El maestro Ciruela: no sabía leer y puso escuela

Por Cándido Marquesán Millán

El maestro Ciruela no sabía leer y puso escuela
Cándido Marquesán
Cándido Marquesán, Profesor de instituto

José Cadalso publicó con el título los Eru­di­tos a la vio­leta (1772), un “Curso com­pleto de todas las cien­cias, divi­dido en siete lec­cio­nes, para los siete días de la semana, publi­cado en obse­quio de los que pre­ten­den saber mucho estu­diando poco”, cuyo título hace alu­sión al per­fume de la vio­leta, el favo­rito de los jóve­nes que en el siglo XVIII que­rían ir a la moda. El autor de las Car­tas marrue­cas arre­mete sin pie­dad –y con razón– con­tra la legión de inep­tos intro­du­ci­dos en todas las épo­cas en la Repú­blica de las letras y que “fun­dan su pre­ten­sión en cierto apa­rato arti­fi­cioso de lite­ra­tura”. Son todos ellos vocin­gle­ros de exte­rior cuyo afán no es otro que el de epa­tar con ese “deseo de ser tenido por sabio uni­ver­sal”, en pala­bras de Cadalso. Este libro tiene plena vigencia en la España de hoy, como trataré de mostrar en las líneas que siguen.

¡Qué gozada vivir en esta España con tanta materia gris desparramada a raudales por doquier! Cuando el niño Julen, ingenieros a tutiplén. Los cuñaos desde las barras de los bares, ahora no, ahora desde las redes sociales, muchos daban lecciones de ingeniería de montes, de minas, de puentes y caminos. Hagamos un inciso. El asunto del niño Julen lo utilizaron algunos partidos políticos para lanzar consignas a la familia gritando que ese partido está con ellos, que no los olvida, como hizo el padre de Mari Luz, la niña de cinco años asesinada en 2008. “Julen, desde el pozo tan oscuro donde estés metido, el PP y España entera está contigo”, dijo en la convención del PP en la que defendía la presión permanente revisable. Y en el cenit del cinismo y desvergüenza los dirigentes de este partido, paradigma de patriotismo, acusan a otros partidos de “populistas”.

Cuando la exhumación de Franco, al oír las palabras tan contundentes y firmes de muchos españoles sobre el tema daban la impresión de ser catedráticos de Universidad de Historia de España. Hagamos otro inciso. En este tema se ha producido un hecho lamentable, del que son responsables algunas cadenas de televisión y de radio, y algunos medios, en su gran mayoría privados, ya que permitieron la presencia de portavoces de asociaciones franquistas, familiares de Franco y diferentes revisionistas históricos, o tertulianos indocumentados y tronitronantes, que han generado una inseguridad informativa en cuanto al conocimiento de nuestra historia. Parece que el ambiente de reyerta y planteamientos de encendida defensa del franquismo, fascismo puro y duro, y la negación de la realidad por parte de franquistas, buscados a conciencia por las Ana Rosa Quintana, Susana Griso o Iñaki López para sus programas en sus cadenas con motivo de la exhumación, aumentaban la audiencia y su lógica repercusión en las redes sociales. La audiencia es la audiencia. Por ende, un ciudadano normal sin conocimientos históricos de nuestro país que asistiera a un debate sobre la exhumación del Funeralísimo, así llamado por Rafael Alberti, inevitablemente llegaría a la conclusión de que el régimen de Franco fue un remanso de paz y que nos introdujo en el desarrollo económico, por lo que deberíamos estarle todos los españoles bien nacidos eternamente agradecidos. Como hizo en su primer discurso oficial como Rey, Juan Carlos I: “Una figura excepcional entra en la Historia, con respeto y gratitud quiero recordar su figura. Es de pueblos grandes y nobles saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio”. Lo grave no solo es la falsificación de la historia, sino que también el encrespamiento de la sociedad por este periodismo de trincheras. En todos los debates estaba presente el paradigma de la profesionalidad ética del periodismo: Eduardo Inda. Y en estos programas no han participado determinados historiadores como Ángel Viñas,  Julián Casanova, Francisco Espinosa o Helen Graham, no sé si porque no fueron invitados o porque estos rehusaron la invitación para no debatir con personajes sin ninguna solvencia académica. Lo cual está plenamente justificado. No obstante, me parecen muy oportunas las palabras de Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia, que ganó el Premio Nacional de Historia por su ‘Isabel II. Una biografía (1830-1904)’, el mejor libro de Historia escrito en el 2010: Creo que la presencia social de los historiadores en España no puede compararse con la de los franceses o, incluso, los ingleses y los alemanes. Puede ser culpa nuestra por no entrar, con excepciones, en los grandes debates, pero también de unos medios que no parecen respetar demasiado lo académico y optan más bien por afianzar esa figura tan chocante del “tertuliano” habitual. En lo que a nuestra responsabilidad se refiere, creo que deberíamos participar más de la conversación social a partir de lo que puede darnos de “autoridad” nuestra disciplina. A veces, incluso, entre los académicos se minusvalora esa función y se dice, con cierta condescendencia malévola, que fulanito o menganita es “muy mediático”. Debemos tomarnos en serio la función social de la historia y compaginar, en la medida de lo posible, la investigación de base con la alta divulgación y el debate”.

Ahora inmersos en una pandemia mundial, que está cerca ya de los 9 millones de contagios, en España los epidemiólogos doctorados, unos en Oxford y otros en Harvard, aparecen hasta debajo de las piedras. No hay aspecto de la enfermedad del Covid19 que sea desconocido para ellos. Saben dónde y cuándo apareció; cómo se transmite y cómo hay que combatirla. Es algo maravilloso. No me resisto a plantear unas preguntas. Si somos 47,1 millones de epidemiólogos, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Si todos sabíamos lo que se nos venía encima con días, semanas, incluso con meses de antelación, ¿por qué nadie avisó a las autoridades sanitarias para protegernos a todos? Si las autoridades sanitarias no tenían ni idea, ¿por qué no nos aprovisionamos por nuestra cuenta de mascarillas, epis, test, respiradores…? ¿Por qué no nos confinamos antes?  

¡Qué decir de los egregios y conspicuos economistas con todo tipo de soluciones para salir de la crisis social y económica actual y futura, aunque sea la más profunda en 100 años! Todos ellos seguro que han leído, subrayado y reflexionado Teoría general del empleo, el interés y el dinero de John Maynard Keynes, La gran trasformación de Karl Polanyi y El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Los mismos que critican el problema de la deuda pública, son ahora los que exigen al gobierno ayudas públicas para la industria del automóvil y del turismo. Eso sí, en el colmo del cinismo no quieren subida de impuestos a las grandes fortunas y las empresas del Ibex, cuyos beneficios se esconden en los Infiernos Fiscales.

Por ultimo, irrumpen ahora los expertos en temas educativos. Tienen ya resueltos todos los problemas de la escolarización no solo para el curso que viene y también para los venideros, sin que hayan pisado un aula desde sus tiempos de “universidad”. Si han asistido, porque algunos exclusivamente tienen el Graduado Escolar o en Secundaria. Y todos han sembrado la idea que el Ministerio de Educación cara el inicio del próximo curso escolar, cambia de opinión, rectifica, improvisa… Y esta idea ha calado en la sociedad. ¿Se puede tener una solución definitiva para una cuestión inestable y en gran parte desconocida?  Podría ocurrir que en las fechas previstas para el inicio del curso escolar estuviéramos de nuevo confinados. Vamos a ver, por favor, un poco de sentido común, naturalmente que hay que andar con pies de plomo, porque todo lo condiciona la evolución de la pandemia. A veces tengo la impresión de que algunos no se enteran de que en España estamos inmersos en una pandemia, que pone patas arriba la sanidad, la economía, la educación, etc. Yo, como docente de profesión con una larga trayectoria de 38 años, me tomo la licencia de exponer unas intrascendentes reflexiones cara el inicio del próximo curso escolar, por supuesto, sin cuestionar las opiniones de estos egregios y conspicuos conciudadanos. Yo no soy más que un profesor de secundaria de la especialidad de Geografía e Historia. Ahí van. Cara el próximo curso escolar, de entrada, hay que conciliar dos derechos fundamentales, el de la salud y el de educación. El de salud afecta directamente al alumnado y al profesorado, mucho de este, sobre todo, en las ciudades, de una edad ya madura, rozando la edad de riesgo. Y también a la familia y al resto de la sociedad. ¿Cuál es más importante? Además, está el tema de la conciliación laboral. Muchos padres lo tienen muy complicado, a no ser recurriendo a los abuelos, que están también en edad de riesgo. En los Centros, hay que salvaguardar las condiciones de salud, siendo muy distintas en Infantil, Primaria y Secundaria. Para ello, será imprescindible más personal de limpieza, sanitario-como un ATS según el tamaño del Centro- y de profesorado. Que nunca será el suficiente. Seguro. ¿Cómo hay que organizar el transporte escolar, los comedores, los recreos y las actividades extraescolares? Habrá que preparar nuevos espacios, en el caso de que los haya, ante la posible disminución de las ratios. Si hay que compaginar la enseñanza presencial y on line, habrá que preparar los Centros y al alumnado con el adecuado equipamiento. No hay que olvidar que determinados alumnos por sus condiciones familiares no disponen de él. Por supuesto también formación del profesorado para esta nueva modalidad de enseñanza. Y se deberían incrementar los equipos de orientación ante esta situación que ha tenido que afectar emocionalmente al alumnado.  Los Equipos Directivos de los Centros tendrán un trabajo arduo, para aplicar la normativa de carácter sanitario y la organización de la tarea docente, que será distinta a la de los cursos escolares anteriores. Si yo fuera Director de un Centro estaría profundamente preocupado. Si en mi Centro irrumpe un rebrote, ¿un padre o un profesor podrá recurrir ante la justicia aduciendo que no se han cumplido determinadas normas de protección de la salud o que no han sido las adecuadas? Conociendo la justicia española, a mí me preocupa. En caso de una sentencia condenatoria, ¿quién será el responsable?  ? ¿Tiene alguien en algún cajón un manual de instrucciones para abordar de una manera completa y definitiva el inicio del curso escolar en esta situación tan excepcional? Por favor, que lo saque, porque de profetas del ayer están las tumbas llenas. Como también de los que aciertan las quinielas los lunes.

Voy a ser un poco brusco. Esto es acojonante. Nada nuevo bajo el sol, el académico, Francisco Ayala ya nos advirtió: «El español acostumbra a creer que lo sabe todo. Lo más sospechoso es que nadie se sorprende de tal desfachatez». En esta España nuestra se podría aplicar aquello del maestro Ciruela: no sabía leer y puso escuela. O como dijo muy bien Antonio Machado: “Los que están siempre de vuelta de todo, son los que nunca han ido a ninguna parte”.

Cándido Marquesán

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