Vamp-Hitler y Siniestra

Relatos breves de Manuel del Pino

Relatos breves

Como todo el mundo sabe, después de sus crímenes, Hitler y su camarilla fueron condenados a vagar eternamente por este mundo, bajo la forma de vampiros y fantasmas. Sólo podían redimirse haciendo el bien para limpiar su alma, pero en esa tarea no tenían mucho éxito y sí muchísimo que hacer. La hilaridad de esta ira cómica aumenta porque tienen que enfrentarse a los problemas del presente, en especial a las causas sociales y los retos del futuro. Viven en la indigencia y han de buscarse la vida. Hitler ha vuelto a dormir en parques, en albergues, o ahora de okupa, y a intentar ganarse la vida como mal pintor. Siniestra tiene el sueño de ser actriz o escritora, a ser posible en Hollywood.

Personajes: Adolf: Su incapacidad para hacer el bien le vuelve tan frustrado como fracasado. Siniestra: La novia de Adolf se ha vuelto orgullosa, despectiva y respondona. Rudolf: Torpe y despistado. Herman: Glotón, perezoso, codicioso y fanfarrón. Joseph: Ridículo, mujeriego y desquiciado. El doctor Morel: Rastrero, chapucero y hechicero. Blondi: Perrita pícara y roba comidas. Benito: Histriónico ligón latino. Paco: Latino bajito, frío y calculador para conseguir migajas, pero fallido.

OKUPAS.

Siniestra entró en el tugurio donde vivían de okupas. Estaba Rudolf, que últimamente se pasaba allí todo el día, pero no Adolf. Siniestra le dijo:

─¿Qué pasa? ¿Ahora eres “nuestro”okupa?

Rudolf se encogió de hombros.

─¿Y dónde está Adolf? ─preguntó Siniestra.

─Se ha ido a dormir a un barco de pesca abandonado en el puerto. Dice que en plan turista, para no aguantar a nadie, ahora que es verano.

Y Siniestra se cayó de espaldas. ¡Plop!

LETRINAS.

Adolf estaba aliviándose en las letrinas públicas. Decía:

─¡Y pensar que yo he sido el Führer de un Imperio!

Llegó malhumorado a su casa okupa. Allí estaba Siniestra, escribiendo su novela. Adolf la observó unos momentos y le dijo:

─Tú no escribes letras. ¡Escribes letrinas!

─¿A qué viene eso? ─le preguntó Siniestra.

─A que vengo de los baños públicos. Tu novela es una caca.

Y Siniestra se cayó de espaldas. ¡Plop!

DESPERTAR.

Esa mañana, por una vez, Adolf se levantó exultante.

─¡Voy a cambiar el mundo! ─decía.

Siniestra se encargó de bajarle los humos y le dijo:

─¿Acaso piensas provocar la Tercera Guerra Mundial?

Adolf miró el miserable cuarto que habitaban como okupas. Ni siquiera había mesa ni sillas. En el suelo, un viejo mantel sucio. Café aguachinado y unas galletas.

─Siéntate ─le dijo Siniestra señalando el suelo.

─Bueno ─dijo─. Mejor voy a desayunar. Luego veremos.

ÉTICA.

Ese día, Adolf volvía cariacontecido a su vieja casa okupa.

─¿De dónde vienes? ─le preguntó Siniestra.

─De pedir limosna en un Congreso de Ética.

─¿Cómo es eso? ─Siniestra se rascó su bella cabellera castaña.

─Docenas de expertos en Ética se reunieron en un edificio lujoso del centro de la ciudad, para discutir los males del mundo, y yo les pedí limosna en la puerta cuando salían.

─Ah, estupendo. Te habrán dado una fortuna.

─Ni un céntimo.

Manuel del Pino

Manuel del Pino es licenciado en Filosofía y Letras (Univ. de Granada, 1994). Publicó artículos, ensayos (XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con La sonrisa de la esfinge, Dip. de Álava, 2002), novelas (Olivas negras, Ed. Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012) y relatos en diversas revistas digitales.

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