Algunos paralelismos actuales entre Chile y España

por Cándido Mraquesán Millán

Chile y España
Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

Este artículo que reproduzco en la parte final, lo escribí en septiembre del 2013. No obstante, cobra actualidad por lo que está ocurriendo ahora en Chile.  En el podemos constatar que la sombra de Pinochet es alargada, ya que todavía en el 2012 en el ámbito escolar chileno no se podía hablar de la dictadura. Lo cual significa que era una democracia vigilada. No pude librarme de establecer un paralelismo con España. Todavía hoy tampoco en el ámbito escolar se habla con total libertad de lo que supuso la dictadura de Franco. Por ello, una parte de la sociedad española ignora los crímenes del franquismo o le resultan irrelevantes. Hay razones. En la enseñanza períodos claves de nuestra Historia del siglo XX como la II República, la Guerra Civil y la dictadura franquista reciben un tratamiento escaso. El profesor Enrique Javier Díez Gutiérrez en el artículo Educando la memoria de las jóvenes generaciones: el olvido escolar de la II República y de la barbarie franquista, nos dice que en el documental Los campos del silencio sobre los presos republicanos, la última parte se grababa en el Instituto de Secundaria de Fabero del Bierzo (León), por lo que preguntó a un grupo de alumnos/as sobre el campo de concentración que había estado ubicado en su pueblo, donde hubo un batallón de unos 250 presos republicanos, de 1939 a 1947, trabajando como esclavos para una empresa privada (Minas Moro) y extrayendo carbón en las minas del Bierzo. La existencia de tal campo la desconocían, y eso que algunos de sus abuelos habían estado ahí presos. En definitiva como señaló Manuel Vicent, sacar a Franco del Valle de los Caídos  es muy fácil. Lo complicado  es exhumarlo  del cerebro de muchos españoles.

Hay también otro paralelismo entre Chile y España muy importante. Tras el golpe de Estado de Pinochet, en 1973, se puso en marcha un experimento económico neoliberal radical, propuesto por el economista Milton Friedman, un anti-keynesiano visceral. Hubo una liberalización total de los mercados y un monetarismo financiero. Se privatizaron empresas públicas, pensiones, servicios de salud, educación, la vivienda protegida… Grupos económicos se adueñaron del agua y de grandes extensiones de tierras de los mapuches. Restablecida la «democracia» continuó la misma Constitución pinochetista y el mismo modelo económico, sin que ningún gobierno cambiara nada.  Y ese modelo neoliberal impregnado de determinados valores es el que se imparte en la enseñanza chilena, como veremos  más adelante. Como también en la escuela española. Jurjo Torres en Políticas educativas y construcción de personalidades neoliberales y neocoloniales incluye cuatro dimensiones de este individuo neoliberal, que se manifiestan en el currículo explícito y en el oculto en España.

El Homo economicus, que considera el dinero como móvil fundamental de su comportamiento vital. El Homo consumens, obsesionado por el afán consumista, para satisfacer necesidades artificiales y muchas prescindibles. El Homo debitor, que se ve precipitado en la necesidad de la deuda. La importancia de la deuda en el neoliberalismo, la explica Maurizio Lazzarato en La fábrica del hombre endeudado. Estar en deuda es la condición general para la vida social. Sobrevivimos endeudándonos y vivimos bajo el peso de pagar nuestras deudas. La deuda nos controla, disciplina nuestro consumo, nos impone la austeridad y dicta nuestros ritmos de trabajo y nuestras elecciones. La deuda nos hace responsables y culpables por haberla contraído. Y además hay una sorprendente paradoja, aunque estemos endeudados, el capitalismo nos anima a consumir sin parar, por ello nuevos préstamos, y así cada vez más encadenados a la deuda. En definitiva, la deuda es una fuente de sumisión para una gran mayoría de la población. Y para los Estados. Y por último, el Homo numericus, dimensión en que todo se cuantifica, para prever comportamientos, para emitir diagnósticos y, sobre todo, para hacer evaluaciones. Las notas son lo importante para competir con el alumno de enfrente, que es ya un enemigo. La educación como inversión financiera se antepone al derecho de la educación; la escuela, el instituto, la universidad como empresa sustituye a la comunidad democrática y solidaria, y el profesario –nuevo término que fusiona los roles de docente y empresarial– sustituye al maestro. Término ya en desuso.

Hecha esta larga, aunque necesaria, introducción reproduzco el artículo ubicado en Chile.  Escrito, insisto, en el 2013. Creo que nos puede servir para reflexionar a muchos españoles, como también a chilenos. Ahí va:

“Uno de los días más tristes de la historia de Chile fue el 11 de septiembre de 1973, el del golpe militar de Pinochet, que imposibilitó llevar a la práctica el socialismo por la vía democrática. Ese día desapareció Salvador Allende. No voy a entrar en las tropelías y crímenes cometidos por la dictadura militar. Son conocidos y censurados por toda persona que esté en sus cabales. Solo puede negarlos aquel que esté aquejado de alguna grave patología. Y aquel que además de conocerlos, los justifica, no quiero calificarlo. El solo se califica.

Ahora quiero fijarme en un aspecto preocupante, el que en la sociedad chilena existen todavía muchas reticencias para conocer de verdad lo que supuso esa larga noche de piedra. De esta circunstancia sabemos mucho los españoles. Como paradigma puede servir el consciente y lamentable desconocimiento del golpe militar y sus lamentables secuelas en el sistema educativo chileno, y, especialmente en la asignatura de Historia. Que esta circunstancia se produjera en tiempos de Pinochet se entendería, ya no en un régimen democrático. Me resulta difícil de entender que en un sistema político, teóricamente democrático, puede suceder el acontecimiento que relato a continuación. Vamos a verlo. Para ello extraigo unos breves fragmentos de un documento que me impresionó. No hago comentarios, porque me parecen innecesarios. Se comentan solos.

El 30 de diciembre de 2012 el Presidente (el delegado de los alumnos) del 4°F Humanista (se correspondería con 2º de Bachillerato en España) del Instituto Nacional de Santiago de Chile(1), una de las instituciones educativas públicas de mayor prestigio, Benjamín González, en el acto solemne de despedida de los alumnos ante todas las autoridades educativas y políticas, se salió del libreto y emitió las siguientes palabras:

“Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del Instituto Nacional fundado en 1813. Recordar que han sido institutanos 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende. Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos…

Hoy, vengo hablar de aquello que todos como institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo públicoRecuerdo claramente el segundo día de clases de 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes de la República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile, reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles. Detalles como que entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Previamente, destacan dos tristes hechos en la historia de Chile en que institutanos también han sido actores principales. Fue un institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue institutano también, Aníbal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos. Diego Portales también fue institutano.. Pero, para terminar con este breve, recorrido histórico por la “Historia no contada” de los ilustres Institutanos, quisiera concluir con un deseo: El próximo año hay elecciones presidenciales. Ojala el número de presidentes institutanos no crezca hasta los 19. Me daría vergüenza que Laurence Golborne, un institutano que hasta hace 3 años era Gerente General de Cencosud, (a saber: Jumbo, Paris, Santa Isabel, Costanera Center, entre otros) consorcio que paga $4.072 de patente al año, fuera presidente de Chile.

Más allá de la falsa historia que nos han intentado vender del Instituto, el principal problema que reconozco además funciona como parte básica, casi como un pilar que sostiene todo este aparataje institucional: los mitos y tradiciones. Recuerdo cuando mi curso de séptimo básico conoció por boca de un profesor, una famosa frase que terminó dando vueltas por la cabeza de todos mis compañeros: “Errar es humano pero no institutano” ¿A qué clase de profesor se le puede pasar por la cabeza decirle eso a niños de 12 años?

Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico que forman el carácter general del alumno institutano: petulante, soberbio, chovinista y exitista. En este colegio desde que entramos, se nos ha inculcado el valor de la competencia y la discriminación.. Cuando miro hacia atrás, pienso: ¿qué valores aprendí en este colegio? Si todos hemos sido testigos de horrorosas frases estilo: “corran como hombres, no como maricones” ..

Para concluir esta catarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio. Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía. Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de Septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia Electivo e Historia Común. En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que eran más importante las Batallas Napoleónicas en Historia Común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Institutano. Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile”.

(1) Todo el estallido social en Chile comenzó con una serie de protestas en el liceo público más prestigioso del país, el Instituto Nacional: desde hace semanas, algunos estudiantes habían exigido—unos de manera pacífica, otros con violencia— mayores recursos al colegio y reformas al sistema educativo. El establecimiento educacional público para chicos es el más antiguo del país y uno de los más prestigiosos. Cuenta con un exigente proceso de selección y entre sus exalumnos hay varios expresidentes. Se fundó en 1813, en los albores de la independencia de Chile, con la misión de educar a todo joven -sin importar su condición económica- y de influir en los destinos de la nación. Pero en los últimos meses ha dado titulares no tanto por sus logros académicos, sino por los constantes choques entre estudiantes y fuerzas del orden, incidentes donde jóvenes han sido grabados lanzando bombas molotov o han resultado heridos manejando artefactos incendiarios, denuncias de amenazas a profesores en el interior del colegio y acusaciones de ineficacia de parte de Carabineros (policía de Chile), que ha ingresado incluso con su unidad de Fuerzas Especiales a las salas de clases buscando a los manifestantes.

Cándido Marquesán

Únete a nuestro Telegram

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.