Zaragoza «Sitio emblemático de la cultura de paz»

por Javier Jiménez Olmos

Cultura de Paz
Parque de la Paz , Zaragoza

Paseo por la paz: con motivo del

20º  Aniversario de la concesión por la UNESCO a la Ciudad de Zaragoza del título: “Sitio emblemático de la cultura de paz”

Javier Jiménez Olmos
Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED. Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

En la historia de la humanidad la agenda militar ha sido predominante en las relaciones internacionales. Todos los grandes imperios se han forjado por la fuerza de las armas, y la mayor parte de los conflictos entre Estados y facciones dentro de un Estado se han dirimido mediante cruentas guerras. La carrera de armamentos, con dos años consecutivos de un crecimiento de los gastos militares mundiales, es la evidencia de que todavía hay intención de continuar por la senda guerrera.

“Si quieres la paz prepárate para la guerra” es la frase tradicional que contiene la forma de entender la seguridad y que ha predominado en la historia de las relaciones internacionales. La guerra considerada como la alternativa más eficaz para resolver los conflictos entre los pueblos. La guerra enaltecida y sacralizada en nombre de patrias y de dioses.

Pero la guerra ha sido y es un gran negocio que rara vez sirve a nobles intereses. Se destruye y mata con armas que cuestan mucho dinero, quienes las fabrican y venden obtienen enormes beneficios. Se destruye y luego se reconstruye para conseguir más beneficios. Y siempre pierden los de siempre: los más débiles.

Siempre hay algún enemigo al que señalar, hay que ponerle rostro, nombre y apellidos: “nosotros los buenos contra ellos los malos”. Identificar un enemigo perpetúa el sistema de seguridad. Hay que convencer a la gente de la importancia de su seguridad y de la defensa contra sus enemigos.

SEGURIDAD HUMANA Y CULTURA DE PAZ

La seguridad es una de las prioridades de todas las sociedades, una seguridad que ha sido considerada exclusivamente militar o policial. Sin embargo, la seguridad es multidimensional y la militar o policial es tan solo una parte de ella. La seguridad tiene también dimensión política, económica, social y medioambiental:

  • Seguridad política, que libere de la inestabilidad represiva y proporcione un sistema legislativo respetuoso con los derechos humanos
  • Seguridad económica, que establezca un equitativo reparto de la riqueza, de modo que el sistema sanitario y educativo, y las rentas familiares, permitan a las personas tener un proyecto de futuro ligado al bienestar y llevar una vida digna
  • Seguridad social, que logre desarrollar la diversidad sin limitaciones étnicas, religiosas, políticas, de género o de orientación sexual.
  • Seguridad medioambiental, para evitar que la degradación de la biosfera afecte al modo de vida y a la obtención de recursos naturales como el agua y los alimentos

La seguridad humana abarca todas las dimensiones anteriores y se define como aquella que es capaz de garantizar al individuo desarrollarse como persona, es decir, de gozar de libertad y bienestar suficiente para poder tener cubiertas todas sus necesidades fundamentales y desarrollar todas sus capacidades.

La humanidad ha vivido en una permanente cultura de guerra. La guerra parece siempre inevitable, ¿pero tiene que ser siempre así? ¿no sería mejor educar para una cultura de paz? Educar para la comprensión de los conflictos, sus causas y sus consecuencias como mejor manera para comenzar a resolverlos.

LA VIOLENCIA CULTURAL

Asusta la verborrea agresiva e hiriente de determinados personajes que se ocultan a través del anonimato en las redes sociales, y usan estos medios para provocar, insultar o amenazar. Pero, a pesar de lo grave de esa manera de agredir, causa mayor preocupación cuando esas expresiones, impropias de seres civilizados, las realizan personas que tienen influencia social.

Desde determinadas plataformas mediáticas profesionales también se insulta y amenaza. Uno de los pilares fundamentales de la democracia, que es la prensa libre, se convierte de esta manera en un elemento perturbador de la convivencia social. Su principal función,  que es la de la información libre y responsable, deja de ser prioritaria en favor del escándalo que produzca dividendos empresariales, o pasa a ser un arma de utilización política y desestabilizadora.

Entre los que insultan y amenazan asimismo hay representantes sociales y políticos, a los que por la naturaleza de su función hay que exigirles ejemplaridad para la trasmisión de valores y actitudes que contribuyan a la convivencia civilizada. No hay excusa para la agresividad verbal en aquellos que se les supone una mayor educación y preparación para los cargos que desempeñan. La serenidad y la sensibilidad deberían de estar entre las virtudes más destacadas de los líderes sociales y de los políticos.

En los tiempos recientes, se ha sumado a esta pléyade de profesionales del dicterio algunos individuos que dicen expresarse en nombre del arte. Este caso, también podría considerarse un uso perverso de la libertad de expresión. Es más que dudoso considerar arte el empleo de un lenguaje que ultraja, difama o amenaza a una persona o institución. El arte es belleza, respeto y armonía. No se llega a comprender que se considere un artista a aquella persona que vilipendia, injuria o zahiere a otra mediante el sonido, la imagen o la palabra escrita.

Violencia es también la violencia cultural y es además, tantas veces, el preludio de la violencia directa que puede conducir a la guerra. Por eso es necesario prestar atención a la proliferación de esa violencia cultural que se trasmite a través de las redes sociales y de los medios de comunicación tradicionales. La pregunta clave es ¿cuáles son los límites de la libertad de expresión? 

Si preocupante son las manifestaciones de violencia cultural de ciertos individuos, también lo es,  y puede que en mayor medida, la de esos seguidores incondicionales que los jalean. En ese proceso de alimentación mutua, en ese círculo vicioso de exaltación de los unos y los otros, se refuerzan en sus posiciones de agravio continuo contra toda persona que ose a diferir de sus planteamientos.

El antídoto contra esta ola de extensión de lo zafio e intolerante, ofensivo y amenazante, además de la aplicación de las leyes democráticas, es la buena educación: el respeto, la tolerancia, la empatía y la solidaridad. La educación para una cultura de paz también pasa por educar contra el uso mal entendido  y abusivo de la libertad de expresión.

EDUCAR PARA LA SEGURIDAD HUMANA Y PARA LA PAZ

La cultura de paz es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y  estilos de vida, basados en: el respeto a la vida y fin de la violencia mediante educación, diálogo y cooperación; el respeto y promoción de los derechos humanos y libertades fundamentales; y elcompromiso de arreglo pacífico de los conflictos

Pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz exige un esfuerzo continuo, con resultados a largo plazo. Para ello, es necesaria voluntad política, social, de educadores, de medios de comunicación y de familias. La educación es el motor de la evolución social, por tanto, hay que educar para la paz yfomentar proyectos internacionales, nacionales y locales de cultura de paz, como se hace en Zaragoza, ciudad declarada por la UNESCO como “Sitio emblemático de la cultura de paz” y a través de la Fundación “Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza”

Si quieres la paz edúcate, educa y trabaja para la paz

Javier Jiménez Olmos

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

Únete a nuestro Telegram

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.