra el terrorismo, la defensa de los derechos humanos y la promoción de la democracia, solo han servido para ocultar las verdaderas razones de las intervenciones militares; razones económicas y estratégicas principalmente.

Además de otras potencias, Estados Unidos siempre ha estado presente. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial sus intervenciones directas en Corea, Vietnam, Afganistán e Irak, han provocado millares de víctimas y secuelas económicas y sociales insuperables en la mayoría de los casos. Más inestabilidad, menos democracia y más terrorismo, todo lo contrario de sus eslóganes publicitarios para las intervenciones militares.

En América Latina, Estados Unidos ha estado a la cabeza de procesos desestabilizadores y golpes de Estado a favor de sus intereses económicos, o mejor dicho de los intereses de sus élites económicas ligadas a sus empresas transnacionales. Esos poderes norteamericanos se han encargado de apoyar, a fuerzas paramilitares que han actuado contra gobiernos latinoamericanos que no se plegaban a las exigencias de las empresas norteamericanas; ha sucedido en Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Perú . Han derrocado a regímenes democráticos como los de Guatemala (1954), Brasil (1964) y Chile (1973). En 1946, el Gobierno estadounidense creó la llamada Escuela de las Américas, que no fue otra cosa que una “academia” para el entrenamiento de militares contra la subversión, una escuela donde la tortura y la guerra sucia eran asignaturas obligadas.

Inquietante es la noticia aparecida en los medios sobre la reactivación de Blackwater para intervenir en Venezuela. Una de esas compañías autodenominadas Empresa Militares de Seguridad Privada o “contratistas” (mercenarios sería un lenguaje más apropiado) ha actuado impunemente en diferentes lugares de conflicto desde hace muchos años. Esta empresa salió a la luz pública con ocasión de una intervención en Irak al poco su invasión en 2003 por la coalición liderada por Estados Unidos (invasión que tuvo lugar sin la resolución del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas y, por lo tanto, considerada ilegal desde una parte importante de los juristas y la comunidad internacional).

Miembros de la empresa Blackwater asesinaron a 17 civiles, que no portaban armas, en la plaza de Nisour de Bagdad  el 13 de abril de 2007, con la excusa de que amenazaban a contratistas que trabajaban para el gobierno norteamericano en ese país. La empresa Blackwater fue fundada en 1998 por Erik Prince, posteriormente fue denominada Xe-Service y vendida a otros empresarios en 2010 cuando paso a denominarse Academi.

Ahora, Prince pretende reeditar Blackwater para actuar en Venezuela con unos cinco mil mercenarios que trabajarían para combatir el régimen de Maduro. Aunque la información aparecida en los medios ha sido denegada por la Administración norteamericana y por fuentes cercanas a Prince, es conveniente recordar que este individuo ha apoyado la campaña para la elección del presidente Trump. 

Por eso, no hay que dejarse llevar por las propuestas norteamericanas, o de cualquier otro agente exterior, que propician la confrontación entre los venezolanos. Caso de darse esa confrontación los más perjudicados serán los venezolanos y, como siempre, los más beneficiados los instigadores de la contienda: venderán más armas, provocaran destrucción y muerte, se apropiarán de los recursos naturales en beneficio propio y finalmente sacarán más beneficio de la reconstrucción del los daños por ellos mismos provocado.

Como en todas partes del mundo, no hay otra solución pacífica que la del diálogo y posterior acuerdos entre las partes en conflicto. La mediación internacional se hace necesaria. Una mediación bajo el auspicio de Naciones Unidas y apoyada por los países,  u organizaciones internacionales como la Unión Europea, más propensos a este tipo de solución, y que se han declarado contrarias a las soluciones de corte militar. España tiene que estar a la cabeza de esas soluciones dialogadas.

Javier Jiménez Olmos

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

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