Los casos de Carla: El ex-convicto

RELATOS BREVES DE MANUEL DEL PINO

Los casos de Carla

Qué es “Los casos de Carla”

─¿Qué hacías de camarera en tu noche libre? ─dijo Morales.

─Ayudando en el pub de un amigo ─replicó Carla.

─Te prohíbo que tengas amigos en Madrid.

─Es que soy una chica sociable.

─Pues te prohíbo que seas sociable.

Ni que fuera su padre, el tal Morales, su oficial y compañero de patrulla en la Policía de Proximidad. Todo había sucedido del modo más tonto y extraño:

Calle Núñez de Arce, justo bajando a la izquierda de la plaza de Santa Ana. Eran las tantas de la noche, en un buen pub cuyo nombre ahorraremos.

Carla estaba tras la barra; de paisano, claro; y muy atractiva, melena castaña suelta, camisa abierta de moda, ombliguito al aire. Y no sólo de camarera: también bailando, cantando, alternando con su amigo el del pub y con los clientes.

Entonces entró el tipo peor encarado de Madrid, se sentó en un taburete de la barra para pedir su última copa, y enseguida se quedó embobado mirando a Carla.

La joven disimulaba, pero otros clientes en la barra, conocedores del entuerto, empezaron a criticar y a chillar al recién llegado.

El encargado del pub tuvo que intervenir:

─Caballero, ya ha bebido bastante. Váyase a casa.

─Yo no soy un caballero ─dijo el tipo.

─Señor, hágame caso. Váyase a dormir.

─Todavía tengo que beberme una última copa.

─Ya ha bebido demasiado. Márchese a casa a descansar.

─No tengo casa adonde ir.

─Los otros clientes están protestando.

─¿Y qué hago de malo, si se puede saber?

─Está usted mirando demasiado a la señorita.

─A ellos qué les importa. Y precisamente de eso quería hablarte.

─¿A mí?

El tipo hosco le explicó al encargado que se había enamorado de la camarera, nada más entrar y verla tras la barra. Quería saber su nombre y dónde vivía. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera, con tal de llevarse a esa preciosidad. Quería vivir con ella y, si las cosas salían bien, casarse y quedársela para siempre.

Carla disimulaba tras la barra, sirviendo y hablando con otros clientes.

El encargado le explicó al tipo que él no era nadie para darle los datos de la camarera, la cual, si bien era muy guapa y atractiva, tenía autonomía para responder por sí misma.

Aquello sólo empeoró las cosas. En cuanto Carla se acercó tras la barra, el tipo repulsivo le sujetó el brazo para atraerla hacia sí.

Pero logró el efecto contrario. Carla bregó, luchó por zafarse, y como el tipo tiraba de ella cada vez más, la camarera cogió del mostrador una botella con la mano libre y la estrelló sobre la cabeza del tipo sucio.

Entonces éste se enfadó de veras y comenzó a lanzar puñetazos a diestro y siniestro. Se lio una buena pelea. Clientes, camareros, contra el tipo intruso, y no podían reducirlo.

El encargado llamó a la policía de proximidad, la más rápida en acudir.

En pocos minutos se presentó Morales de uniforme, con otro compañero de patrulla. Les costó reducir al tipo, le esposaron las manos a la espalda, echado en el suelo.

Morales se quedó de piedra cuando vio que, tras la barra, estaba Carla de camarera, su compañera usual de patrulla, en su noche libre. Y más cuando se enteró de que ella y su dichosa belleza habían sido las causantes últimas de la pelea.

─¡Maldita sea mi estampa! ─dijo Morales─. Quién me manda trabajar con novatas, y encima guapas. Ni se te ocurra volver a este pub, ni a ningún otro. ¿Por qué lo hiciste?

─Yo he trabajado de camarera en el sur. Conozco el oficio.

─¿Y ya está? ¡Estás loca!

─Bueno, hay otro motivo ─repuso Carla─. Ese tío es un ex-convicto. Es Patricio, El Americano. Está en libertad provisional, a pesar de haber cumplido sólo cuatro años de condena por violar a más de cinco mujeres. Yo sabía que venía a este pub a tomar copas. Ahora, tras la pelea y mi intento de agresión, volverá a la cárcel en firme.

Morales no daba crédito.

Manuel del Pino

Manuel del Pino es licenciado en Filosofía y Letras (Univ. de Granada, 1994). Publicó artículos, ensayos (XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con La sonrisa de la esfinge, Dip. de Álava, 2002), novelas (Olivas negras, Ed. Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012) y relatos en diversas revistas digitales.

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